XANADU 19

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viernes, 13 de febrero de 2015

Balance del año




2014 fue un año de mucho trabajo para mí; por fortuna. Desde enero que ilustré el guión de Magnus “Invierno”, previsto para los Fondos Concursables, pero que por haber ganado los dos años previos no fue al concurso y se optó por  publicarlo en la revista digital Plan H.

Marlene, guión de E. Ardito y dibujos de W. Gezzio.Primera aventura publicada en la revista digital Plan H.

El detective Almendros publicado en el semanario 7n.

Viviana y Yamandú de Enrique Ardito, guión y lápices. Tinta, texto y grisado W. Gezzio, publicada semanalmente en 7n.


Mis colaboraciones semanales en el semanario El Eco de Palmira, Carmelo y Colonia, ya por más de 50 años.

Revista digital, tapa, coordinación y armado W. Gezzio
Revista digital, tapa Gonzalo Palmer. Coordinación y armado W. Gezzio
    Con guión de Endriago Castillo y Magnus, dibujé otra aventura (la segunda) de "El Búho", que se publicó en la revista digital Gas Comics.
    Mantuve el espacio en el "Semanario 7n", publicando historietas con mi personaje “El detective Almendros”.
Durante todo el año colaboré en el semanario "El Eco de Palmira, Carmelo y Colonia", como lo hago desde hace más de 50 años, lo que me mantiene unido a mi ciudad natal Nueva Palmira.
Con Enrique Ardito realizamos una charla sobre sus personajes "Viviana y Yamandú", recordativa de su época en el diario La República, en "Montevideo Comic 2014".
     Y revivimos la tira impresa "Viviana y Yamandú", que se empezó a publicar en el "Semanario 7n".
Enrique en el guión y el lápiz, mientras yo lo entinté, aplicándole efectos de grises y el texto y lo mandaba a la editora.Desgraciadamente, a fin de año, el semanario dió el alerta que cerraba. Los impresos en papel son cosa del pasado.
Como hace varios años, los colegas de "La Duendes Patagónica" subieron mis historietas en su blog, semanalmente, las 100 páginasa del primer "Santos Cruz", más otros personajes fueron desfilando es ese magnífico Blog argentino.

Y con el guión de Rodolfo Santullo, segui dibujando hasta finalizar la novela grafica de Santos Cruz, de 64 páginas que se subió semanalmente al blog "Marche un cuadrito".
    Comencé a publicar en la nueva revista de humor impresa en papel: Punto GG (sucesora de Guambia) llegando al noveno número al finalizar el año, pero la revista sigue al firme en los kioscos.

Colaboré con la revista digital Plan H en sus números digitales, con historietas rearmadas: como el caso de Nicolás Parletti y El Escurridizo y con un nuevo personaje: Marlene, guionado por Enrique Ardito, además de la historieta guionada por Magnus.
    Armé dos números en formato digital de mi revista Balazo, que están para descargar gratis; y también formé otro equipo para seguir con este proyecto, aprovechando internet,  está en descarga gratuita.Empezamos a recopilar material para el 2, número que saldrá en 2015.

martes, 18 de junio de 2013

Memorias desde mi caballete



Los años dorados



Como ya comenté en un post anterior, mi pasión por pintar corría junto al del dibujo que en aquellos años estudiaba en La Escuela Panamericana de Arte sus cursos por correspondencia. Junto a dos amigos de mi infancia: Ramón Alvarez y Alfredo Della Santa, intercambiábamos información sobre los grandes pintores, sus obras, sus técnicas y así nos nutríamos del arte, hurgando en la vieja biblioteca del pueblo y comprando, cuando se podía, “La Pinacoteca de los Genios” que nos ponía delante de nuestros ojos, el colorido y la belleza de los cuadros de los grandes maestros. Eso nos incentivaba a pintar. En los ratos libres, los fines de semana, o de noche, alumbrado con  pálidas lámparas (lo que era contraproducente porque nos cambiaba el color) pintábamos y soñábamos en exponer algún día. Pero ¿dónde? Si en nuestro alejado pueblo no teníamos una galería ni un local que vendiera cuadros. ¡Entonces se nos ocurrió algo! Buscaríamos un lugar y haríamos una exposición. Fuímos a hablar con el director del Liceo, ya que sabíamos que tenía como hobby la pintura y le planteamos la idea: una expo al fin de los cursos para que no interfiriera con las clases y por supuesto contábamos con sus cuadros para engalanar la muestra.
Aceptó inmediatamente porque los tres lo habíamos tenido de maestro y profesor en la Primaria y Secundaria y sabía quiénes éramos.
Entonces nos abocamos a preparar más pinturas, porque a pesar que todos teníamos cuadros pintados, nos parecía que debíamos dar más para la primera EXPO.
Lo primero que pinté fue mi caballo, ya que lo tenía en mi casa y aprovechando una foto de una laguna, la utilicé como fondo. Mi cuadro mostraba el caballo cruzando una laguna poco profunda, chapaleando agua. Como no tenía tela, lo pinté sobre cartón al que preparé una imprimación. Uno de mis amigos, Alfredo, cuyo padre tenía un taller, hacía sus propios bastidores y telas, por lo que, pagándole unos pocos pesos por el material, me hizo tres cuadros, uno de los cuales lo empleé en pintar a mi madre. Todavía la recuerdo, adormeciéndose y preguntando si faltaba mucho, porque tenía que hacer las cosas de la casa. Cuando lo vio terminado no quedó muy satisfecha. Me dijo que no se le parecía, aunque yo creo que sí y hoy siento que no lo tenga, porque cuando hice la imprimación para la tela, usé mucha cola de pescado que cuando se secó, dobló el bastidor porque la madera era de sauce sin haberse completado su secado. No pude exponerlo y al final quedó en un galpón contra la pared.
Un accidente arenoso
Pero el caso más sonado (y que recuerdo con mucha bronca por lo perdido) fue cuando fui a pintar un paisaje directamente del natural. En los alrededores de mi pueblo, por aquellos años cuando todavía los silos de las multinacionales y las cerveceras no se habían instalados, había muchos lugares casi salvajes con mucha vegetación junto al río Uruguay, y la flora se veía al lado de los caminos, junto a hermosos y canoros pájaros. Daba ganas de pintarlo todo. Un sábado por la tarde, junto a mi amigo Della Santa, con nuestros pinceles, pomos de óleos y demás implementos, salimos rumbo al campo. Yo en mi bicicleta y él en su motito.
Nos metimos en un campo, cerca de una laguna, desde donde se veía el río a la distancia. La tarde muy soleada con blancas nubes que pasaban lentamente daba una completa composición para hacer un buen cuadro, así que ni lerdos ni perezosos, cada quién se puso a la tarea. Había que pintar rápido, a “la prima” porque todavía las tardes eran de poca luz y en pocas horas, oscurecería. El resultado de mi pintura me satisfizo porque logré lo que buscaba: un paisaje con árboles, el cielo con algunas nubes y a la distancia el río, que brillaba con el reflejo del sol. Así que esperé que mi amigo diera los últimos toques a su cuadro y juntando todo, monté en la bicicleta y rumbeamos para el pueblo.
Allá todas las calles eran de tierra, y en algunos lugares para tapar pozos, habían volcado arena de la playa y como yo llevaba mi cuadro colgando al costado de la bicicleta, los rayos de la rueda trasera volaban la arena del camino que iba directo a pegarse a la pintura fresca.
Sólo al llegar a mi casa me dí cuenta que estaba todo estropeado mi pequeña obra de arte, así que no tuve más remedio que tirarla porque ya no servía par nada, solo el bastidor que lo utilicé para aplicarle otro lienzo y volver a pintar otro motivo. Los temas con paisajes los volví a pintar muchos años después tomando todas las providencias. Como vivo en la capital, cada vez que viajo a mi ciudad tomo fotos que luego las uso como modelos para mis cuadros. Así estoy seguro que la arena no me perjudicará más ningún cuadro.

