XANADU 19

jueves, 7 de enero de 2010

Humornautas, humor espacial


Esta es una media página del diario dedicada a las historietas y entretenimientos. 
Allí estaba mi "Humornautas".




Cuando entré al diario El Día, allá por 1965, se publicaba una página de entretenimientos,  con tiras americanas y “El detalle que faltaba” tira del argentino Felipe Dobal; un cartoon “Las 7 diferencias”, dibujado por un tal Fola, (años después conocí a Geoffrey Foladori, el inglés que vivía y dibujaba desde Montevideo y sus trabajos eran distribuidos por la agencia “Opera Mundi”.)el infaltable  horóscopo, palabras cruzadas y la programación de la TV.
Por supuesto que lo primero que hice fue intentar “entrar” con una tira en esa página, pero fui rechazado, no por que mis dibujos fueran malos –el diario ya me había empezado a publicar- sino que como todos los diarios de la época eran proveídos por material sindicado y eso les salía más barato, en el “paquete” venían fotos, noticias y cualquier cosa que el editor de turno necesitara para relleno.
Años después, Fola dejó de publicar en esa página y fue sustituído por Angel Umpiérrez con su cartoon “Las 7 semejanzas”.
Me hice muy amigo de Umpiérrez, era un hombre muy generoso y me dio las pautas de cómo vendía sus trabajos: la tira muda “Don Cristóbal” y el cartoon “Las 7 Semejanzas”. Había dejado la agencia que le distribuía sus dibujos porque lo estafaron y entonces él era su propio representante.
Viajaba mucho y en cada ciudad que iba, dejaba muestras de sus trabajos en los diarios y a los que no llegaba, enviaba por correo un muestrario que tenía preparado para ese fin. Así publicó en muchísimos diarios de la Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador y Centro América. Y como era amigo de Fola, éste le avisó que dejaba de colaborar con El Día y, ni corto ni perezoso, Umpiérrez entró enseguida.

En aquella época, la imagen (foto-dibujo) a imprimir era grabada al agua fuerte en un plato llamado “cliché”. El cliché se hacía generalmente de un polímero que consistía en un apoyo de metal o de acero endurecido. Entintada su superficie se imprimía y eso era lo que Umpiérrez hacía. “Cobraba” en clichés para después sacar copias y así revenderlas en otros diarios y eso le daba la ganancia, que era lo que me propuse hacer. Mi oportunidad llegó cuando Amstrong pisó la Luna. Se me ocurrieron chistes mudos sobre ese tema de mucha actualidad y presenté muestras bajo el nombre de “Humornautas”, al secretario de redacción que me mandó a hablar con el gerente. 
Creo que lo que más influyó en la decisión de aceptarme los cartoons fue que yo les puse como único precio el cliché de cada día. Y así entré en la página de historietas del diario con mis personajes planetarios metidos en un cuadrito (cartoon) pero al poco tiempo me dí cuenta que había hecho un mal negocio: los chistes no eran tan fáciles de hacer: el tema era muy restringido y al estar dibujando para el suplemento El Día de los Niños, casi no tenía tiempo y siempre llegaba tarde con mi cuadrito, pero yo me lo había buscado y tenía que seguir el consejo de Umpiérrez: “tenés que dibujar algo original, mudo, así se puede publicar en cualquier país y lo cobrás después, cuando se publique en otros diarios”. 


Pasado un año, tenía una caja hasta el tope de clichés de metal que pesaban una tonelada y no había colocado nada en otros diarios, solo en el semanario “El Eco de Palmira” de mi ciudad, que por supuesto, no les cobré nada. No podía gastar tanto en paquetes con muestras para enviarlas por correo a los diarios.Aunque envié a los más importantes. Clarín me contestó protocolarmente diciéndome que tenían el staff completo (era cierto ¡y qué dibujantes!), y que por el momento no iban a publicar nada nuevo. Y así llegué al tercer año cuando el secretario de redacción de El Día me informó que ya no tenían interés en ese dibujo (debo confesar que yo ya no tenía ni ideas )y todo terminó en buenos términos, porque seguí en El Día de los Niños y en el propio diario con mucho trabajo.
Ya había concretado mi sueño de publicar en una página de historietas…






