XANADU 19

viernes, 5 de febrero de 2010

Memorias desde mi tablero

Aquí estoy pintando un poster para Charoná en la década del 80.
Cómo nació el Estudio Gezzio
Hasta los 80 había trabajado solo, sin ayudantes particulares,( excepto un par de historietas que hicimos Eduardo Barreto y yo para El Día de los Niños y algunas páginas históricas para Charoná, yo hacía el lápiz y Eduardo terminaba el resto), pero a principios de esa década me ofrecieron ilustrar los cuentos de Horacio Quiroga en un formato fuera de lo común: 25 cms. Por 35 cms.- y con una forma diferente de encarar las ilustraciones.
Cuentos de la selva de Horacio Quiroga
Un día se presentaron en mi apartamento dos personas que representaban una editora de cuentos infantiles con socios argentinos y querían que yo me encargara de las ilustraciones de los 8 cuentos para niños que Quiroga había escrito. Me plantearon la urgencia que tenían y además que les presupuestara rápidamente el trabajo. Según ellos ya habían contactado a varios dibujantes y ninguno les convencía y mi estilo era el que más se ajustaba, pero debía traerlo a “lo Disney”. (Yo había hecho las figuritas de “Donald Campeón”, que fueron aprobadas por el representante de Disney Argentina, lo que me daba un plus que otros no tenían en ello)
Por esos días experimentaba cambios en mi estilo en El Día de los Niños y en Charoná y ese estilo –con el que había crecido- ya me parecía demodeé, a pesar de los cambios que habían realizado los grandes de la factoría americana, por eso me tomé la libertad de ilustrar el cuento de “Las medias de los flamencos” a mi gusto. Entonces me dí cuenta que lo que me pedían superaba mis fuerzas físicas y mis tiempos, porque ya tenía otros trabajos que no podía abandonar. Fue así que alquilé un local de tres ambientes en la Ciudad Vieja y llamé a un par de dibujantes amigos para contratarlos como ayudantes.
Roberto González en la mesa de animación
Alvaro mayor con un storyboard

Pedro López pintando fondos
Acuña entintando una escena

Empecé con dos. Yo hacía los bocetos a lápiz, otro lo entintaba y el tercero se encargaba de los fondos, pero…los clientes no aceptaron el estilo de dibujo que les presenté. Entonces me trajeron un tomo de un cuento de Disney y me pidieron que llegara a ese nivel. Nos abocamos al trabajo e hicimos una gran ilustración con el cuento de los yacarés. Les encantó y me pidieron que siguiera en esa línea pero además que apurara los tiempos. Exigían que el fondo fuera separado del dibujo de los personajes además de hacerlos un tercio más grande, como se estilaba en los dibujos animados.
En la foto se ve el tamaño de los acetatos pintados y colgados para su secado

Mi sistema de trabajo
Cada cuento había que dividirlo en 24 ilustraciones. Y debía ilustrar 8 cuentos. Tuve que contratar más dibujantes. Tres de ellos solo como fondistas. Yo hacía el boceto de cada ilustración en blanco y negro. Después dibujaba al tamaño gigante solo los personajes en una cartulina que otro de mis amigos entintaba sobre acetato y tres más se dedicaban a pintar por el reverso. Fue muy complicado conseguir las pinturas porque debían ser como las que se usaban en los dibujos animados y era muy costoso comprarlas en Estados Unidos, ya que ni acá ni en Argentina se conseguían. Uno de los clientes nos aportó unos pomos que había comprado en Brasil, pero al secarse y como se pintaba sobre  acetato, se cuarteaba y había que estar retocando permanentemente, lo que insumía mucha pérdida de tiempo.
Yo no podía dedicar todo mi esfuerzo a esas ilustraciones porque además dibujaba para Charoná, ya que me había ido (a la fuerza) de El Día de los Niños, pero daba clases de dibujo en Academia Sigma por las noches y me habían entrado otros clientes que requerían mis servicios: hicimos etiquetas, figuritas para albumes, y un día apareció Alvaro Mayor, que quería hacer dibujos animados y al ver lo que estábamos logrando, quedó convencido que podíamos hacerlo y me convenció y junto con otro adicto a la animación: Roberto González, nos asociamos bajo la firma “Gezzio y Asociados” acreditando el capital en partes iguales.