Una mancha en mi carrera de pintor…
Ya instalado en la capital montevideana, vivía en un cuarto de pensión junto a dos amigos de mi pueblo y allí dibujaba para El Día de los Niños, Pilán y Al Rojo Vivo. Como no tenía lugar para colocar una mesa de dibujo, lo hacía en la mesita de luz que me había tocado en suerte, y cuando la dueña de la pensión me lo permitía, en la mesa del comedor, hasta que a eso de las 16 hs. debía dejar todo limpio porque se levantaban de su siesta, con sus 4 nietos bulliciosos. Un día, uno de mis amigos me dijo que se había enterado que una agencia de viajes realizaba un "Concurso de Pintura" y que se cerraba al día siguiente, a las 10 de la mañana, que por qué no lo intentaba, que era una oportunidad y el premio era en metálico…hasta que me convenció, porque lo que más escaseaba en mis alforjas era el metálico. Había que llevar un cuadro en cualquier soporte, de un tamaño más bien grande y el tema era a elección del pintor. Como yo me había dedicado enteramente al dibujo de ilustraciones e historietas, no tenía ni óleos ni caballete para realizar un cuadro en menos de 24 horas, así que conseguí un gran papel blanco; lo clavé por sus bordes en una de las paredes y arremetí con los pinceles y tintas aguadas, mientras mis amigos me daban confianza ( o me tomaban el pelo?) de que estaba haciendo una obra de arte. Entre cuentos, vino y algo para picar, se hizo la madrugada y el ¿cuadro? quedó terminado. Eran manchas como de personas caminando agachadas en la penumbra de la ciudad. Toda una metáfora. Al otro día, alguien me despertó diciéndome que me apurara a llevar la pintura que faltaba poco para la hora de cierre. Por suerte la agencia estaba a apocas cuadras de la pensión, así que me fui a pié con el papel enrollado, lo que me despejó bastante el fuerte dolor de cabeza. Cuando llegué a la oficina, una adormilada secretaria me preguntó qué quería. Le dije que iba para intervenir en el concurso. Me señaló la pared donde había una cantidad de bastidores entelados con sus respectivas pinturas, diciéndome que lo dejara allí y que le diera mis datos.
Luego de llenar un formulario, me dijo que me llamarían o que, en caso de no salir favorecido, pasara a buscar “mi pintura” en 15 días, ya que después no sabría lo que harían con ellas.
Por supuesto que nunca me llamaron y yo no pasé jamás por la agencia, tampoco me enteré quién ganó dicho concurso, pero desde ese día, traté de volver a pintar en lienzo o en tablas apropiadas para la pintura al óleo y sin abusar del vino.
Un pedido singular
Como todos los días, me hacía un tiempito para pintar, cuando vino mi concuñado a casa. Cuando vio lo que estaba pintando, me preguntó si podía hacerle unos 4 o seis cuadros con motivos de puertos, lo que respondí que sí, que me diera tiempo y se los tendría listos. Me preguntó el precio y nos pusimos de acuerdo.
Encaré el trabajo con mucha ilusión, porque me permitía complementar mis entradas de dinero con lo que hacía para el diario "El Día" y "Charoná", ya que en mi casa habían dos niños, luego vendría el tercero, así que al cabo de un mes, terminé los cuadros y llamé a mi concuñado. Le gustaron mucho y me dijo que al dueño le iban a encantar. Creyendo que me los había comprado para él, le pregunté ¿qué dueño?
-El de la funeraria de Martinelli- me dijo, donde yo trabajo. Le dije a mi patrón que vos eras pintor y enseguida me pidió unas telas con temas portuarios para sus salas velatorias...
Nunca más ví aquellos cuadros, pero jamás pensé en tener una "sala" de exposiciones de esa naturaleza.
Pour la galerie
Por el 2000, una amiga de mi señora que trabajaba en una galería de arte me dijo si quería poner mis cuadros a la venta. Yo tenía unos 20 y a gran tamaño, que me ocupaban espacio en mi altillo y acepté llevárselos. Tuve que pagar un taxi que me cobró más por el tamaño de los cuadros, y me atendió la dueña de la galería , que además de esa "galería"  en la calle Tristán Narvaja, tenía otra en Punta del Este, pero no entendía nada. Por supuesto que no me conocía y por lo visto, la amiga de mi señora no le había dicho nada sobre mí, pero viendo que yo me estaba ofuscando, me dijo: -Póngalos contra aquella pared. Los veré y en unos días le aviso.Déjeme su teléfono...
Cuando le comenté el lío a la amiga de mi señora, me juró que le había hablado de mí y que le pidió que le llevara los cuadros que los pondría en venta...
Pasaron  unos meses  y como no recibí ninguna llamada de la dueña de la galería, fuí hasta allá. Me atendió otra empleada. Me presenté y le dije que quería hablar con la dueña. Me respondió que andaba de viaje por Europa y volvería la próxima semana. Entonces le pedí que me devolviera mis cuadros que me los llevaría de vuelta. Al principio se negó a dármelos, porque ella no me conocía, entonces descubrí arrecostados contra la pared mis cuadros embalados tal cual los había dejados, meses atrás. Como había puesto mi nombre y dirección  en el paquete, la empleada me los entregó. Tuve que pagar de nuevo un taxi más el extra y los cuadros volvieron a mi altillo.Ah, la "galerista" se llama Zira Guichón. 

domingo, 26 de agosto de 2012

Memorias desde mi tablero



Por 1978 

La década de 1970 es mi preferida. Ya estaba establecido en mi profesión, dibujaba para el diario El Día y sus suplementos: “El Día de los Niños” y el “Suplemento Familiar”, y me había encargado del indiecito Charoná, que además de escribir y dibujar sus aventuras, pintaba las tapas de la revista, agregando alguna ilustración histórica en notas interiores. Al promediar la década, fundé con varios colegas la Escuela Uruguaya de Arte (ya comentada en post anterior), me contrataron en la Intendencia Municipal de Montevideo en la Sección Arte, donde estuve por   33 años compartiendo oficina con mi entrañable amigo Carlos M. Federici.                                                                                                                                                

 Los personajes que había impuesto son esos que se 
muestran en la foto: “Pepe Ñandú y el mono Fosforito”, 
“Bombón” y “Charoná”.


lunes, 9 de julio de 2012

Memorias desde mi tablero


"Estado de Humor"
Marzo de 1979

En el diario El Día
Intentar algo distinto en aquél diario tan “estructurado”, era perder el tiempo y recibir un ¡no! como respuesta, así que luego de haber estado publicando mi cartoon de Humornautas en la página de historietas unos años antes, ya había logrado satisfacer parte de mis deseos, pero; a pesar de que todas las semanas publicaba mis dibujos en “El Día de los Niños”, quería algo más.
No recuerdo cómo se me ocurrió hacer un par de bocetos con chistes y tiras humorísticas en el verano de 1979. Armé un proyecto de una página tamaño diario (era del tipo “sábana”), llena de cartoons, chistes escritos y tiras, donde invitaría a mis colegas a integrarla, siempre y cuando lograra sacar algo de dinero.
Solicité la correspondiente cita al gerente (era el contador Franzini),cuya secretaria, luego de decirme que era casi imposible que me recibiera por la cantidad de obligaciones que tenía para hacer, me pidió que le dejara el proyecto, que ya me avisaría. Así que me largué escaleras abajo con el ánimo por el piso previendo un negativo resultado. Proponer una página de humor en un diario que no se caracterizaba por tenerlo precisamente…¿En qué estaría pensando cuando se me ocurrió tal despropósito?