martes, 5 de enero de 2010

MEMORIAS DESDE MI TABLERO

El deseo más persistente en mi adolescencia era que al recibirme de dibujante, poder publicar una tira con un personaje de mi creación, como los que tanto admiraba de los dibujantes extranjeros: “Terry y los piratas” de Milton Caniff, “El corazón de Juliet Jones” de Stan Drake  y Capplin, “Steve Roper and Mike Nomad” de Saunders y Woggon  , “Tarzán” de Russ Manning,”Kerry Drake” de Alfred Andriola, Big Ben Bolt, de John Cullen Murphy, y por estos pagos “Vito Nervio” de Breccia y Wadel, que aunque no era en tiras, tenía sus características porque Breccia lo dibujaba en tiras y luego en la editorial hacían el montaje a 4 por página.
Estábamos en 1963, vivía en mi ciudad Nueva Palmira y ya tenía mi diploma de la Escuela Panamericana de Arte  y con un amigo de la infancia (mi primo Omar De los Santos)que le gustaba mucho la historieta, pero carecía del don del dibujo pero sí del guión, hicimos nuestro primer avance en las tiras.

Fase 1: El primer encargo
Mi amigo tenía unos conocidos en Seusa (La Mañana y El Diario que publicaba un suplemento semanal de historietas, sindicado, por supuesto)  concretó una entrevista, a la que asistimos y nos atendió el secretario de redacción (un reconocido escritor cuyo nombre me reservo).
Yo había dibujado unas 25 tiras a tamaño americano: 25 por 50 cms, en blanco y negro de una historia que se basaba en los problemas juveniles ocurridos en una clase de un liceo. Luego de barajar muchas posibilidades nos habíamos inclinado por este tema, intentando llegar al público adolescente; después nos enteramos que es el que menos lee historietas…
Al ver las tiras, aquél hombre de cabello ya cano y grandes lentes, quedó muy interesado y nos dijo que a pesar que la empresa ya compraba material sindicado, habíamos llegado en el momento justo para presentar una tira completamente uruguaya.
¡Era increíble con la seguridad que nos lo dijo, pero…había que buscar otro tema más interesante, más atractivo, que el directorio de la empresa no dudara y nos contratara! Y se fue, volviendo al rato con la colección del mes de uno de los diarios de la empresa y nos lo puso delante:¡ese era el tema! ¡la tira debía tratar sobre el gran robo al tren de Londres que había ocurrido hacía poco y nosotros podríamos imaginar que los tipos venían escapando a Punta del Este, etc, etc!” Mi amigo le dijo que él podía escribir el guión si le daba algunos diarios y cuánto tiempo necesitábamos para llevarle las primeras tiras: “Tienen un mes, pero deberíamos contar con unas 60 tiras por lo menos porque así el diario no se queda sin material y como ustedes viven tan lejos” (Nueva Palmira, mi ciudad está a 275 kms.de Montevideo, pero en los 60´s estábamos en China!) Ni se habló de dinero. Lo más importante estaba “logrado”…
Y nos fuímos.
Entre mareados y contentos. La parte más compleja era la mía que tenía que dibujar dos tiras diarias y de noche, porque de día trabajaba en un comercio como auxiliar administrativo para ayudar en mi casa, pero era lo que había deseado y me propuse hacerlo.
Mi primo se quedó en Montevideo, estudiando y semanalmente me enviaba por correo los guiones, fotos y recortes de lo que se publicaba en los diarios y además seguía manteniendo un diálogo telefónico con aquél señor canoso de lentes, tan amable que nos había “abierto las puertas a la fama”.
El personaje principal de la tira era un escritor uruguayo: Richard D, que iba narrando los sucesos acaecidos en la lejana Inglaterra y el robo del siglo.