Los Duendes Dormilones
Mi mano derecha, amigo y socio era Roberto González, un titán en dibujar sin cansarse y loco de atar por el dibujo animado. Así que los tres nos enfrascamos en la tarea de crear algo en animación con el fin de presentarlo en las agencias publicitarias.
Se nos ocurrió un corto para la hora en que los niños se van a dormir y sus personajes eran tres duendecitos voladores que tirando el polvo del sueño, iban durmiendo a las aves, los niños, las mascotas, mientras caía la noche sobre la ciudad.

Tuve que equipar el estudio con las mesas especiales para dibujos animados. Como no había en plaza, hicimos un dibujo con sus medidas y contratamos a un carpintero que las hizo. Pero por aquellos años faltaban dibujantes que conocieran el cómo hacer dibujos animados, pusimos un aviso en el diario y de 50 que fueron, nos quedamos con tres que tenían algo de conocimiento previo. Nosotros nos encargaríamos de enseñarles, como hicimos luego. Contraté un fondista también, porque no podíamos encargarnos de todo los dibujos que requiere la animación. 25 dibujos por segundo y debíamos hacer un minuto porque sería una muestra del estudio. La historia estaba escrita. La separamos en escenas y bocetamos los fondos y nos repartimos las animaciones entre los que podían hacer el “movimiento”. Como la historia era muda, no teníamos el problema de ajustar los labios a cada sílaba, pero debíamos ponerle una música y que fuese llamativa para los niños. Alvaro conocía un musicalizador, creo que se llamaba Lencinas y trabajaba para las agencias haciendo jingles, Fuímos a su oficina a plantearle el tema. Por suerte hizo una hermosa música y  nos hizo precio porque éramos “primerizos”, que la pusimos al inicio, cuando abre la acción y aparecen los duendes volando.
Otro problema que teníamos era el de filmarlo, pero Alvaro ya tenía una experiencia con un dibujo que él mismo había hecho y fotografiado, aparte era un fotógrafo de profesión. Así que luego de muchos meses de trabajo, de romper papeles y discutir sobre cómo quedaba mejor tal o cual escena, la fotografió toda en una mesa que él mismo hizo para tal fin, ya que se direncia de los tbleros comunes, y la llevó a un laboratorio en Buenos Aires porque en Montevideo no había alguien que lo hiciera. ¡Lo que se gastó en ese dibujo! Porque los dibujantes cobraban mes a mes y el alquiler tenía que pagarlo junto con la luz y el agua y demás gastos.
¡1.500 dibujos para un minuto de animación! ¡La emoción que nos invadió cuando lo vimos en acción!. Nuestros dibujos cobraban vida y se movían, demasiado bien para aquella época sin computadoras, hecho todo a pulmón, a mano y aguzando el ingenio. Pero además del dibujo animado, seguíamos con los cuentos y el cliente que lo tenía día por medio apurándome y exigiéndome la entrega de todo los cuentos porque ya había pago más de la mitad del trabajo. Pero como dije antes, los trabajos externos caían como llovidos y tuve que levantar los presupuestos para esquivar algunos: una revista con la vida de un santo en forma de historieta, un album de figuritas que no pagaba casi nada, aunque agarré el de la vida de Artigas y después otro sobre ecología. También acepté “armar” un semanario para el Movimiento de Rocha: “La Razón” y algunas cosillas más…Como dije, había que pagar muchos dibujantes,además de una secretaria, los que me llevaban la contabilidad y ainda maís…
Ya teníamos el dibujo animado propio con los duendes dormilones. Pensábamos en muñecos, revistas, muchos artículos que nos devolvieran por lo menos el dinero invertido. Hicimos un mailing enviándolos a las agencias más representativas y Alvaro fue en persona, pero nadie se interesó. Entonces fue directamente a los canales de televisión. Luego de horas de espera le decían que no estaban interesados, porque nuestro dibujo no estaba sponsorizado por alguna firma que lo pagara ¡ellos querían cobrar! Y que podían conseguir dibujos animados más baratos que el nuestro…
Así se fue un año. Mientras seguíamos con los cuentos de Quiroga.
Los fondos que le dan el carácter a los cuentos fueron pintados por Daniel González, Hugo Millán, Ochoa y yo.