(En 1970 ,71/72 publiqué mi cartoon "Humornautas" en la página de historietas de El Día)

Un par de días después, en la noche que estaba trabajando en la redacción me avisan que tengo una llamada telefónica. Atiendo y era…la señorita secretaria del gerente que me daba la cita para las 3 de la tarde del día siguiente.
La misma señorita me abrió la enorme puerta del despacho del gerente que estaba sentado detrás de un amplio escritorio, pero lucía muy prolijo e iluminado por la luz diurna. Dicho despacho estaba en el segundo piso, con altos ventanales a la Avenida 18 de julio, y grandes cortinados, aunque todo tenía una pátina de antiguo. Y ceremonioso.
Me senté frente al contador, luego que éste me diera la mano mostrando una sonrisa casi natural, lo que me infundió tranquilidad, bajando la velocidad de mi pulso.
-Explíqueme qué es esto, señor Gezzio- me dijo abriendo la carpeta que le había dejado con mi proyecto.
Argumenté que un diario con la llegada a toda la familia debería tener humor dibujado y además con chistes cortos par ser leídos rápidamente, de lo que el diario carecía. 
Mi idea era una página semanal y sería echa exclusivamente para el matutino por mí y otros de los dibujantes del Día de los Niños. No les saldría muy caro, podría cobrarlo como tiempo extra…Y varias cosas más que ya no recuerdo.
El hombre tenía mi proyecto en sus manos y lo miraba sin mirarme.
Y me largó el proyectil directo:
-“ Nosotros ya tenemos una página de historietas donde  ya publicó, los domingos está el "Tarzán" en el suplemento sepia, Ud. ya dibuja historietas en el “de los niños”, además de chistes políticos y la ilustración del pié de tapa del diario y algunas caricaturas. ¿No le parece bastante?”

Le respondí que no era mucho lo que hacía porque era solo una vez por semana, el resto lo hacía mi colega Rivera y que esta página sería algo muy novedoso para el diario y que si había que cambiar algo, que me lo dijera.
Y me lo dijo: 
-En primer lugar, tenga cuidado con los chistes, que sean para toda la familia y los dibujos también, en segundo lugar, no le puedo dar una página, las necesito para la publicidad. Esto es gasto y no estamos para gastar. Y en último lugar, como Ud. ya tiene un suelo por los dibujos que haga en esta empresa, no le puedo pagar más, así que si lo hace será sin costo para el diario. Piénselo y se lo comunica a mi secretaria…
Se levantó estendiéndome la mano para despedirme, lo que me hizo cometer una de las tantas estupideces que hice casi siempre con estos mefistofélicos y rápidos personajes (Por eso son gerentes y yo dibujante).

Muestra de algunos cartoons de "Humornautas" de 1971.

En mi mente no quería perder la oportunidad de dibujar aunque más no fuera una media página de humor así que le largué mi agradecimiento, diciéndole que aceptaba que me diera el espacio y que no le cobraría dicho trabajo, pero si se conseguía publicidad que me diera algo a futuro.
Volvió a sentarse, tomó de nuevo li proyecto y me preguntó: 
-¿Y cómo le ponemos?
-Estado de humor…
-Mmm, estado de humor…puede ser. Lo tengo que consultar. Está bien, saldrá los sábados que está bastante flojo y veremos qué pasa…Le comunico al jefe de redacción. Buenas tardes.
-Pero, yo traigo los textos escritos a máquina y los dibujos…-creo que le dije.
-Entregue todo los viernes de noche en la sección armado. Ahora tenemos una nueva máquina titulera y hay que aprovecharla.( El diario empezaba a incorporar cambios tecnológicos)
Salí contento aun sabiendo que había hecho un pésimo negocio, por el contrario, no tendría ningún beneficio salvo el de hacer algo que quería. Después vendría lo de explicarle a mi señora que eso era parte de mi carrera, que cuanto más publicara sería beneficioso para mi currículum (¿...?) ya que por esos años todavía estaba formándome en este triste, gris y ajeno Montevideo…
Luego que se publicó la primera media página, fueron varios los que se sorprendieron que había logrado meter humor en ese diario. 
Una de las varias páginas que hice de "Estado de Humor". Adelantándome a los comentarios, reconozco que los chistes son sosos por las razones ya expuestas.

Algunos me felicitaron, otros me dijeron: ¿Con Franzini hiciste el negocio? Poco te va a durar, te lo digo como amigo…
En la semana me daba una vuelta por la feria de Tristán Narvaja donde conseguía revistas de humor, luego elegía los chistes, le daba una vuelta para que “colaran” en este medio y agregaba los de mi cosecha propia. Luego hacía los dibujos y los viernes llevaba todo con un boceto previo de cómo quería que aparecieran las cosas en el armado final.
Me quedaba hasta que salía la primer copia para corregirla y así hasta que una noche, estando en mi pequeño escritorio de redacción, me dicen que tengo una llamada telefónica. Era la señorita secretaria del gerente que me comunicaba que no mandara más la página desde la próxima semana.
No sentí nada. Lo que quería lo había conseguido y ya estaba hecho. Casi que había pagado por publicar. Demás está decir que el señor Franzini no me atendió ni me dio ninguna explicación de por qué- aunque no le costaba nada al diario,- levantó la página. 
Así se actuaba en un diario tan vertical como ese.

martes, 21 de febrero de 2012

Memorias desde mi tablero


 Mi paso por el diario La República
Capítulo 2 y último
Sabores y Sinsabores de un dibujante de tiras diarias.