Fase 2 La ilusión marchitada
Cuando tuve las primeras 20, vine a mostrárselas al amable secretario de redacción, quién quedó encantado y aumentó mis ilusiones al felicitarme por los dibujos, y decirle a mi primo que el guión estaba “muy interesante”.
De vuelta a mi casa, “metí pluma y pincel” para adelantar lo más posible y cuando anduve por las 50 volví a Montevideo. Ya imaginaba mi tira al pié de página de uno de aquellos diarios. Lo demás vendría solo.
Al hombre amable tuvimos que esperarlo como tres horas aquella mañana. Justo ese dia entraba más tarde y a pesar que mi amigo le había comunicado por telefono que íbamos a ir, se hizo esperar. Me pidió que le dejara todas las tiras y que nos contestaria en dos días y que yo terminara las 10 restantes, a lo que le respondí que ya habia gastado en material, viajes y además, cada vez que venía a Montevideo, me descontaban el día en mi trabajo. Que me asegurara cuánto íbamos a cobrar. El amable señor nos dijo que no nos preocupáramos que con el solo hecho de publicar en tan importante diario, estaríamos pagos, entonces mi primo lo encaró y le dijo que no nos tomara el pelo, que el trabajo debía tener un precio y que gratis no íbamos a trabajar. Nosotros ya habíamos tenido demasiados gastos y aun no veíamos un peso. El amable señor insistió en que no nos preocupáramos y que dentro de unos días, tendríamos la contestación. Me volví a mi ciudad y seguí dibujando las tiras que faltaban, esperando ansiosamente que pasaran los días para saber que pasaba. Esa semana pasó como todas, sin novedad. En mi casa no había teléfono y mi primo, que quedó en Montevideo tampoco tenía como para llamarle.

Fase 3: Triste y previsible final
Al fin, a la semana y media llegó una carta de mi primo que me contaba lo que yo ya intuía: todo había sido rechazado. El amable señor no se hizo cargo del pedido que nos había hecho, que nosotros lo malinterpretamos porque después de todo, la empresa "ya compraba material al sindicato que casi se lo regalaban", y que "no iban a publicar a dos ilustres desconocidos".
Fue un lamentable comienzo como dibujante uruguayo de tiras de historietas y que se repitió muchas veces en mi carrera. Si no hubiese tenido tan claro mi deseo de ganarme la vida como dibujante, - por la ausencia de un sindicato que me protegiera como trabajador, además de la falta de escrúpulos de algunos editores o gerentes con los que me he “topado”-, habría seguido los consejos de mi padre:
-”estudiá como bancario que como dibujante te vas a morir de hambre”…
Addenda: No puedo mostrar aquellas tiras porque el tiempo me las devoró en tantas mudanzas que he hecho y se esfumaron en sus nieblas...pero estaban bien dibujadas, a pesar de ser un dibujante uruguayo que recién empezaba.Mi primo De los Santos también siguió por otros derroteros, viajando y publicando cuentos cortos y algún guión que le permitía pagarse el pasaje. Hoy nos reímos de aquellos días en que soñábamos con la fama. ¡Já, fama para dos uruguayos ilusos! ¡Mai più!

