XANADU 19

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viernes, 25 de agosto de 2017

Dibujos para mi personaje SANTOS CRUZ.


Al comenzar la primera historieta de Santos, casi no tuve tiempo de hacer bocetos -siempre hago muchos hasta encontrar la definición de los personajes y también dibujo el medio donde transcurrirá la historia, además de elementos que usará el personaje o los demás. He contado que la historia me fue pedida completa (16 páginas) por Sergio Boffano (padre) para la revista que editaba en ese año; Andresito y, por expreso pedido de mi amigo y colega Eduardo Barreto habíamos ido a ofrecer historietas. Como yo tenía mis propios personajes publicándose en el suplemento del diario El Día, (¡y eran varios!) tenía uno en preparación de tema gauchesco que lo iba a colocar en dicho suplemento; lo había bautizado "Nazareno Lanza" y tenía dibujada tres páginas en blanco y negro más un proyecto de su primera aventura. Así que fue lo que le presenté a Boffano, explicándole que eran solo muestras de mi estilo gauchesco, ya que eran para El Día de los Niños.
-Yo quiero algo así para la revista. ¿Se anima a hacer otro personaje y me lo trae a fin de mes, así lo publico en la edición de noviembre ?- me dijo entusiasmado.
Por supuesto que me animé. En el ómnibus de vuelta a mi casa ya tenía la primera historia visualizada y luego, ya en mi tablero, boceté la cara de Santos, agregándole la barba que Nazareno no tenía. Pero el plazo de entrega eran de dos semanas y me había pedido 16 páginas. Como yo debía hacer semanalmente todos los dibujos que se me encargaban en El Día, más las historietas, guión y color también, le dije al director que no iba a seguir con Nazareno Lanza.
El tiempo que me insumió las primeras 16 páginas fue mucho, pero el resultado me gustó, y quien haya podido verlas en la edición que publicó Montevideo Comics coincidirá que hay mucho esfuerzo en ellas.
Lo que pasó luego cuando a los 20 días fuí a entregar las planchas a la revista ya es sabido. Habían cerrado, se veía venir, pero me encontré con Juan José Ravaioli que era el otro socio de Boffano que miró mis dibujos y me dijo que no me preocupara ya que al año siguiente, ellos publicarían Charoná y Santos Cruz iba a estar. Así que le dejé el material y me fuí al diario a seguir con mi trabajo.
Al otro año Santos empezó a publicarse semanalmente de a 2 páginas y cuando se terminaron las primeras 16, me siguieron pidiendo más, hasta llegar a las 100. Me encontraba cansado de escribir los episodios, dibujarlos y entregarlos en la imprenta personalmente, lo que me complicaba el trabajo con El Día de los Niños, además ya escribía y dibujaba Charoná, hacía las tapas y algún poster e ilustraciones históricas. Hablé con Boffano y le expliqué que continuaría con todo lo otro pero que a Santos no no iba a seguir haciendo. No quedó muy conforme porque- me lo dijo muchas veces- era un personaje que le gustaba y durante años me lo siguió pidiendo, pero no volví a dibujarlo más porque para mí ya estaba completo. (Aunque en 2015 hice 65 páginas que escribió mi amigo Rodolfo Santullo y que tengo guardadas para cuando se presente la ocasión de editarlas)


 






jueves, 18 de agosto de 2016

Un dibujante que ya no dibujará más.

Se ha ido en silencio mi amigo y colega: Héctor Reinna, siempre manteniendo un bajo perfil. Entrañable dibujante de la época dorada de la historieta, en ambas orillas del Río de la Plata. Cuando miles de revistas de todo tipo, abarrotaban los kioskos y la juventud de entonces soñaba con ser uno de esos dibujantes, Reinna llenaba páginas para las revistas de Torino y luego fue ayudante de un grande: Joao Motini.
A pesar de su edad, que ya pasaba los 80, seguía dibujando ayudado con la computadora y enviando sus dibujos muy originales al blog de la Duendes Historieta Patagónica. También enviaba a mi blog y a mis revistas, donde colaboró en mi revista Balazo, manteniendo una fluída correspondencia digital.Tal vez por haber sido un hombre modesto, casi nadie lo conozca, pero sí sería de justicia que los colegas argentinos le rindan el homenaje que se merece, tanto como a otros que también nos dejaron y fueron tan merecidamente encumbrados luego de su deceso.



domingo, 19 de febrero de 2012

Del arcón de los recuerdos


Inauguración de la 1era. Muestra de Historietas Uruguayas
El 12 de junio de 1972 se abrió la exposición en el subte municipal. Mucha gente acudió a ver las obras expuestas. Para algunos era la primera vez que nos veíamos las caras los dibujante, solo reconocidos por sus firmas en los dibujos.
El “alma mater” había sido el generoso Celmar Poumé que junto con Umpiérrez, lograron juntarnos a todos los que estábamos dibujando por aquellos años, los que recién empezábamos y también de algunos que ya no estaban entre nosotros (como Julio Suárez, Peloduro)

Publicado en el diario La Mañana del 13 de junio de 1972

Faltan algunos de los expositores como José Rivera que llegó después, los que estamos:
1: Angel Rueco, 2: Colinet, 3:Celmar Poumé, 4: Pedro Cano, 5: Antonio Galeandro 6: el hijo de Poumé, 7: Carlos Federici 8: Angel Umpiérrez, 9: Fola 10: Nelson "Bocha" García 11: Sergio Boffano 12: William Gezzio 13: Eduardo Barreto 14: Gus





lunes, 19 de diciembre de 2011

Memorias desde mi tablero

Cuando un amigo se va...
Eduardo Barreto en la Escuela Uruguaya de Arte (1978)