Me cansé de ser políticamente correcto y escribir las verdades a medias. Estoy contento de que me echaran de La República. Volví a la calma y la angustia quedó atrás, por ese trabajo mal pagado y poco y nada considerado. Ahora me doy cuenta que nunca debí aceptar el ofrecimiento que me hizo Fasano, cuando una noche del 2005 me llamó porque Ardito ya no podía seguir por su enfermedad en su brazo. 
Cuando me dijo lo que me podía pagar, casi le cuelgo el teléfono, pero pudo más mi interés en el dibujo y regateamos un rato, me pedía que la escribiera, la dibujara y la pintara todo por una miseria de pesos…”No puedo pagarle más porque es un diario popular…pobre…nosotros no lucramos…bla.blá.blableta. Le dije que el guión debía pagarlo aparte porque yo no lo iba a hacer. Me recordó a mi amigo Cortazzo, con el que ya habíamos hecho una historieta de “Viviana y Yamandú” y me ofreció $ 1.000 más para el guionista. Le retruqué que con ese poco dinero nadie iba a ponerse  a escribir, pero me envolvió con que me ponía en caja, con los derechos incluídos, etc. etc. Y acepté.
Era un miércoles y la tira debía publicarse ese domingo ¿Cómo cornos no me dí cuenta que no iba poder hacer dos tiras diarias por tan poco dinero? Lo llamé a Cortazzo y por supuesto que no aceptó. Entonces me ví solo frente al problema. En dos días escribí un primer guión como para unas 30 tiras y empecé a dibujar, con mi método de trabajo que no era conveniente para este fin, porque me baso en modelos (mi hijo mayor tuvo que posar infinidad de veces) y saco fotos de la ciudad donde transcurre la acción, porque no me gustan las historietas con fondos blancos o apenas bosquejados. Entre tanto tenía otros trabajos que ya los venía haciendo: chistes para Guambia y las historietas y tapas de Charoná. Con la ayuda de mi hijo que coloreaba las tiras, empecé a publicar.
Después fui a hablar con el gerente para ajustar lo hablado con Fasano:
-“¿Ponerlo en caja? ¿Tendríamos que pagarle salario vacacional, el aguinaldo y la sociedad?  Imposible, entendió mal, Gezzio. Lo que tengo es un contrato a dos años que se renovará sin necesidad de volver a firmarlo” “Los días 5, sin falta. Cobrará en ventanilla, lo estipulado”
Y caí como un reverendo estúpido. Firmé un papel sin membrete y sin firma de abogado o escribano y los cinco de cada mes, cuando llamaba por teléfono, el cántico se repetía como una letanía: “llame mañana, hoy no hay nada para Ud.”
Así completé el primer año. Hasta que me enfermé y caí en cama, pero la historieta debía seguir, así que dibujaba desde la cama, se la pasaba a mi hijo que la coloreaba y la enviaba por Internet. Entonces llamé a Fasano explicándole mi situación y si podía aumentarme algunos pesos, además de pedirle un día libre en la semana.
Su contestación fue que era imposible darme un peso de aumento porque el diario estaba muy mal económicamente, no me podía dar un día libre porque ¿qué ponía en la página de historietas? No podía dejar un retángulo en blanco, había que contemplar a los lectores. La tanada se me subió a la cabeza y le levanté la voz  porque no había cumplido con lo acordado por teléfono cuando me llamó por primera vez, lo de ponerme en caja y esas cosas. Sentí que se ofendió y le pasó el teléfono al gerente que quiso ponerme paños de agua fría, pero entonces me la agarré con él y le recriminé que tampoco habían cumplido con los pagos. Hubo meses en que me demoraron el pago por 15 días, luego de hacer miles de llamadas desde mi teléfono.
Cuando empezó a decirme lo mismo que me había dicho el Two face, exploté y le contesté: “si el mes que viene no cobro el 5, agarrá el lápiz y empezá a dibujar porque yo no les dibujo más”. Y colgué.
Durante unos meses me pagaron los 5, a veces los 6 o los 9, hasta que volvimos a lo anterior. Largas esperas en la administración del diario por hasta 5 o 7 horas a que llegara el dinero y poder cobrar. Y los años pasaron y nunca me aumentaron un peso, a pesar que le envié varios email, solicitándoles aumento. Ni me los contestaron. Entonces decidí renunciar. Estaba harto. Veía la tira en blanco sobre mi tablero y me daban ganas de romperla en pedazos.
Pero empezaba a dibujar los primeros cuadritos y con música suave, más un tranquilizante recetado por mi médico, volvía a dibujar esos personajes ajenos que con el tiempo empecé a querer. Reconozco que nunca pude dar con la historia justa para esos personajes, por dos razones: primero: no los había creado yo, eran de Ardito y él le había inventado un carácter a cada uno que yo desconocía porque pocas veces leí una historia completa, salvo las que nos llevaba a Federici y a mí para que viéramos lo que estaba haciendo. Además tenemos estilos muy diferentes. Los años le dieron una línea blanda que me gusta y que va bien con la tira de Viviana. Tiene muy buen dominio de los guiones, del suspenso…
Pero yo voy por otro lado. Vengo de una escuela clásica con predominio del claro oscuro y los guiones me cuestan mucho cuando los personajes no son míos.
El clima del diario seguía enrareciéndose, por suerte yo mandaba las tiras por Internet y solo iba cuando me decían que estaba el dinero para cobrar: una vez al mes. Creo que si hubiese  tenido que ir más seguido, habría renunciado años antes.
Intenté hablar por teléfono con Fasano, pero no me atendió nunca más. Estaba siempre en reunión. Evidentemente me evitaba, así que apunté hacia su gerente, que también “recién salió” “ahora no puede atenderlo porque está reunido” “o se fue de licencia por 20 días y no sabemos cuándo vuelve”
De vuelta, los acribillé por email. Tal vez como llegaban, los eliminaban porque nunca nadie me contestó.
Hasta que una noche (las pocas llamadas de los capitostes se hacen de noche porque generan dudas y angustia en el otro, así se sienten con más poder) me llama el gerente para avisarme que me van a pasar a Agadu y que allí se nos pagará en adelante.
Quedábamos 3 de los 6 dibujantes uruguayos (Arbiza, Troche y Hornes ya los habían pasado al destierro) y debimos firmar nuevos contratos, pero el mío tenía el mismo precio que cuando arreglamos por primera vez. No me habían aumentado ni un centésimo en 6 años! Estuve por levantarme y salir a tomar aire y volver a mi casa, pero…siempre me puede el dibujo y dejo el dinero en segundo plano (así me fue siempre y hoy ya viejo, no tengo ni para cambiar esta lenta pc).
Pero creyendo que esa “asociación de prestigio” nos iba a garantizar el trabajo y el cobro en fecha, firmé y me fui a casa a dibujar la tira.
Del año que estuve, los tres primeros meses cobré en fecha. Después se repitió la odisea. Llamadas que no surtían efecto. Dinero que no llegó…que mañana…que el diario no depositó…qué calentura! Y así había que seguir dibujando, porque si me demoraba una hora, ya me llamaban del diario, de la fotomecánica, a ver porqué no había enviado la tira.
Y al final, nos descartaron casi sin avisarnos: el nuevo encargado pasó las tiras a blanco y negro (¡sin avisar!) la mía la achicó más aún, lo que debía optar por poner texto o achicar el dibujo o viceversa. Como les mandé 4 email, nos llamó para decirnos los cambios que se venían: las tiras humorísticas (de Ardito y Checho) seguían igual, pero la de “Viviana” debería reducirla a una sola tira (durante 23 años había salido de a dos) porque él creía que lo mejor era una página de entretenimientos y juegos, más el crucigrama y el horóscopo. Las tiras ya habían cumplido un ciclo y él había estado en varios diarios y sabía mucho del tema, así que punto en boca.
Yo le pedí que me avisara con tiempo, la tira me llevaba un esfuerzo considerable incrementado por el tiempo que la venía haciendo. Me prometió que me avisaría a los dos días.
A los dos días había rebanado la tira 1 centímetro de altura sin preveer la reducción, apretándola y deformándola. Llamé al diario para pedir explicaciones, pero “no me podía atender” porque estaba en una “reunión”.
Entonces le volví a escribir a Fasano, evitando el tema de dinero, argumentando la antigüedad de la tira y de lo mal que se veía, y que de esa forma yo no la iba a hacer más. Fasano no me contestó, pero parece que habló con el “nuevo” cráneo editor ya que al otro día me llamaron para que me presentara en su oficina, donde me recibió con cara de pocos amigos: tenía el tupé de enojarse cuando el culpable era él.
Porqué había acudido a Fasano antes que a él, ya que me había dicho que la tira iba a quedar en una sola y blá, blá, blá,blablableta!
Luego de un largo intercambio de opiniones sin levantar la voz, me prometió que la tira no se iba a tocar, pero que seguiría en blanco y negro junto a las otras dos de humor.
Odio los tipejos que te dan una palmada en el hombre y te acogotan con la otra mano.
A los pocos días nos avisaron que sacaban la página de historietas. Me quedaron debiendo casi tres meses y hasta Agadu se lavó las manos porque ¡ay! “no podemos hacer nada” jodete si sos dibujante en uruguay, la culpa es tuya por haber nacido en un país donde solo le sirve a la maldita politica y sus adlátares y  los demás que se jodan, que se las arreglen como puedan. Además, ¿quién te mandó dibujar en un país donde casi no hay diarios ni revistas, donde un pintamonas es un tipo que “mirá qué lindo que dibuja, pero para qué te sirve, te dá de comer acaso?”…no, perdoname, es un hobby que tengo, de loco nomás…
  

domingo, 19 de febrero de 2012

Memorias desde mi tablero.