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Memorias desde mi tablero


Esta tapa está dibujada por José Rivera

Mi mejor etapa como profesional fue sin ninguna duda- la de “El Día de los Niños”, aquél pequeño gran suplemento escolar que salía todos los miércoles y que durante 18 años integré su staff. Dirigido por un maestro inspector de escuela ya retirado, Nelson Gamboyi, -yo también hice estudios de magisterios, pero los dejé para dedicarme de lleno al dibujo-los demás también eran maestros y profesores que escribían los artículos. Y yo estaba junto al dibujante más completo y olvidado de nuestro país: José Rivera, artista de una enorme bonhomía, con el que aprendí muchísimo en la técnica de la ilustración y en el dibujo de animales- porque, aunque yo venía con un estudio completísimo de dibujo en teoría, la práctica lo es todo y qué mejor que estar al lado del mejor dibujante de animales y trajes, meticuloso en la búsqueda del detalle, a la altura del argentino José Luís Salinas, pero sin ostentar nada, solo demostrando semana a semana su valía en la pintura de carátulas que hizo para el suplemento y en las ilustraciones centrales. Dibujó la historieta Paloma y Pequitas, guionada por Eduardo Ferrer- hermano de Horacio y la primera aventura a color del “Pepe Ñandú”, que después me la encargaron a mí, por el exceso de trabajo que tenía Rivera.
Nos reuníamos los lunes a eso de las 17 horas alrededor de una enorme y antigua mesa, en la Biblioteca del diario, que se encontraba en el primer piso, antes de llegar a la Redacción. Allí todos teníamos voz y voto y era un placer compartir aquellas lecciones generosas de los maestros y maestras que llegaban con sus notas para que se publicaran en el suplemento. Julio Da Rosa (Juancito de Por Allá) con sus cuentos camperos y su don de gente, Angel María Luna, un gran poeta, maestro Luís Neira, maestra Diana Pouso de Adriazola, profesora Ofelia I. de Gambogi, profesores Guillermo Ritter, Flavio García, Dr.Anibal Barbagelata, Marcos Vernet, diagramadores Abate y jorge Pantazis,etc…En fin, en los años que estuve pasó mucha gente de gran valer y saber que hicieron del Suplemento una pequeña gran joya magistral y que estoy seguro- el que lo coleccionó-, aun lo tiene porque fue parte de su infancia, los mejores años de nuestra vida que se mantienen en un rincón del corazón, de manera perenne.
Como el suplemento era semanal y salía los miércoles, y nosotros nos reuníamos los lunes, ya teníamos el ejemplar para ver y criticar con anticipación. Y de esas críticas constructivas, realizadas por personas que sabían lo que hacían, el suplemento llegó a venderse más que el del domingo en algunas ocasiones. El suplemento en sepia de los domingos era institucional y tenía un merecido prestigio por las plumas que escribían sus sesudos artículos.
Pero también tuvimos dos números censurados por la dictadura. En uno yo había escrito y dibujado la toma de la Bastilla y en el otro, todo el proceso de independencia de los Estados Unidos. Parece que me excedí en las ideas de libertad de esos pueblos y por acá se sintieron “tocados” y no podían dejar que “eso de la libertad y democracia “ llegara a los niños y el suplemento, en dos oportunidades no salió a la calle, a pesar de estar completamente impreso. Debo reconocer a las autoridades del diario de ese momento y del director Gamboyi que se hicieron cargo como redactores responsables y a mi nadie me hizo nada.
Los primeros años lo ilustrábamos completamente Rivera y yo, pero un buen día aparecieron un joven Eduardo Barreto, el mismo que hoy dibuja para el exterior y que ha logrado lo que muchos desean, dibujar superhéroes y Walter Lemos,oficial de marina, que tenía el dibujo como deseo incumplido y fueron integrados al grupo y poco después llegó Cristina Cristar, hija de otro dibujante olvidado que había trabajado en El Día.
A pesar que el suplemento contaba con 32 páginas y ya éramos demasiado, la bondad y sabiduría del director Gamboyi, hacía que todos tuviéramos nuestra parte semana a semana, porque no hay que olvidar que todos éramos pagos y si no publicábamos, no cobrábamos.
Así me fui ramificando y aceptando otras ofertas que me habían hecho: hice álbumes de figuritas (que redituaban muy bien pero que me exponía a trabajar en velocidad en contra de la calidad. En ocasiones tuve que dibujar 350 caricaturas de jugadores en una semana o sacar las aventuras de Hulk, otras 300 figuritas en 5 días. No dormía por supuesto, pero lo bueno era el pago que lo manejaba yo de antemano con el cliente, y con un adelanto en la mano)