Llegó una lejana tarde de 1971, al  salón de la Biblioteca del diario El Día, donde nos reuníamos todos los lunes para confeccionar el suplemento infantil “El Día de los Niños”. Con  apenas 17 años, una carpeta con historietas del Cid Campeador bajo del brazo y la compañía de su madre. El director nos pidió nuestras opiniones a José Rivera y  mí sobre su dibujo. Coincidimos que estaba en el buen camino, influenciado por Foster y con la línea recargada, pero tenía “algo”, que el tiempo nos dio la razón; sería un destacado historietista ¡y cómo!.
Se llamaba Luis Eduardo Barreto y empezó publicando dos páginas semanales de esa historieta del Cid, luego hizo Skylab, una aventura espacial desarrollada en una estación espacial y ya con más destreza; “El Poderoso Halcón”,  con un dibujo más consumado, con la mira puesta en su artista favorito Russ Manning.

De carácter amable, dispuesto a ayudar en lo que fuera, se instaló en el suplemento y al tiempo realizó ilustraciones también.
Nos hicimos muy amigos y los sábados llegaba hasta mi casa, donde juntos dibujamos algunas historietas históricas para la revista Charoná e hicimos una de Robin Hood para el suplemento del Día.
Me acompañó en la creación de la Escuela Uruguaya de Arte, junto a Rivera, Lemos, Umpiérez, Federici y Couto.

Intentamos colocar un suplemento de historietas en el diario El Día, pero tenían una política muy cerrada respeto a eso y entonces intentamos colocar material al exterior, para lo que le escribí una historia de ciencia ficción “Alfa y Beta”. Eduardo dibujó unas 10 tiras, pero él siguió buscando por su cuenta y llegó hasta United Press donde le compraron “El Poderoso Halcón”, y cuando se quedó sin material me pidió que le hiciera los lápices. No duró mucho porque no rendía económicamente y se desmotivó.
Yo viajaba seguido a Buenos Aires, ya que seguía publicando algo en las revistas de Mazzone y cuando Eduardo se enteró que había estado en Editorial Columba y que yo no quería entrar porque me pedían seguir la línea de Dalfiume (cosa que me negué, no porque no me gustara el estilo, sino que yo ya tenía varios años de oficio en el medio y no me veía copiando a otro artista), así que me acompañó y lo presenté a Antonio Pressa, el jefe de arte de la Editorial.
Luego de mirar las enormes tiras del Poderoso Halcón, Pressa le dijo que podría hacer algo, pero debía quedarse en Buenos Aires y que debía seguir uno de los consagrados: en ese caso Altuna que hacía Kabul de Bengala. La cara de Eduardo era una fiesta. Nunca pensó en las dificultades, sólo en dibujar y publicar y aceptó sin preguntar lo que le pagarían.

Volvimos a Montevideo, porque él tenía su esposa y su primer hijo viviendo aquí. Además debía comunicar su baja del suplemento.
El caso fue que se largó a Buenos Aires, donde –según me comentó años después- tuvo que hacer de todo en la editorial, hasta que le dieron los guiones de Oesterheld (creo que hizo 10 historias de Kabul). Pero tuvo un problema ya que a Robin Wood no le gustó su estilo para uno de sus personajes. 
Eduardo había congeniado con los hermanos Villagrán y trabajaba en el estudio. Se le notó el cambio en su estilo. Sus personajes eran más corpulentos y musculosos y había cambiado para bien la forma de colocar las luces y sombras.
Una tarde estábamos en plena tarea de realización del suplemento de los niños cuando apareció de nuevo, con su sonrisa de siempre. Había vuelto para quedarse. 
La situación económica no le era favorable ya que el pago en Columba no era mucho.

Entonces se le dieron dos páginas donde realizó una historieta de un joven de la edad media, con excelente pincel y que distaba mucho de su Poderoso Halcón. Tenía fuerza y personalidad su línea. Después incursionó en el dibujo infantil, ilustrando el cuento de Pinocho en historietas. Hizo muchas ilustraciones. Pero él tenía otra meta y nos lo dijo: quería probar suerte en la meca del comic: EEUU y un buen día se largó y yo no supe más de él, hasta muchos años después que nos encontramos en mi oficina de la Intendencia, donde me contó que había vuelto a Uruguay, porque no soportaba el invierno, ni su señora y sus hijos, pero que seguía dibujando desde Montevideo.
Se había instalado en una oficina, cerca de mi estudio, en la calle Sarandí. Un día vino a verme y junto con otros dibujantes planeamos hacer de nuevo la Escuela Uruguaya de Arte, pero quedó en proyecto porque en esos años todos estábamos cubiertos de trabajos.

Compartió el staff de la revista Balazo generosamente a pesar de sus muchos trabajos para el exterior, con una historieta guionada por Carlos Federici.

Hace un par de años me envió un email, diciéndome que quería tener originales míos, que le pusiera el precio y que nos viéramos. No me pareció correcto cobrarle mis dibujos, así que le contesté que eligiera los que quisiera y que él me los cambiara por alguno de los suyos. Me contestó afirmativamente, pero enfermó desgraciadamente y ya no nos encontramos, salvo unos mail más donde yo lo consultaba sobre su estado de salud.

Y este diciembre de 2011 se fue definitivamente.
Vivió dibujando todo y de todo, furiosamente, como si no le alcanzara el tiempo…como si supiera que debía aprovechar esos 57 años años para cumplir su sueño de ser un excelente historietista uruguayo dibujando los personajes más icónicos del comic americano.