 A mí me habían avisado que el socio principal “fumaba bajo el agua” y que tuviera cuidado porque había dejado varias cuentas sin pagar en algunas imprentas, por lo que lo encaré y le dije que si no me pagaba lo que faltaba, no le daba un solo dibujo. Se hizo el ofendido y se fue. Al otro día apareció por mi estudio, pero mi secretaria ya estaba avisada y le dijo que yo ese día no iba a ir. Así lo tuve una semana. Los sábados de tarde yo trabajaba solo en el estudio ya que los dibujantes descansaban. Sonó el teléfono y era el cliente pidiéndome que nos reuniéramos, que quería arreglar conmigo y que tenía el dinero.
Nos reunimos en un bar cerca de mi estudio y me propuso ser socio y que yo pagara a los dibujantes, èl me daría un porcentaje en las ventas. Los dos tomos que hice se vendieron muy bien (me dijeron que fueron traducidos al portugués y al hebreo entre otros idiomas, además el diario El País lo publicó durante dos años, un libro por cuento, de lo que no recibí nada y donde mi nombre fue borrado arteramente). Habría sido un muy buen negocio, pero en ese momento me pareció una tomadura de pelo y se lo hice saber. Le dije que si no había traído el dinero que se olvidara de los dibujos y de mi estudio. Como nunca firmamos contrato, yo estaba tranquilo por ese lado, pero ya me veía perdiendo todo el trabajo.
Antes de irse me pidió que lo esperara unos días más que iba a recibir un dinero y que me pagaría lo que faltaba, pero que no dejara de trabajar. Ellos ya me habían pagado una buena parte del total y no querían perderlo. A regañadientes y pensando en los dibujantes le acepté la escaramuza.
Un par de días después apareció pero con otro proyecto: me dijo que para terminar de pagar su deuda conmigo, había colocado en un distribuidor los cuentos de Quiroga en blanco y negro, para que los chicos los colorearan, que yo los hiciera usando los dibujos que tenía y que se los agregara a su cuenta. Junto con Roberto González y Daniel González –que se encargó de los fondos- rehicimos los 8 libros gigantes; había que dibujar los fondos de nuevo porque  los teníamos pintados a todo color, pero el trabajo lo sacamos en poco tiempo y se los entregué. El hombre me dio varios cheques y seguimos con los de color. Creo que ya andábamos por el segundo año con este trabajo. Estábamos cansados de ver aquellos acetatos colgando por todo el estudio, porque así se secaban y no se cuarteaba la pintura.
Hasta que una mañana al llegar al estudio, Roberto me dio la gran noticia: “¡Gezzio, terminamos los cuentos!”. Llamé al cliente que en la tarde se llevó todo para Brasil, la separación de colores se hizo allá y la impresión final del libro en Mosca Hnos, en Montevideo. Cuando ví el primer tomo, me impactó el tamaño y la impresión. Era un buen trabajo, pero el tipo me la había jugado por todo lo que le había hecho pasar y había puesto el nombre de mis ayudantes, pero el mío no figuraba, siendo quién había hecho toda la parte creativa. Y como ya dije, después lo negoció con El País donde no pusieron ni los nombres de mis ayudantes.
Otra historia
Así como este “cliente” me birló la autoría de mi trabajo, tuve una empresa que se portó soberanamente bien conmigo y me respetó como profesional: Saint Hnos. del Uruguay, la fábrica de chocolatines de donde me llamaron porque le habíamos enviado un mailing de los duendes dormilones. Les había gustado y me pidieron ilustraciones para las etiquetas de los chocolatines y las cajas, cosa que hice por varios años. Aproveché la oportunidad y les vendí el dibujo animado con “Los Duendes Dormilones”, lo que nos devolvió el dinero invertido. Se pasó en la Red del Interior. Al año siguiente, lo negocié con el director de Charoná y lo pasaron en Canal 5. Así que el sacrificio que habíamos hecho, fue al fin, premiado.
Pero a fines de los 80, mi estudio empezó a hacer agua. Mis dos amigos y socios se fueron a otro estudio (Tournier) que estaba realizando animación y necesitaban gente y como nosotros no teníamos ningún pedido, no pude negarme y quedaron libres de la sociedad. Tuve que despedir a los dibujantes y además  había alquilado otro estudio contiguo porque me habían traído una colección de cuentos desde Brasil, escritos por Monteiro Lobato para ilustrarlos en la forma que habíamos hecho con los de Quiroga. Los habían visto y estaban interesados en que yo los hiciera. Pero traté de “curarme en salud”, poniendo algunas condiciones en el presupuesto, cosa que no les gustó a los descendientes de Lobato y no llegamos a ningún acuerdo.El boceto que les envié del primer tomo-me habían prometido hacer de 6 a 12 libros- nunca lo pagaron.
Ya no quería estar pendiente de los pagos como lo estuve con el anterior. Intenté con un revista de historietas eróticas: “Erotic comics”, pero nuestro pueblo no estaba acostumbrado a ello. Yo ya había cerrado “Lengua Larga”, porque los quioskeros la escondían o la embolsaban, sin embargo mostraban las españolas que eran desnudos totales.
En ese momento me dí cuenta que el estudio había cumplido un ciclo: el murmullo y las risas de los dibujantes con los que había trabajado ya era un eco en el recuerdo.
No tenía un pedido importante como para empezar de nuevo y me sentía cansado.
Puse todo en venta, hasta mis colecciones de revistas y vendí todo. Me quedé con un tablero de animación que es con el que todavía dibujo y bajé la cortina.
Al mes me dio un infarto. Creo que fue la sumatoria de toda esa década de trabajo intenso y lucha por hacer cosas en este Montevideo que se nos negaba a algunos, cuando otros conseguían créditos y clientes….
En fin, no me arrepiento de nada y volvería a acometer esas locuras, tal vez eligiendo mejor algunos clientes… 