Ambas tapas fueron dibujadas por mi.
Después volví a la revista Charoná que había dejado por un malentendido económico, hasta que me llamaron para Patatín y Patatán.
Pero tuve los “primeros avisos de molestia” de la gente que dirigía el diario El Día, porque como mi nombre aparecía en primera plana, debajo de una ilustración donde decía que “William Gezzio era exclusivo de El Día”-yo sustituía Rivera una vez por semana y en sus licencias, así que me tocaba dibujar un telegrama humorístico que salía en la parte inferior izquierda de la carátula, la ilustración de corte político, retoque de fotos porque la impresión en aquellos años dejaba mucho que desear- me refiero a los 60s, 70 y 80. Cuando el diario pasó al sistema computarizado yo ya no estaba.
Volviendo a las “molestias”, me pedían que como yo era “exclusivo” no podía figurar en ninguna otra publicación y mucho menos si era para niños, como Charoná y Patatín.
Mi argumento fue que yo era un profesional al que no le pagaban exclusividad ninguna y que habiendo estudiado en Buenos Aires, allí eso no existía y yo dibujaría para quién me pagara. Fue el principio de mi salida de El Día. Un pobre dibujante armado con un lápiz y un pincel no iba a poder jamás con tantos “doctores en leyes” y para colmo estábamos en plena dictadura….

jueves, 17 de diciembre de 2009

"EL BUCEADOR", una historieta inconclusa.

Esta historieta tuvo un final amargo, porque no me dejaron terminarla. Corría 1983, en el diario El Día había problemas de conducción -desgraciadamente los que habían hecho grande ese diario ya no estaban y había quedado en manos de personajes inescrupulosos, dilapidando toda una historia de más de 100 años de una histórica empresa editorial y comenzaron los problemas.
Y se empezó a cortar por lo fino, se mandó gente al seguro de paro -aunque otros duplicaron sus sueldos-, y se había comprado una avioneta Cesna que casi no sirvió para nada, salvo generar más gastos. Quién regenteaba el diario,su único título reconocido: heredero, no tenía idea de cómo se llevaba tan enorme empresa periodística y además estaba rodeado de "asesores buitres" que minimizaron lo que era la esencia de su economía: los avisos clasificados ante la avasalladora presencia del "Gallito Luís", que se quedó con ese imponente nicho.
Oh casualidad! En la lista que se pegó en una pared del diario -ni siquiera se dignaron a enfrentarnos uno a uno justificando los despidos- estábamos los que habíamos tenido alguna diferencia con el director o con el gerente del diario o actuación sindical. Tampoco importó la antiguedad ni lo que hacíamos cada uno de nosotros en el diario,ni de las familias que dependían de ese trabajo, yo tenía 3 hijos, había que deshacerse de nosotros y chau. Nos mandaron al seguro de paro y a esperar por "si se les antojaba llamarnos", como dijo un olvidado "jefe de personal". No pudimos recurrir porque la dictadura todavía enchastraba nuestro país, así que violín en bolsa y con los pinceles a otra parte.Yo exigí mi renuncia que por suerte la aprobaron y me desligué del diario, luego de casi 20 años.
Como yo era conocido, pude trabajar en Mundo color y en El País por un tiempo, hasta que-gracias trabajos particulares- seguí dibujando desde mi casa para otras empresas.
Como empecé esta historia: "El Buceador" lo estaba publicando en El Día de los Niños, uno de mis tantos personajes. Iba a dos páginas semanales a todo color y en la décima no lo pude seguir, quedó inconcluso.
Nunca más lo presenté en otro lado. Esta fue mi historieta sin final.
He omitido los nombres de los "personajes" del diario a propósito, porque de esa manera dejaron de existir en mi carrera y en mi mente, como tantos que quisieron hacerme daño con su pequeñez como mediocres seres ¿humanos?...La profesión de dibujante en mi país no está cubierta por nada, debemos luchar solos por los precios, los dibujos, los pagos en tiempo...en fin, estamos más solos que el uno, pero igual seguimos adelante, creando mundos desde nuestra imaginación para deleite de unos pocos, pero lo mejor de todo: de nosotros mismos.