 Mi paso por el diario La República
Capítulo 1
Sabores y Sinsabores de un dibujante de tiras diarias.

La historia comenzó en la segunda mitad de los 80 del siglo pasado, yo estaba en mi estudio que lo tenía en Zabala y Sarandí cuando me llamaron de la redacción de Guambia, porque querían que fuera, pues Antonio Dabezies, el director de la revista quería hablarme personalmente.
En ese momento no tenía mucho trabajo así que allá fui. Antonio me dijo que una persona buscaba historietistas del tipo de dibujo que hacía yo. 
Como él me había recomendado sin consultarme, por eso me había llamado.Me dijo también –y no se me prendió ninguna luz de alarma- que de los dibujantes que publicaban en Guambia, y que eran muchos, nadie quería hacer tiras. Quién buscaba dibujantes planeaba sacar un diario, estaba radicado en México pero había venido a Montevideo para empezar el proyecto. 
Era Federico Fasano quien me esperaba en el bar, debajo de donde se hacía la revista Guambia, en 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez. Enfundado en un costoso traje oscuro, recuerdo que lucía un bigote finito y tenía una valija negra que había apoyado sobre la mesa, llena de carpetas. 
Luego de las presentaciones (Antonio se fue) Fasano me dijo que quería publicar una página de tiras, hechas por dibujantes uruguayos y que me ofrecía una en especial para mí, pero con la condición que fueran dos tiras juntas, una arriba de la otra. Como al principio no entendí, me recalcó, una tira de dos pisos, para que el lector tuviera más para leer.
 Le dije que por el momento yo tenía mucho trabajo de ilustración (estaba haciendo los 8 libros de cuentos para niños de Horacio Quiroga) más  un cortometraje de dibujos animados al viejo estilo de animación cuadro a cuadro, pero si era para dentro de dos años, ya estaría libre. Me pidió que buscara más dibujantes para completar la página y se despidió cortésmente. Nunca me habló de costos. 
Yo no conocía aun a ese hombre.
Pasaron los dos años y un día un amigo me informa que Fasano se había instalado en un edificio de oficinas que están frente al edificio del diario El Día, que ya estaba cerrado, y que había puesto fecha de salida del nuevo diario, por lo que había que ir a hablar con el encargado de tomar personal. 
Recuerdo que por esos años yo dibujaba para Guambia, para Charoná, tenía mi estudio, daba clases de dibujo en un academia y trabajaba en la sección arte del municipio capitalino. No tenía ningunas ganas de hacer un dibujo más, pero se lo comenté a varios de los dibujantes que estaban en mi estudio. Dos fueron y los tomaron.
Cuando volvieron me decían por qué no iba yo también, ya que había lugar para unas tiras, sino iban a poner extranjeras.
Pasaron los días. Dos periodistas amigos fueron a verme, contentos de que iba a salir un nuevo diario, ya que era una fuente de trabajo y me convencieron que fuera, que no perdiera la oportunidad.
Según contaban, Fasano había puesto una fecha para terminar las entrevistas, así que fui el último día. 
Como seguía sin estar convencido, fui a eso de las siete de la tarde; me atendió el que sería el secretario de redacción. Cuando me presenté y le dije que dos años antes ya había hablado con Federico Fasano, me pidió que le dejara mi dirección y si había llevado tiras, porque el hombre estaba reunido con parte de su equipo, luego él le hablaría de mí.
Yo no había llevado ningun dibujo porque no sabía qué tema quería publicar Fasano, así que le dejé mi tarjeta de presentación y me fui, saludando al hombre que se veía demacrado y muy cansado.
Al otro día me dijeron que había renunciado luego de una discusión con Fasano, por lo que deduje que nunca le había hablado de que yo había estado allí. Me invadió una sensación de calma. 
Algo me decía que era lo mejor. Que siguiera con lo que ya tenía, que era mucho y me olvidara de publicar tiras diarias en ese diario.
A los pocos días salió La República a la calle. Era 1988. Los dos colegas amigos tenían sus tiras en la página de historietas, junto a otras que no logro recordar de quiénes eran. Algun memorioso me lo hará saber para completar este dossier.

martes, 11 de octubre de 2011

Memorias desde mi tablero


"El curioso caso del Diploma inesperado"