jueves, 4 de febrero de 2010

Mi método

Cómo dibujo y pinto las tiras diarias
Paso 1: Luego de leído el guión hago un boceto a lápiz, lo más terminado posible. Ya demarco las luces y las sombras.Me limito a las figuras humanas. El fondo lo dejo para después.
Paso 2: Calco a lápiz y a contraluz en la cartulina que utilizo para el dibujo final, limpiando todas las líneas que entorpezcan el entintado.Refilo con  marcadores finos (utilizo 3: en Nº 3, el 5 y el 8), todos los contornos del dibujo, de la tira y de los globitos para los textos.
Paso 3:Con un pincel Nº 6 entinto ubicando las sombras y los fondos, buscando el contraste entre blancos y negros.Aplico un rayado para darle más carácter.
Paso 4: Ingresada a la computadora por scánner, le pego los textos que ya tenía escritos y la preparo para su pintura digital, pasándolo a cmyk. Mantengo una resolución alta porque al reducir se verá mejor.
Paso 5: Uso Photoshop para la pintura digital
 y la trabajo en los layers. Le agrego el logo de la aventura (cuadro 1) y mi firma. Le bajo la resolución, el ancho y lo paso a jpg y ya está pronta para enviar a la imprenta.

sábado, 30 de enero de 2010

Memorias desde mi tablero

Ladran, Sancho, señal que dibujamos
Estoy seguro que no solo a mí me han pasado las cosas deagradables de la profesión de dibujante solitario y que muchos colegas las han sufrido antes que yo. Parto de la premisa que el dibujante nace, luego se hace, ya sea estudiando o luchando consigo mismo, en foma autodidacta hasta alcanzar un estilo y una técnica que  lo diferencia del resto. Eso me parece justo, lo que no me parece justo es el que se me acercó y trató de “extraerme” los conocimientos arteramente y después, “si te he visto no me acuerdo”.
El caso de aquél ignoto que se aprovechó que como yo tenía conocidos en alguna editora, se me pegó como estampilla para que lo llevara y así poder entrar… No, todavía no he recibido ni una postal de él en navidad. O aquél otro que estando en un lugar al que he llegado honestamente gracias a mis habilidades, cayó “a dedo” dirigido casi siempre por un familiar que es conocido del dueño o del secretario de redacción y me sacó de la silla y se sentó él quedándose con todo el trabajo que estuve haciendo.
He sufrido otro espécimen, el que se dijo “amigo” y me trató como “maestro” pero a la hora de mantener su pequeño espacio, hizo lo imposible para traicioneramente, sacarme del medio.
Aunque no lo crean nuestra profesión tiene muchas trampas y alimañas  que nos acechan a cada paso: la pelea despiadada por cobrar una ínfima cantidad de dinero de lo que vale el trabajo, siempre poco y tarde sin ajustarse a un canon, porque como buenos uruguayos, no tenemos una asociación que nos proteja de esos pulpos que solo acaparan para ellos y sus patrones pero que a la hora de pagarnos, parece que les sacáramos las tripas.
Hace años mis dibujos los cotizaba en dólares y me daba el lujo que si no me lo aceptaban, no les dibujaba. Un olvidado dueño de una revista me dijo una vez: “¿te creés que estás en EEUU y que mi revista es el Time?”, pero no tuvo más remedio que pagármelos porque nadie le hacía el dibujo que él quería. Se tomó la revancha, despidiéndome en 2002, cuando el descalabro económico que sufrió el país.

