XANADU 19

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viernes, 24 de mayo de 2013

Quimera reloaded 2013


Después de varios años de hibernar, apareció la nueva Quimera con 48 páginas, gracias a los impulsos inclaudicables de Enrique Ardito y un acotado grupo de personas que le acompañaron, sacándole tiempo a su tiempo y poniendo ganas y dinero para lograr una muy buena revista: tapas y retiraciones a todo color, las internas en blanco y negro, en muy buen papel y bien impresas, lo que la diferencia de las primeras que se publicaron en el diario La República.Mi colaboración fue con tres páginas de historieta, de una adaptación que realizó Gustavo Cortazzo con un cuento de Mauricio Dekker.






sábado, 8 de septiembre de 2012

Revista de Viviana y Yamandú (6)

Con estas tiras diarias comenzó mi larga relación con el diario por siete años. A pedido de varios amigos que querían leer las historietas dibujadas por mí  (las de Ardito las pueden ver en su Facebook diariamente) es que hice esta recopilación en revista digital, como las anteriores que guionaron Cortazzo y Ardito.
Fue con esta historia "Disparen sobre el inspector" que me encargué de los guiones y el dibujo; el color lo aplicó mi hijo Marcelo.
Ya es historia pasada por eso es que las subo y en un formato que se puede leer directamente en la red o descargarlo gratuitamente desde el sitio:
http://issuu.com/williamgezzio/docs/viviana_y_yamand__6/1

Como adelanto van unas páginas y la carátula. 

















sábado, 14 de julio de 2012

El detective Almendros N º 1

Al fin el valiente detective tiene su revista propia. Por ahora es una recopilación de sus aventuras,
 pronto vendrán las nuevas que estoy dibujando.


Desde este link podrán leerla y descargarla gratuitamente.

martes, 10 de julio de 2012

Viviana y Yamandú

Recopilación de tiras  de estos personajes, publicados 
en el diario La República, en formato revista.


Pueden leerla y descargarla gratuitamente desde este enlace:

viernes, 29 de junio de 2012

Revistas digitales

"Estado de Humor"
Como ya escribí en un post anterior, he estado realizando revistas de variadas temáticas, pero me frenaba su distribución y escasas posibilidades de venta, pero ahora que encontré la forma de pasarlas a archivos digitales las pongo a disposición de todos mis amigos que gusten de este tipo de revistas. 
No tienen que gastar un peso, y hasta pueden descargarlas desde el enlace que tiene cada una.  
Yo las hice  porque me gusta y espero que lo sepan apreciar.

Estado de Humor
 Nº 1


Estado de Humor
 Nº 2


Estado de Humor
 Nº 3

sábado, 23 de junio de 2012

Xanadú Nº 3

Revistas Digitales

Archivos que me habían quedado grabados desde hace años, los he rescatado porque son parte de la clásica historieta que supimos hacer varios colegas y yo, y que tuvieron poca difusión.
Descontando que la nueva generación nunca los vio es que los pongo en este nuevo formato que lo hace más práctico, sin costo para el usuario y que los muestra a más personas de las que llegarían impresas en papel.

Para leerla y/o descargarla:



martes, 19 de junio de 2012

Revistas de historietas

Desde
             mi época escolar es que hago revistas de historietas. Llenaba mis cuadernos con dibujos a lápiz y los pintaba con lo que tuviera a mano, acuarelas o lápices de color.
Hasta que conocí el método del hectógrafo, con el que se podía serializar una publicación.
Era costoso y demandaba mucho esfuerzo, porque después de hacer todas las historietas, había que repasarlas con una tinta especial para ese fin y con pluma del tipo cucharita, para luego "imprimirla" en la masa gelatinosa previamente hecha con ingredientes comprados en la farmacia (esencia de cola de pescado o algo así) y colocarlo en una asadera hasta que tomara una consistencia como para sacar hasta 10 copias.
Más no se
               podía porque la tinta ensuciaba la gelatina y las hojas y había que realizar el proceso nuevamente, o sea volver a ejecutar toda la receta hasta lograr nuevamente la gelatina pronta para imprimir una nueva hoja de la revista., hasta completar unas 10 páginas porque más ya no era negocio. Luego se engrampaban y tenía pronta la edición para venderla a mis sufridos amigos.
Al pasar los años y meterme en las imprentas aprendí el negocio desde adentro de las editoriales y así saqué un par de libros y revistas de variados contenidos, generalmente a pedido de otros y cuando juntaba algun dinero como para "tirarlo", mis propias revistas: Bombón, Estado de Humor, Humornautas, Orsai, Lengua Larga...
Hasta que el
               bajón económico de fines del siglo pasado me hizo optar por una cooperativa de amigos, dibujantes y guionistas con la que hicimos "Balazo" y que llegamos hasta el noveno número, todo un éxito para la historieta clásica uruguaya, pero un fracaso económico.
Pero después que la cooperativa se desmembró, cada uno por su lado, mantuve intacto mi afición y seguí haciendo revistas que me quedaron guardadas en cds, hasta ahora que encontré cómo "publicarlas" en línea.
Y Xanadú 
                fue una de las revistas donde junté material de mis amigos y míos, con los que hice dos números y hay dos más en preparación.
Pueden verla y leerla y hasta descargarla, desde este link:
Xanadú 1

viernes, 23 de julio de 2010

Memorias desde mi tablero

Mi "paso" por Mundo Uruguayo
La época del sesenta del siglo pasado era muy estéril en revistas o lugares donde publicar algo, como para comer todos los días y pagarme la pensión. Hacía poco que estaba en El Día y el cobro era magro, por lo que empecé a recorrer las oficinas de los otros diarios, pero ya todos tenían el personal estable: uno o dos dibujantes que hacían de todo: desde una caricatura hasta un aviso. Y cuando decía que ya estaba en El Día se terminaba la entrevista. No se acostumbraba a trabajar en diarios de la competencia, uno era del que lo tomaba y no podía dibujar para otro, esa era la excusa repetida que escuchaba. Salvo en La Mañana donde al Dr. Blengio Brito no le importó ya que necesitaba un historietista para el suplemento Pilán que publicaba el diario y así nació mi primera historieta cómica gauchesca: “Gauchito”. Pero el pago seguía siendo poco, así que seguí buscando hasta llegar a otra revista ya centenaria: Mundo Uruguayo que se imprimía en huecograbado en los talleres que tenía El Día en la calle Piedra Alta y La Paz. Una mañana llegué hasta esos galpones y pedí hablar con el director o quién fuera el encargado de arte. El moreno portero me dijo que subiera una pequeña escalera y preguntara por Pablo Bodó, director en esos años finales de dicha publicación. Así lo hice y luego de esperar un rato en la soledad de una atestada oficina, apareció un hombrecito de ceño fruncido y muy nervioso que me increpó para qué estaba yo allí.
Cuando le mostré los dibujos, me dijo que ya tenían un dibujante que ilustraba todo: José Rivera. Le dije que lo conocía porque hacía un tiempo estaba trabajando junto a él en la Redacción del diario. Entonces fue hasta una carpeta, sacó dos hojas mecanografiadas y me las dio, diciendo: -“¡Hágame dos ilustraciones de este cuento y tráigamelo!...Además me dio una revista de Mundo Uruguayo de la semana y desapareció, dejándome solo con el papel en la mano.
En la tarde leí y releí el cuento –un tema romántico ocurrido en algún lugar de Europa, por lo que tuve que buscar información sobre los vestidos, e hice los dos dibujos pedidos. Le agregué una aguada uniforme para darle un toque de gris, ya que lo hice a la pluma y había visto que la revista, al ser impresa en “hueco” permitía esos tonos.
Al otro día, temprano le llevé los dibujos, pero el portero me dijo que el señor Bodó iba solo dos días por semana y ese día no estaba, así que le dejara el material que él se lo entregaría “cuando lo viera”. Los metió en un sobre a lo que le pedí que le pusiera mi nombre, para que me recordara. El portero me dijo al despedirme: -“Venga el miércoles de la semana que viene que ese día el “arma” la revista…Y me fui bastante desilusionado, pensando que el sobre se podía extraviar, qué pensaría el fulano, en fin como que había sido un trabajo en vano.
Pasó la semana y el miércoles por la mañana volví al “galpón”. Al verme el portero me sonrió y señalándome l escalera me dijo: Está arriba, pero apúrese porque está por irse…
El hombre me miró sobre sus lentes, semiapoyado en un viejo escritorio lleno de papeles y me dio un ejemplar de Mundo Uruguayo recién salido de la imprenta:
¡Tome, fíjese en las páginas tal y tal!
¡Allí estaban mis dibujos publicados y a dos colores: lo habían virado al rojo y al azul y a pesar de la rara mezcla, para mí estaban hermosos!
-No sabía que los iba a publicar- le dije- pensé que eran de muestras…
-Las muestras ya las vi cuando vino la semana pasada ¿no? Tome este otro y hágame una ilustración porque tengo poco espacio en el próximo…
Gracias- balbuceé- ¿Y ésto como se paga?
En ningún momento había hablado de pagarme los dibujos ni cuánto, por eso mi inquietud.
-Cuando vuelva con el próximo dibujo, le doy un vale que lo cobrará en la ventanilla, en la caja del diario.
Y así fue. No pude hacer muchos dibujos porque para ahorrar, el director usaba ilustraciones que “tomaba” de revistas americanas, pero creo que el hombre se apiadó de un joven dibujante y vio el hambre en mi cara para darme algunos trabajos. Creo que ese fue el último año que se publicó aquella revista. Había cumplido un ciclo y la directiva de El Día tenía una serie de suplementos en preparación: “El Día de los Niños” entre ellos, que hicieron historia en la prensa uruguaya.   