   Adosado a una pared , ya envejecido por el irrecuperable paso del tiempo, me trae lejanos recuerdos de lo que me costó conseguirlo: el viejo Diploma de la desaparecida Escuela Panamericana de Arte sigue en el marco que le compré hace más de 30 años, pero que lo protege de más deterioro.
  Era muy difícil por no decir imposible estudiar dibujo en mi juventud, porque yo vivía en un pueblo del interior del país y en la capital, salvo la eterna Continental School no tenían nada que me satisfaciera. 
  Desde mis diez años había enviado cupones a cuanta escuela por correspondencia aparecía en las revistas. Tuve muchos y coloridos folletos que me presagiaban un futuro de fama y fortuna y me mostraban hermosos dibujos realizados por verdaderos profesionales, pero los costos eran inalcanzables para nuestra economía familiar, además de la negativa contundente de mi padre que me señalaba otras profesiones más lucrativas y afín al vivir de nuestro pueblo: bancario, por ejemplo. Así que fue lo que estudié, junto con dactilografía, inglés y magisterio, ya que habían comenzado con un curso piloto y necesitaban maestros.
  Pero lo que más me  inquietó fue cuando me llegó el folleto de los “12 Famosos Artistas” de la Escuela Panamericana de Arte. Allí estaba lo mejor de lo mejor en dibujo de aquella época: Breccia, Pratt, Mottini, Dominguez, Roume, Borisoff, Albístur, Vieytes, Pereyra, Freixas, Menna, Bayón, dibujantes e ilustradores que veía en las revistas que coleccionaba y que demostraban que no eran improvisados. Me decidí a estudiar su curso, costara lo que costara.  
  Así tuve que esperar a terminar el secundario, emplearme como administrativo para poder pagarme las cuotas que costaba el curso por correspondencia. Pero solo podía estudiar de noche, así que robándole horas al sueño, intenté entender lo que me explicaban aquellas hermosas lecciones.
Otro problema que se me planteó fue el conseguir los materiales, tanto el papel como la tinta china que en mi pueblo no tenían, y que como la Escuela vendía, hube de comprarles el material, además del libro de “El dibujo a través de 150 Famosos Artistas” y  el de “Hugo Pratt”, editados por la Escuela y haciendo un esfuerzo a mi ya paupérrima economía. Pero qué inmensa satisfacción me deparó aquellas lecturas y ver los dibujos de tantos y tan excelentes dibujantes. Me inspiraba a continuar estudiando en soledad.
  Para mi desgracia hubo un paro de correos que me hizo perder tiempo y el estudio se prolongó por 3 años, hasta que recibí el carné de calificaciones. Todas con 10 y una invitación a continuar Humorismo, pues según los profesores que vieron mis trabajos, yo tenía esa facilidad.
  Pero aun me faltaba algo: el Diploma, certificando los estudios realizados. Como el tiempo pasaba y no me llegaba, envié carta, lo que me contestaron que como yo aun debía cuotas, no me lo mandarían, pero sí podía comprarlo por una suma, lo que me humilló y desalentó, ya que consideré que me estaban estafando.
Junté todos los comprobantes de los giros y envié el listado a la Administración de la Escuela para que cotejaran mis pagos. En esos años los meses pasaban y había que hacerse de paciencia y esperar, no cabía otra cosa, así que esperé deseando que se aclarara el entuerto. 
  Al fin me llegó una escueta misiva, pidiéndome disculpas ya que habían constatado que todo estaba pago de mi parte y que en breve lapso me llegaría el Diploma, pero que debía abonar una suma más por el mismo, porque era una nueva imposición de la Administración. Salté como un elástico al verme otra vez herido en mi buena fe y volví a enviarles una larga carta recordándoles que cuando me había inscripto, en el folleto no decía nada de que el Diploma se cobrara. 
  Ya me habían aumentado las cuotas por razones del costo de vida (¿), que pagué sin regañar al igual que los distintos útiles que les había comprado, se encarecían mes a mes. Y mi sueldito no daba para absorber tantos aumentos. Invoqué el nombre de los Famosos, si ellos estaban enterados de lo que hacían con los alumnos del exterior…En fin, me salió la tanada y les envié frondosa e irritante carta. Muchos días pasaron sin ninguna señal, pero por fin, una mañana el cartero me entregó un sobre con el dichoso Diploma. ---_”Bueno, me dije, no todo está perdido, habían recapacitado y yo completado mi curso.”
  Al año siguiente fui a Buenos Aires y me presenté en la Escuela, pero ya no estaban los profesores más importantes, los que yo más admiraba. Igual me atendieron muy amablemente Guillermo Dowbley y otro señor que tenía una agencia publicitaria y que me dio una tarjeta recomendándome a Adolfo Mazzone –ex profesor fundador- que editaba una cantidad de revistas humorísticas con sus personajes y que me empezó a publicar mis primeros chistes. 
  Después Eduardo Ferro me dio cabida en la última etapa de Patoruzito. Y me fui a vivir al barrio de Pompeya, pero el ambiente político no era el mejor y era muy difícil conseguir publicar algo lo suficiente como para subsistir de la profesión, así que me vine para Montevideo y casi enseguida entré al diario El Día, donde además de mi carpeta con dibujos, hube de presentar el Diploma como justificación de haber cursado dibujo.
  Años después me sirvió para completar mi currícula en la Intendencia Municipal, donde me tomaron para la Sección Arte del Departamento de Prensa y Propaganda, y de allí me jubilé luego de 33 años. Por eso el Diploma está tan envejecido. El tiempo pasa y no solo para nosotros.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Memorias desde mi tablero

Un chiste , por favor
Impresora Polo estaba donde hoy se encuentra el diario La República, Garibaldi casi Montecaseros. Yo tenía mi oficina en el segundo piso, donde hacíamos “Patatín y Patatán” (1978), y al poco tiempo, se acondicionó otra oficina para una nueva revista: “Noticias”, que incluía reportajes, modas y actualidad, y que la dirigió la periodista  Marta Viale por un tiempo hasta que asumió Danilo Arbilla como su Director.
Una mañana coincidimos en el pasillo y me pidió si quería hacerle unos chistes dibujados porque iba a poner una página de humor. Así lo hice, pero solo algunos, porque “Patatín” me ocupaba demasiado de mi tiempo…


Experimento de estilo
Buscando nuevo estilo para mi dibujo humorístico, probé con éste de línea clara, entre Steimberg y Garaycochea, usando el seudónimo de Lito. Se publicaron en la etapa actual de Guambia (2005) y en Estado de Humor, mi revista.

Hechos, biografías dibujadas
Las biografías que ilustré para El Día de los Niños implicaban mucho esfuerzo porque debía documentarme mucho, leyendo libros y buscando información gráfica de ambientes y trajes, para que mis dibujos dieran la ilusión de la época en que se desarrollaron los hechos.
Esta es una biografía de Ettore Arcos Isidoro Bugatti, creador de la firma de automóviles que lleva su nombre, nació en Milán (Italia), un 15 de setiembre de 1881. Diseñó y construyó exquisitos modelos de coches que en el dia de hoy son joyas casi innacesibles para el bolsillo de cualquiera.
La técnica para cada dibujo la elegía según el tema a ilustrar. En este caso: primero pluma y luego pincel para reforzar el claroscuro, con agregado de retículas autoadhesivas.






Las ilustraciones para "Copérnico" fueron hechas casi completamente al “golpe de pluma”, técnica muy usada por ilustradores americanos de comienzos del siglo 20 y aunque no conseguí las plumas especiales Guillots, me las arreglé con plumines y las clásicas “cucharitas” (school). Hay algo hecho con pincel fino también.Y el lettering lo hice con un estilógrafo mecánico "rotring" Nº 0,3, muy práctico para el dibujo humorístico pero no tanto para el dibujo "serio". No da variedad en la línea, lo que sí se consigue con la pluma o el pincel.






Suplemento de humor de El Diario: La Pulga
Conocí a Antonio Ceti en su oficina en el diario de la noche. Impecablemente vestido, su melena blanca bien peinado y un don de gente que le infundía un carisma y hombría de bien. Yo seguía las audiciones “La Pensión 64” y “Los Risatómicos” que se trasmitían desde radio Carve y me gustaban mucho, por eso cuando en Guambia me dijeron que Ceti buscaba dibujantes para el suplemento humorístico “La Pulga” de El Diario no lo pensé dos veces y me fui a su encuentro. Me llamó la atención que Ceti ya me conociera, bueno, yo ya hacía años que publicaba, por lo que llegamos a un acuerdo rápidamente. Como tenía una larga lista de dibujantes, debía elegir semana a semana, los dibujos a publicar, por eso, nos colocaba uno o dos por número, así éramos varios los que integramos el staff. Después se retiró de la empresa para dedicarse a su radio FM Inolvidable desde Las Piedras. Lo volví a ver y a conversar con él, cuando coincidimos en Minas en 2000, ese día el Museo del Humor y la Historieta me daba un premio a mi carrera de dibujante y a él se lo dieron como humorista. 


miércoles, 9 de junio de 2010

Memorias desde mi tablero

Las vivencias acumuladas como dibujante profesional en este querido Montevideo no me llenan de orgullo si pienso en las malas ondas que he debido aguantar, pero debo ser honesto y asimilar las muchas buenas que me han mantenido sin declinar y por las que todavía sigo, por eso y para que los “futuros dibujantes” no crean que todo fue fácil para alguien como el que escribe van algunas, antes “que se me olviden”…

Un dibujante de rancio abolengo
Un día me llamó José Lupinacci que era director de publicaciones del diario El País, para ver si yo quería hacer las caricaturas, porque el dibujante que las hacía :Arotxarena, se iba de licencia a EE.UU por un mes y él, Lupinacci, había pensado en mí. Además de El País, serían para Mundo Color, por lo que debía ir de mañana y  por las noches.
Yo ya no trabajaba para El Día, por lo que acepté y así fue que durante ese mes hice caricaturas de todo los personajes que me pidieron. El sueldo era bueno y me sirvió para arreglar algunas cuentas que siempre fueron compañeras inseparables de mi existencia.
Hasta que una mañana, al llegar a ocupar la mesa de dibujo y aprontarme para hacer la tarea diaria, se acercó el secretario de redacción y me dijo: “Gezzio, hoy no te toca. Volvió Arotxa”. Tomé mis cosas, me despedí de todos y al bajar estaba un joven de rala barba parado en la puerta del diario al que reconocí. Me le acerqué, estirando mi mano para saludarle: “¿Qué tal, Arotxa? Soy Gezzio. Estuve haciendo tu suplencia y espero haberte cubierto bien” …El tipo volteó el rostro hacia otro lado y no me dio ni cinco de pelota. Me dí cuenta que era una “mega estrella del dibujo” con abolengo y prosapia, y que no iba a dignarse a hablar con un simple manchapapeles de cero estirpe y me alejé de allí, agradeciendo la “deferencia” que había tenido ese “colega” para conmigo., ya que me hizo conocerle bien.