domingo, 13 de diciembre de 2009

Ariel y sus amigos



El director de la revista Patatín y Patatán me dió dos muñecos similares a los de Plaza Sésamo para que yo los adaptara en dibujo y los hiciera vivir sus aventuras en historietas, lo que hice semanalmente a dos páginas a todo color, hasta que tuve que tomar un ayudante: mi gran amigo Alvaro Osuna, que siguió con ellos-los guiones siempre los escribí yo-, y otros personajes que le fuí dando. Pero la idea era parecerse a Anteojito -que tuviera muchas historietas- lo que yo siempre deseé y así fue que me pidieron más personajes. Un grupo de ellos fue "Ariel y sus amigos" que tuvo mucha aceptación entre el público menudo de la época. Una cosa que recuerdo con mucha alegría era la cantidad de cartas que recibíamos, por lo que debimos publicar dos páginas solo con ellas y dejando para otros números las demás.Todas las cartas eran contestadas como si fueran Patatín y Patatán que lo hacían, pero en realidad era la secretaria de redacción quién se tomaba el trabajo con mucho esmero: la señora Esmeralda de Ravaioli.

Patatín y Patatán


(tapa del número 1, pintada a mano directamente con dray pens-TODAVÍA NO TENÍAMOS COMPU!)

La revista infantil Patatín y Patatán salió desde la segunda mitad de 1970 y era dirigida por José Ravaioli y yo era su jefe de arte. Se vendió muy bien y era toda realizada por un equipo de maestros y dibujantes uruguayos, pero desgraciadamente como eran tres sus propietarios, por desavenencias económicas dejó de editarse y pasó a la historia de la mejor tradición editorial de nuestro país.

martes, 8 de diciembre de 2009

"CASQUITO",de las Galaxias





Así se publicaba en Patatín y Patatán,( a página completa, todo color y dividido en 6 cuadritos. Esta es una hoja de presentación) 1977-1979

Este personaje lo cree para El Día de los Niños, buscando variaciones con los niños de campo que siempre dibujé. Y cuando salió la revista Patatín y Patatán lo incorporé a la plantilla de historietas, con tanta suerte que en un concurso que se hizo entre todos los personajes de dicha revista, fue el más votado por los niños.

En 1994, utilizando la página que se me asignaba para mis personajes, lo publiqué en El Escolar del diario
El País. Ocupaba la media de abajo, en blanco y negro. En la parte superior iba Tente y sus amigos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Scouts, los niños exploradores



Cuando niño tuve mi propio equipo de Boy Scouts -“sui generis”- ya que habían llegado a mis manos unos manuales de los niños exploradores y además dos de mis amigos de la infancia estuvieron en un campamento y me completaron toda la información que necesitaba para concretar una idea que había tenido. Fue así que “me hice” capitán de mi grupo de Boy Scouts "lobatos", y durante varios veranos, varios de mis amigos y yo, “exploramos” el mundo circundante, estudiando la naturaleza, aves y animales y acampando a pleno campo o a orillas del río Uruguay, hasta que un accidente imprevisto: se nos prendió fuego parte de un bosque, nos hizo desistir de todo y me seguí dedicando a mis dibujos. Por eso, muchos años después, ya en "El día de los Niños"-1982- presenté una historieta de un grupo de scouts comandados por un tío de uno de ellos que hacía las veces del capitán. La historieta gustó y se publicó un par de años con el título de "Los Exploradores".


Y luego, ya colaborando con el suplemento infantil de El País: "El Escolar", por el año 1994, cuando se me pidió historietas para niños, volví a publicar dichos personajes: el capitán  tío Nelson, Claudio, Luis, Brunito,Cachito y Lentes. La historieta la denominé "Scouts",  recibiendo felicitaciones de la Asociación de Scouts uruguayos, cosa que me satisfizo mucho porque esa historieta la hacía con mucho cariño, como todas las que he encarado.













lunes, 30 de noviembre de 2009

Tapas de El Escolar


Aquí dejo apenas cuatro ilustraciones (estuve 9 años), que fueron publicadas en las tapas de El Escolar, suplemento infantil del diario El País en la década de 1990.Pintadas a mano, tinta y eccoline, con agregado de témperas.