viernes, 23 de abril de 2010

Mis peripecias como editor




El editor improvisado
De chico siempre llenaba mis cuadernos de la escuela con historietas, generalmente humorísticas que era lo que más fácil me salía. Las “serias” las copiaba de las revistas argentinas o mexicanas, generalmente de vaqueros que eran las que más me gustaban. 



Las dibujaba a lápiz, porque tinta no había y pluma, las clásicas “cucharitas” que no podía usar porque eran para hacer los deberes. De pincel ni hablar.
Martes
Cuando estuve en el liceo, conocí el hectógrafo, que se hacía en un recipiente rectángular- generalmente en una fuente pedida a mi madre, se le ponía gelatina de pescado derretida a “baño maría” y que permitía hacer hasta 12 copias de un dibujo, por medio de una tinta especial previamente refilando el dibujo.
Así, junto a mi primo Jorge Tatto, que me ayudaba para comprar las cosas, hice mi primer revista de tirada titulada: “Martes”, llena de chistes gráficos y “notas jocosas”. Jorge, que además escribía algunos cuentos, la vendía en el Liceo y con lo recaudado, lo invertíamos en la próxima “revista”. Pero un profesor, -siempre hay uno- luego de leer el segundo número,  la censuró por un cuento de alto contenido “erótico” –según él. Y no nos permtieron venderla más en el liceo. La “empresa” debió cerrar por falta de lectores.


Otro tanteo editorial…
Cuando ya fui profesional, trabajando el El Día, intenté de nuevo hacer una revista con todas las de la ley. Escribí los guiones de las historietas. Llamé a un joven dibujante y amigo: Angel Rueco, que dibujaba “Carozo y semilla” en Charoná y le gustó la idea. Cobraría algo si la revista vendía. Pedí una historieta que se publicaba en El Día de los Niños, con guiones de Eduardo Ferrer (Lfante) y dibujada por José Rivera: “Paloma y Pequitas”.Rivera, generoso amigo enseguida me dio unos originales. Cuando consulté a distintas imprentas lo que me costaría la impresión, opté por dejar de lado el “negocio editorial”. Era demasiado gasto para un dibujante que recién empezaba y con lo poco que cobraba no podía gastar en un sueño loco.