Por hacerme el gracioso
En las noches que me tocaron trabajar en el diario El País, me asignaron a la sección deportes, porque querían que además de alguna caricatura deportiva, retocara las fotos, dibujando la dirección de la pelota cuando se hizo el gol o el esquema de una jugada. Un trabajito fulero, pero es parte de lo que un dibujante debe hacer en este país si quiere vivir del dibujo, así que lo hice.
Cuando llegué al sector me atendió el diagramador- un tipo macanudo que me puso al tanto de todo y me consiguió sitio donde dibujar. Interinamente estaba Jorge Savia como jefe de página, pero casi a los quince días de estar yendo todas las noches, apareció el verdadero encargado de la página que era  Juan Miraglia. Se paró al costado de mi mesa y mirándome con el ceño fruncido, dijo: “Así que Ud. Es Gezzio, que se hace el gracioso en ese pasquín de Guambia. ¡Muy bonito!” y se fue.
El diagramador que había escuchado todo, me dijo:”No le hagas caso. Es así. Calentón, pero después se le pasa”…
“¡Pero a mí no!- le respondí y agarrando mis cosas me fui del diario y no volví más. Ni siquiera a cobrar esos quince días de trabajo.

Una mosca en la leche colorada
Hacía poco tiempo que estaba trabajando en El Día, cuando una noche coincidí en el ascensor con el presidente del Consejo Editorial: don Eduardo Acevedo que me saludó gentilmente y enseguida me hizo la pregunta inesperada:
-¿Cómo entró a El Día, señor Gezzio?
Como vio que no le entendí, la amplió:
-Quiero decir, por cual político…¿de la 14 o de la 15?
-Yo vine con mi carpeta llena de muestras. Además estuve un mes  prueba junto a Rivera y después quedé, señor…-le contesté.
-Lo felicito- me dijo y me dio la mano- Debe ser uno de los pocos sino el único que entró por sus méritos. Siga así. Y se bajó del ascensor sonriendo.

Cuidado, Caen en paracaídas
Cuantos más dibujos hacía, más podía cobrar y por aquellos años, con hijos chicos, alquiler, comidas y boletos que pagar, había que dejar la timidez a un lado y enfrentar a quien fuera para ofrecer mis dibujos. La página deportiva del diario El Día la dirigía Ricardo Lombardo que tenía un carácter huraño, pero lo enfrenté y le ofrecí caricaturas y dibujos. Me dijo que no acostumbraba a publicar nada que no fueran fotos, además ya contaba con Rivera que era el dibujante estable del diario. Insistí y me  dijo que lo viera el domingo, después de los partidos. Así lo hice. Me dijo que dibujara un chiste que se le había ocurrido a él, que lo dibujara y  se lo llevara. Al rato lo tuvo sobre su escritorio. Le gustó y me dijo que lo iba a publicar. Le pregunté si podía seguir así.
-“Veame el próximo domingo, a ver si tengo algo”- me dijo, y así, domingo a domingo me daba una vuelta por su escritorio donde me decía qué quería que dibujara. Mis dibujos salían los lunes en la sección deportes.
Pero un domingo, Lombardo me dijo que no tenía nada para mí, porque ya la página estaba completa. Al otro día, cuando la ví, habían unas caricaturas de un nuevo dibujante: Guerrero, que me dijeron había sido promocionado por Pepe Batlle, lo que me dejaba afuera y sin derecho a reclamo. Las caricaturas eran buenas, muy diferentes a las que yo hacía y el tipo quedó instalado. Lo mismo me pasó con el suplemento de Economía dirigido por Faroppa y Lombardo hijo, con el que yo colaboraba desde hacía unos tres años. Me dijeron que tenían órdenes “de arriba” de publicar lo del nuevo. Y yo, por suerte todavía tenía “El día de los niños”, pero un día, el director del suplemento nos llamó a Rivera y a mí y nos dijo que como éramos los más veteranos, casi fundadores de la revista, nos consultaba porque había recibido órdenes de publicarle al nuevo. Nos negamos rotundamente, amenazando con irnos. El director entonces envió una carta, donde explicaba que tenía el staff completo (además de nosotros, estaban Lemos, Barreto y Cristina Cristar), y que no era necesario otro dibujante.Después que me despidieron, pudo entrar al suplemento y hacer hasta tapas que fueron siempre realizadas por Rivera y que cada vez que le hago recordar se agarra flor de bronca.

Pepito Grillo
Yo dibujé para El Dedo, invitado por Antonio Dabezies que había juntado a todos los dibujantes del medio. Mis dibujos se referían a hermosas mujeres en actitudes chistosas. Pero Cazalás hizo una historieta donde caricaturizó a Pepe Batlle y le puso Pepe Grillo, lo que ofuscó al subsodicho. Alguien de sus alcahuetes le dijo que ese dibujo era hecho por mí y me mandó llamar. Me negué a ir porque yo no tenía nada que ver. Le hice ver al que me trajo la orden que ese no era mi estilo, que lo cotejara con el de las chicas y que además estaban firmado por mi. Me mandó decir que yo era exclusivo de El Día y que no podía dibujar en ese pasquín.Le contesté que yo era un profesional y que dibujaría donde me pagaran y que si quería exclusividad me aumentara el sueldo.
Entonces me llamó el gerente César Clivio (con quién ya había tenido un entredicho por un dibujo que había hecho de él y que después contaré), pidiéndome que hiciera un aviso a toda página para el diario (buscaba una excusa valedera y caí como un chorlito), le contesté que yo era dibujante ilustrador, que los avisos venían armados de las agencias, además el diario tenía un sector expecializado en avisos.
-¿Te estás negando a una orden de la gerencia? –me gritó desde el otro lado del teléfono y me colgó.
A la semana, cuando llegué a marcar l reloj se me adelantó un compañero y me dijo: 
-¡No marques, estás en la lista de los que enviaron al seguro de paro!
Incrédulo subí a la redacción para averiguar porqué me enviaban al seguro, si yo tenía mucho trabajo en El Día de los Niños y además en el propio diario.
Uno me dijo hablando por lo bajo: Pepito está caliente porque lo dibujaste en El Dedo y no te la perdona, además le contestaste mal al gerente. Subí al despacho y pediles perdón…
Mi sangre italiana hervía a borbotones, ¡Pedirles perdón! ¿por qué? No eran mis amos y yo siempre me consideré libre y “orejano”-así me fue-.
Cuando iba a tomar el ascensor, me encuentro con Guerrero (Hogue) que me preguntó que pensaba hacer ¡si ya sabía todo!
Le contesté que no le iba a pedir perdón a nadie por algo que no había hecho. Pero él también había publicado en la revista y firmado, entonces le retruqué -¿y vos que va a hacer?
-Mi señora espera familia. Yo no puedo dejar el diario. Yo voy a ir a hablar con Pepito…  
Después él quedó en El día de los Niños que yo dejé y también hizo los dibujos en el diario que yo hice durante 18 años.
Cuando encaré al Jefe de Personal, le pregunté porqué me fletaban. Y por cuánto tiempo.
Me dijo que había poco trabajo (primera mentira, había y mucho) y que debía esperar hasta fin de año, ahí se revería el caso y que tal vez me tomaran de nuevo. Entonces le contesté que quería un despido pago por los 18 años o armaría un buen lío. Me pagaron religiosamente en seis cuotas y allí terminó mi paso por El Día, ya lleno de termitas que iban socavando los cimientos de lo que fue uno de los más grandes diarios de este país.