El dibujante uruguayo es una persona de lo más frágil, está solo y a la intemperie.
Basta que un día un gerente se levante con el pié izquierdo y levante el teléfono y en un segundo lo deje a uno sin su paupérrimo trabajo, mal remunerado, nunca ponderado y muy criticado y sin derecho a réplica.
Esto de la crítica me da tirria. He sido criticado por tipos que no distinguen un Picasso de un Renoir o que suspiran por los siliconados superhéroes o mangas, pero que a la hora de dibujar ellos, no les sale un cuadro bien balanceado y la línea les temblequea como si estuvieran arriba de la montaña rusa. Los que mucho critican o hablan son los que esconden sus impotencias e imperfecciones en el dibujo, ¡su falta de dibujo!.
Les valdría más callarse y ponerse a estudiar anatomía, composición y perspectiva. Después que tengan 20 años dibujando sin parar, que sigan callados que así estarán bien.
El buen dibujante no tiene porqué hablar como los políticos. Tiene que dibujar bien y estar siempre estudiando para superarse día a día.
Me duele no ser más positivo y dar un buen mensaje para aquellos que piensan encarar el dibujo como una profesión. Pero si lo intentan deben tener presente que no solo dibujando van a vivir. Tendrán que estar atentos a un montón de situaciones como las que he narrado: arribistas, malos profesionales, aprovechadores, directivos inescrupulosos y la falta absoluta de una ley que les proteja…Aunque esto es relativo: está el ministerio de trabajo: denuncian a la empresa que les paga mal y tarde y la empresa cuando se entera, les deja de patitas en la calle o les hace la vida imposible hasta que se deberán ir por propia voluntad…
Por eso, esta profesión hay que encararla como un estado mental: dibujamos porque nos sentimos bien y es la mejor de las profesiones porque inventamos personajes, mundos, vivimos aventuras imposibles y realizamos cosas como si fueran películas. En fin, el que no se contenta es porque no quiere o no tiene imaginación…

martes, 26 de enero de 2010

Ilustraciones de indígenas




Mi método


Después de la historieta, lo que más me gusta y satisface plenamente es la ilustración, preferentemente de época, donde deba buscar la documentación necesaria para no “payar” en el dibujo y que sea creíble a lo que ilustro. Por eso paso horas –a veces días en las bibliotecas buscando en viejos tomos, láminas que me den ese detalle tan preciso que necesito: el vestido, las armas, los animales, el tipo de auto o avión de esa época exacta.
Buscando el dato
Ya voy con un boceto a lápiz pues he leído la historia y elegido la escena que ilustrará esa parte del cuento o la novela. Cuando consigo el material gráfico vuelvo a mi tablero a encarar el dibujo que parte de una buena composición donde se destacará algo sobre lo demás. Entonces hago otro boceto ya en color –aproximado al final, aunque siempre lo voy cambiando sobre la marcha y si tengo que dibujar personajes busco un modelo adecuado. 
Los modelos
Para los niños he utilizado mis hijos y vecinos que generosamente han posado para mí. Si son personas mayores, mi hijo mayor tiene el físico justo y yo le agrego los músculos necesarios para agrandar la figura- en estos casos de indígenas.Para los perros: mi mascota me ha ayudado mucho con su porte y lo bueno es que solo me cobra en comida para perros.