Mi primer revista de verdad: Bombón.
Pasaron los años y yo ya tenía a Bombón con mucha publicidad, gracias a El Día de los Niños. Hablé con Cristina Cristar, colega del suplemento, quien enseguida aceptó integrar una sociedad para sacar la revista y después con Walter Lemos, otro de los dibujantes del suplemento, para ilustrar “El desierto”, un cuento adaptado de Horacio Quiroga.
La registré según marca la ley y me dieron crédito en una imprenta donde me conocían por mis dibujos. Tuve una reunión con los distribuidores, por lo que madrugué porque estaban desde las 5 de la mañana en la distribuidora, pero tal vez por mi juventud o falta de experiencia me encararon con mala onda, diciéndome que para hacer una revista, primero tenía que haber “hablado con ellos, porque ellos sí sabían cómo hacer una revista” y que tenía que dejarla en consignación, que después me avisarían cuando pasaría a cobrar las ventas. Ni chisté porque uno de ellos, portaba un arma en su cinto, que se la ví cuando movió el saco, para sacar su tarjeta de visita… Esa mañana anduve mirando por los quioscos del centro pero sólo la ví colgada en uno de la calle Cuareim. Entonces fui a otro donde tampoco estaba colgada, y le pregunté al quioskero por qué no ponía mi revista a la vista del público. Me contestó que la revista, además de ser uruguaya, tenía color “solo en las tapas”. Adentro era en blanco y negro y tomando una mexicana de las que había por montones me remató: -“Mire, ésta está a todo color. Vale menos que la suya y tiene superhéroes. Esto casi no se vende.¿Cómo se va a vender la suya?”.
-Pero si ud. no la exhibe, cómo se va a enterar la gente que está a la venta? y si la revista es cara, es porque me sale cara imprimirla, ­-le contesté ya caliente, pero el hombre tenía razón. Era imposible hacer una revista con los costos de impresión que tenía, además el distribuidor se quedaba con el 50 % del precio de tapa. Para ser claro: trabajaba para otros que estaban sentados esperando que un gil como uno se le ocurriera sacar una revistita para chuparle la poca sangre que le quedaba. Pero ese sigue siendo el sistema de distribución e impresión en nuestro país, así que “boca chiusa” porque se ofenden si le decís algo y te marcan de por vida.Con lo dicho, queda claro que la revista feneció rápidamente, dejándome el primer sabor amargo como editor frustrado. A pesar de todo y gracias a unos pocos avisos que pude conseguir, pagué los costos de la imprenta.

El semanario Orsai
Como nunca me amilané, -uno de mis tantos errores- al pasar los años volví a la carga con otra, pero ésta ya estaba en la calle: era el semanario cómico deportivo “Orsai”, dirigido por Jorge Pasculi y con el que yo colaboraba. Pasculi tenía su oficina al lado de mi estudio y me dijo que quería largar Orsai porque iba a sacar otro semanario político: “Las Bases”. Le dije si quería vendérmelo que yo lo continuaba con todo los dibujantes que tenía. Llegamos a un arreglo y así seguí como dueño y director.
En las tapas rotaba a los dibujantes: ésta fue dibujada por Cibils,
 pero además hubo de Hornes, de Cazalás y mías...
 El semanario salía los martes con chistes sobre los partidos del fin de semana. Había que armarlo ¡ a mano!, escribirlo y dibujarloen la noche del domingo y llevarlo antes de las 6 de la mañana del lunes a la imprenta, para que estuviera pronto a últimas horas de la tarde. Así el camión de la distribuidora lo pasaba a buscar y el martes de madrugada se distribuía. Los distribuidores era Berriel padre y Martínez, aunque su hijo ya andaba por allí…
En Orsai "practicaba mucho el dibujo de la figura femenina.