martes, 5 de enero de 2010

MEMORIAS DESDE MI TABLERO

El deseo más persistente en mi adolescencia era que al recibirme de dibujante, poder publicar una tira con un personaje de mi creación, como los que tanto admiraba de los dibujantes extranjeros: “Terry y los piratas” de Milton Caniff, “El corazón de Juliet Jones” de Stan Drake  y Capplin, “Steve Roper and Mike Nomad” de Saunders y Woggon  , “Tarzán” de Russ Manning,”Kerry Drake” de Alfred Andriola, Big Ben Bolt, de John Cullen Murphy, y por estos pagos “Vito Nervio” de Breccia y Wadel, que aunque no era en tiras, tenía sus características porque Breccia lo dibujaba en tiras y luego en la editorial hacían el montaje a 4 por página.
Estábamos en 1963, vivía en mi ciudad Nueva Palmira y ya tenía mi diploma de la Escuela Panamericana de Arte  y con un amigo de la infancia (mi primo Omar De los Santos)que le gustaba mucho la historieta, pero carecía del don del dibujo pero sí del guión, hicimos nuestro primer avance en las tiras.

Fase 1: El primer encargo
Mi amigo tenía unos conocidos en Seusa (La Mañana y El Diario que publicaba un suplemento semanal de historietas, sindicado, por supuesto)  concretó una entrevista, a la que asistimos y nos atendió el secretario de redacción (un reconocido escritor cuyo nombre me reservo).
Yo había dibujado unas 25 tiras a tamaño americano: 25 por 50 cms, en blanco y negro de una historia que se basaba en los problemas juveniles ocurridos en una clase de un liceo. Luego de barajar muchas posibilidades nos habíamos inclinado por este tema, intentando llegar al público adolescente; después nos enteramos que es el que menos lee historietas…
Al ver las tiras, aquél hombre de cabello ya cano y grandes lentes, quedó muy interesado y nos dijo que a pesar que la empresa ya compraba material sindicado, habíamos llegado en el momento justo para presentar una tira completamente uruguaya.
¡Era increíble con la seguridad que nos lo dijo, pero…había que buscar otro tema más interesante, más atractivo, que el directorio de la empresa no dudara y nos contratara! Y se fue, volviendo al rato con la colección del mes de uno de los diarios de la empresa y nos lo puso delante:¡ese era el tema! ¡la tira debía tratar sobre el gran robo al tren de Londres que había ocurrido hacía poco y nosotros podríamos imaginar que los tipos venían escapando a Punta del Este, etc, etc!” Mi amigo le dijo que él podía escribir el guión si le daba algunos diarios y cuánto tiempo necesitábamos para llevarle las primeras tiras: “Tienen un mes, pero deberíamos contar con unas 60 tiras por lo menos porque así el diario no se queda sin material y como ustedes viven tan lejos” (Nueva Palmira, mi ciudad está a 275 kms.de Montevideo, pero en los 60´s estábamos en China!) Ni se habló de dinero. Lo más importante estaba “logrado”…
Y nos fuímos.
Entre mareados y contentos. La parte más compleja era la mía que tenía que dibujar dos tiras diarias y de noche, porque de día trabajaba en un comercio como auxiliar administrativo para ayudar en mi casa, pero era lo que había deseado y me propuse hacerlo.
Mi primo se quedó en Montevideo, estudiando y semanalmente me enviaba por correo los guiones, fotos y recortes de lo que se publicaba en los diarios y además seguía manteniendo un diálogo telefónico con aquél señor canoso de lentes, tan amable que nos había “abierto las puertas a la fama”.
El personaje principal de la tira era un escritor uruguayo: Richard D, que iba narrando los sucesos acaecidos en la lejana Inglaterra y el robo del siglo.

Fase 2 La ilusión marchitada
Cuando tuve las primeras 20, vine a mostrárselas al amable secretario de redacción, quién quedó encantado y aumentó mis ilusiones al felicitarme por los dibujos, y decirle a mi primo que el guión estaba “muy interesante”.
De vuelta a mi casa, “metí pluma y pincel” para adelantar lo más posible y cuando anduve por las 50 volví a Montevideo. Ya imaginaba mi tira al pié de página de uno de aquellos diarios. Lo demás vendría solo.
Al hombre amable tuvimos que esperarlo como tres horas aquella mañana. Justo ese dia entraba más tarde y a pesar que mi amigo le había comunicado por telefono que íbamos a ir, se hizo esperar. Me pidió que le dejara todas las tiras y que nos contestaria en dos días y que yo terminara las 10 restantes, a lo que le respondí que ya habia gastado en material, viajes y además, cada vez que venía a Montevideo, me descontaban el día en mi trabajo. Que me asegurara cuánto íbamos a cobrar. El amable señor nos dijo que no nos preocupáramos que con el solo hecho de publicar en tan importante diario, estaríamos pagos, entonces mi primo lo encaró y le dijo que no nos tomara el pelo, que el trabajo debía tener un precio y que gratis no íbamos a trabajar. Nosotros ya habíamos tenido demasiados gastos y aun no veíamos un peso. El amable señor insistió en que no nos preocupáramos y que dentro de unos días, tendríamos la contestación. Me volví a mi ciudad y seguí dibujando las tiras que faltaban, esperando ansiosamente que pasaran los días para saber que pasaba. Esa semana pasó como todas, sin novedad. En mi casa no había teléfono y mi primo, que quedó en Montevideo tampoco tenía como para llamarle.

Fase 3: Triste y previsible final
Al fin, a la semana y media llegó una carta de mi primo que me contaba lo que yo ya intuía: todo había sido rechazado. El amable señor no se hizo cargo del pedido que nos había hecho, que nosotros lo malinterpretamos porque después de todo, la empresa "ya compraba material al sindicato que casi se lo regalaban", y que "no iban a publicar a dos ilustres desconocidos".
Fue un lamentable comienzo como dibujante uruguayo de tiras de historietas y que se repitió muchas veces en mi carrera. Si no hubiese tenido tan claro mi deseo de ganarme la vida como dibujante, - por la ausencia de un sindicato que me protegiera como trabajador, además de la falta de escrúpulos de algunos editores o gerentes con los que me he “topado”-, habría seguido los consejos de mi padre:
-”estudiá como bancario que como dibujante te vas a morir de hambre”…
Addenda: No puedo mostrar aquellas tiras porque el tiempo me las devoró en tantas mudanzas que he hecho y se esfumaron en sus nieblas...pero estaban bien dibujadas, a pesar de ser un dibujante uruguayo que recién empezaba.Mi primo De los Santos también siguió por otros derroteros, viajando y publicando cuentos cortos y algún guión que le permitía pagarse el pasaje. Hoy nos reímos de aquellos días en que soñábamos con la fama. ¡Já, fama para dos uruguayos ilusos! ¡Mai più!