A dibujar
Ahora sí encaro el dibujo final: hago uno a lápiz lo más definido posible en un papel común, luego lo calco a trasluz a la cartulina especialmente para este fin. Lo perfilo todo con un rapidograf o una fibra negra fina sin engrosar las líneas. Haciendo hincapié en los detalles principalmente. Luego con un pincel fino le doy toques a mano alzada para engrosar algunas partes de la línea y voy completando los negros: cabellos, manchas, etc.



Paso final
Ahora paso a “tensarlo” en un tablerito de madera que tengo para ese fin. Se moja la cartulina dibujada, se aplica sobre la tabla, sacándole todo el aire para que no queden burbujas y se le pega cinta de papel en todo el borde de la cartulina. Cuando se seque, quedará tensa y no habrá problemas de que el papel se doble con la tinta al agua o con el eccoline.
Comienzo el pintado, generalmente por todo lo que sea piel, luego los detalles que insumen más tiempo y al final el fondo. Hago un toque con témpera para resaltar luces u oscurecer algunas partes. Finalizado esto y si me convence, le aplico una capa de barniz para acuarelas y ¡a mandarlo a la revista!.
Y a seguir con otra. Eso es todo, amigos.



domingo, 24 de enero de 2010

Enredos de Familia

Estos cartoons junto a otra docena que tengo guardada, los hice en 1997, previendo alguna contingencia no imaginada, debía tener nuevo material y lo centré en lo familiar. El cuadrito ocupa poco espacio en un diario y es más fácil de negociar y de realizar, aunque siempre debe tener un gag autoconclusivo y los personajes deben mantener ciertas características que son tomadas de la vida cotideana.



A mí, por suerte nunca me faltó trabajo de dibujo y no tuve que salir a venderlo, pero igual lo publiqué en el suplemento de humor de La República "Tío Taba" y en "El Eco de Palmira".

viernes, 22 de enero de 2010

Ilustraciones con niños

La gente menuda la utilicé en muchas carátulas de El Escolar de El País.

La mayoría de mis modelos eran chicos de mi barrio y mis propios hijos, por supuesto.



Casi todas estas ilustraciones las pinté a pincel con tintas eccoline, con agregados de témpera y acrílico.
También usé aerógrafo para los difuminados.

miércoles, 20 de enero de 2010

Memorias desde mi tablero

Lápiz, rapidograf y papel calco
Debe ser muy  frustrante no poder dibujar bien, o más o menos como alguno de los artistas que uno admira, por eso voy a contar un par de anécdotas que tengo en un rincón de los recuerdos, pero sin nombrar a los personajes ya que no es relevante a las historias.
Confieso que el método de estudio que hice se basaba en copiar los dibujos de mis profesores para aprender sus técnicas, lo que a la larga me llevaría a encontrar mi estilo, cosa que creo haberlo hecho hace ya muchos años. Pero la copia se hacía a mano alzada, sin calcar, lo que me viene a la memoria este personaje que en una mesa al lado de la mía, poniendo papel calco sobre  dibujos de otros dibujantes, lo calcaba línea a línea y cuando terminaba: ¡lo firmaba con su nombre!
Así publicó dibujos de Pratt, de Rapela, de Roume y de tantos otros,”adaptándolos” según la ilustración que tenía que hacer. Yo me escapé de su voracidad porque trabajábamos lado a lado.
Pero por lo menos se tomaba el tiempo y el esfuerzo de calcar un dibujo.