Como fanático de las tiras, dediqué una página y cada dibujante publicaba su personaje, relativo al deporte por supuesto.
Como este semanario había salido del equipo de Guambia, con Dabezies como impulsor, tenía un tiraje que daba como para mantenerse, pagando a todos los colaboradores y a la imprenta. Publiqué 10 números y lo cerré, porque ya tenía otra publicación “in mente” que creía podía ser una “pegada”…

Lengua Larga
Los quioscos ofrecían material erótico importado y Dabezies había probado con la “Guambia verde” y parecía que después de una época oscura que debimos sufrir, el humor erótico podía funcionar. Yo no quería hacer una revista simplemente porno; mi idea era algo como “Rico Tipo” pero aggiornado, así que llamé a Roberto Bussero que era un buen periodista y me ayudó a armar el primer número. Invité a todos los dibujantes y periodistas que quisieran hacer algo y muchos se anotaron generosamente:
En dibujos: José Rivera, Alvaro Alcuri, Oscar Abín, Eduardo Hornes, Baltasar De Rosa, Rolando Salvatore, Eduardo Mayans, Daniel González, Leslie, Augusto, Jardím, Alvaro Osuna, Roberto González y yo. Con notas y cuentos: Roberto Bussero, Domínguez (Guruyense), Gerardo Graña, Juan C. Vivas y como fotógrafos Rómulo Prieto,Julio Amaral, Bolívar Marchelli y Juan M. García.

La revista arrancó bien en febrero de 1985, teniendo en cuenta que estaba Guambia, que aunque era de humor más político, varias veces intentó con los chistes eróticos y no anduvo muy bien como se esperaba.
Algunas tiras que dibujé para Lengua Larga.

Otra vez el problema fue que el costo de impresión era muy alto, además del porcentaje que había que dejar al distribuidor, casi no me quedaba para pagarles a todos por sus trabajos. Además estaba distrayendo mi tiempo como profesional y me atrasaba con mis clientes.
Una de las páginas centrales que hice para la revista con el tema recurrente...

Para colmo y para rematarlo, vino una orden del Ministerio de Cultura, (yo nunca ví esa orden), que había que ensobrar la revista: no se podía exponer a la vista del público, lo que hizo más difícil la venta, que cayó hasta que me dí cuenta que debía terminar con esa quijotada, porque el rojo se había apoderado de mi cuenta bancaria. Saqué un total de 10 números, uno de ellos de 64 páginas de 13,5 cm por 19  que fue un “especial de invierno”


Eroticomix

 Como ya que tenía crédito en la imprenta y consultando al distribuidor hice otra revista y entonces lancé: “Eroticomix”, historietas eróticas dibujadas por colegas que me acompañaron en mi último esfuerzo editorial: Enrique Ardito, Roberto González,Abín, Daniel González y Eduardo Hornes. Como centro coloqué una foto “levantada” de una revista extranjera de una modelo en pose más que erótica.
Recuerdo que me llamó el dueño de la imprenta para mostrarme las primeras pruebas y mirándome serio me dijo: -
“¿Está seguro de publicar esa foto? ¡Se la van a cerrar! ¿qué hago, sigo?
-¡Siga y enviélas al distribuidor- le dije- que yo me hago cargo.
Y me hice cargo. La revista era pequeña de aspecto: 13,5 cm por 19, aunque tenía 64 páginas, pero en blanco y negro. Solo el centro y las tapas estaban a color. Y por supuesto los quioskeros no le dieron el lugar que debía tener y apenas se vendió. Con lo que quedó, la rematamos en los ómnibus del interior y con eso llegué a pagar lo que debía. Entonces tomé la decisión de no meterme más a editor, preferí trabajar para otros y cobrar.
Pero el tipo es el único animal que se golpea dos veces con la misma piedra y yo fui ese animal. Después la sigo….