Para qué dibujar, si ya estaba todo hecho
Este otro personaje “robaba” literalmente dibujos y le ponía su firma. Como en aquellos años, internet no existía y las revistas extranjeras casi no llegaban a nuestra plaza, era muy difícil  detectar el plagio, pero para un recién llegado de Argentina como yo, y habiendo conocido el estilo del gran Arturo del Castillo, no era muy difícil ver el engaño que aquél “dibujante” le hacía a la empresa para la que trabajaba. Un día lo encaré y le pregunté si sabía que esos dibujos que publicaba bajo su autoría–usaba un seudónimo- eran del chileno del Castillo: la historieta en cuestión : “Los 3 Mosqueteros”de Alejandro Dumas.
Casi sin mirarme, me dijo que yo estaba equivocado y que esos dibujos eran hechos por él, y que el estilo podría ser parecido a ese otro pero que él no lo conocía…Y se fue lo más campante. Al otro año, en la misma revista ví una nueva historieta que me pareció era de un italiano: Dino Battaglia, que tenía una línea muy clara, un estilo muy avanzado para los 60´s y el guión era sobre el espacio exterior. Se llamaba “Selene” y estaba firmada por el "dibujante" en cuestión. Astronautas, naves espaciales, las antípodas del estilo de “Los 3 Mosqueteros”, en línea, guión y color. Sin movérsele un músculo de su cara me dijo que había cambiado su estilo para “aggiornarse”, pero que era de su autoría. Yo era muy joven y no quería enfrentarme a un dibujante que me llevaba más de 20 años y era muy respetado en la editora, así que puse “violín en bolsa” y me callé. El tiempo pasó y hace unos años, encontré aquella historieta en Internet, completa y con la firma de sus verdaderos autores: dibujos Dino Battaglia y guión Milo Milani, publicada en la gran “Corriere dei Ragazzi”.
Otro dibujante pragmático
Hay más, estando en otro diario junto a un verdadero dibujante que hacía sus dibujos de memoria prácticamente- yo lo veía, porque trabajábamos juntos- un día me dijo, bastante enojado:
-¡Gezzio, vamos a tener que pasarle la cuenta a fulano! ¡estamos trabajando para él! ¿viste cómo nos usa nuestros dibujos?-
y me mostró ilustraciones publicadas que eran casi calcos de dibujos de ambos, pero con la firma del novel dibujante. Pero no pasó nada. Nunca le dijimos que nos habíamos dado cuenta que nos plagiaba. Consideramos que estaba en una etapa de aprendizaje y que si quería copiarnos, lo hacía porque nos admiraba y aprendía.Y además se ganaba unos pesos…

Es normal que en todo dibujante se encuentre un atisbo de estilo de otro admirado, ya sea en la línea o en la manera de entintar porque aunque no queramos, ese estilo se nos ha “pegado” de tal forma que lo asimilamos mecánicamente con el nuestro.
Lo que no está bien es copiar TODO el estilo porque así se roba descaradamente el trabajo de investigación y los largos años de esfuerzo que ha sufrido ese dibujante hasta conformar su “estilo”.

Todo por un diploma
Un caso curioso que recuerdo, es el de un compañero que cuando la empresa donde trabajábamos le había pedido certificar sus estudios pués él había entrado a ese trabajo de dibujante; como decimos vulgarmente “en paracaídas” o “a dedo”. En fin, no tenía un diploma que certificara que había hecho algún curso de dibujo. Por esos años, Bellas Artes estaba clausurada por la dictadura y a este "amigo" se le ocurrió una idea salvadora: se inscribió en Continental School -la escuela de dibujo por correspondencia-, pero él tomó las clases personales. Fue una semana a esas clases y un día se apareció con un diploma ¡vacío!.Tuvo la suerte de hallar uno sobre una mesa  y sin que lo vieran. Entonces, haciendo gala de su caradurismo, rellenó los renglones con su nombre y demás datos y garabateó una firma. Presentó el diploma y se lo aceptaron.

miércoles, 13 de enero de 2010

Ilustraciones históricas




Cuando el director de El Día de los Niños me pedía que ilustrara sucesos de la vida real se me hacía agua la boca. Disfruté mucho, buscando información escrita como gráfica. Me pasaba horas en la biblioteca de la Alianza Uruguay- EE.UU. de cuyos libros tomaba apuntes o me los prestaban para tenerlos en mi casa.Estas páginas de "La Gran Carrera de 1895" se publicaron de a dos hojas en 1975. Notarán el texto pegado. Eso también ya es histórico, porque era procesado en las linotipos y me daban fajas de papel impreso con el texto- que yo previamente había "marcado" o sea: le indicaba al linotipista el cuerpo, el tipo de letra y en qué bloque de cuántos centímetros lo quería. Luego lo recortaba y pegaba en los lugares que dejaba para ese fin.

La técnica es pluma y pincel. La textura fue hecha con trapo de tramado grueso, mojado en tinta china y aplicado directamente. También usé esponja y témpera blanca para tapar.