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Archivos que me habían quedado grabados desde hace años, los he rescatado porque son parte de la clásica historieta que supimos hacer varios colegas y yo, y que tuvieron poca difusión.
Descontando que la nueva generación nunca los vio es que los pongo en este nuevo formato que lo hace más práctico, sin costo para el usuario y que los muestra a más personas de las que llegarían impresas en papel.
Desde
mi época escolar es que hago revistas de historietas. Llenaba mis cuadernos con dibujos a lápiz y los pintaba con lo que tuviera a mano, acuarelas o lápices de color.
Hasta que conocí el método del hectógrafo, con el que se podía serializar una publicación.
Era costoso y demandaba mucho esfuerzo, porque después de hacer todas las historietas, había que repasarlas con una tinta especial para ese fin y con pluma del tipo cucharita, para luego "imprimirla" en la masa gelatinosa previamente hecha con ingredientes comprados en la farmacia (esencia de cola de pescado o algo así) y colocarlo en una asadera hasta que tomara una consistencia como para sacar hasta 10 copias. Más no se
podía porque la tinta ensuciaba la gelatina y las hojas y había que realizar el proceso nuevamente, o sea volver a ejecutar toda la receta hasta lograr nuevamente la gelatina pronta para imprimir una nueva hoja de la revista., hasta completar unas 10 páginas porque más ya no era negocio. Luego se engrampaban y tenía pronta la edición para venderla a mis sufridos amigos.
Al pasar los años y meterme en las imprentas aprendí el negocio desde adentro de las editoriales y así saqué un par de libros y revistas de variados contenidos, generalmente a pedido de otros y cuando juntaba algun dinero como para "tirarlo", mis propias revistas: Bombón, Estado de Humor, Humornautas, Orsai, Lengua Larga... Hasta que el
bajón económico de fines del siglo pasado me hizo optar por una cooperativa de amigos, dibujantes y guionistas con la que hicimos "Balazo" y que llegamos hasta el noveno número, todo un éxito para la historieta clásica uruguaya, pero un fracaso económico.
Pero después que la cooperativa se desmembró, cada uno por su lado, mantuve intacto mi afición y seguí haciendo revistas que me quedaron guardadas en cds, hasta ahora que encontré cómo "publicarlas" en línea. Y Xanadú
fue una de las revistas donde junté material de mis amigos y míos, con los que hice dos números y hay dos más en preparación.
Pueden verla y leerla y hasta descargarla, desde este link:
Un par de horas atrás, una llamada telefónica desde Buenos Aires le anunció a Carlos “Chingolo” Casalla que marcó un récord mundial . Según su interlocutor, un representante de la Universidad de San Martín Casalla, el legendario historietista argentino radicado en Bariloche, es la persona que permaneció más tiempo haciendo la misma historieta en la historia del género. Se trata deEl cabo Savino , que nació en 1954 en el diarioLa Razón y ya lleva casi seis décadas ininterrumpidas de galopes a caballo, peleas con cuchillos y malones indios.
No es ninguna broma. La llamada además le solicita su presencia los primeros días de julio para recibir un homenaje en la Universidad de San Martín en Buenos Aires. Casalla lo agradece, pero declina la propuesta. “ Estoy muy ocupado, y muy grande , pero me alegra y me sorprende el homenaje y el dato, no tenía ni idea”, le cuenta a Clarín . Mientras conversa las puntas de sus dedos manchados de tinta sostienen una estilográfica con la cual va bosquejando los diálogos de su personaje mestizo, nacido ficcionalmente en Caballito, cuando aquel barrio porteño “era puro campo”.
El creador de Savino y dibujante de Alamo Jim , El Cosaco y Perdido Joe , entre muchos otros, tiene hoy 87 años y continúa trabajando con excepcional vitalidad . Lo de excepcional no es una figura: Casalla dibuja y publica diariamente las historias de su personaje en las páginas del diario Río Negro y, una o dos veces por semana, toca jazz con sus hijos, sobrinos y amigos en distintos reductos de la ciudad.
A fines de los ‘60, en uno de los momentos más altos de la edad de oro de la historieta argentina, Casalla y un grupo de compañeros del rubro como Octavio Moraga y Jorge Pérez Castillo alquilaron dos casas en Villa Gesell. En una reunieron a las familias (“¡Hasta suegras!”, recuerda) y en la otra ellos, los jóvenes y exitosos dibujantes. “Eran dos meses de vacaciones para la familia pero nosotros laburábamos todo el día porque teníamos cosas que entregar. Cuando terminábamos, metíamos los cartones en un sobre y los mandábamos por correo. Una lástima porque jamás conservé un original y cuando la editorial Columba cerró, todo eso se perdió . Hoy veo en Internet un cartel que dice ‘Vendo original de Savino’ y digo ‘che, ¡eso es mío!’”.
Casalla se formó en la Academia Nacional de Bellas Artes y aprendió el oficio de historietista del entrañable José Luis Salinas. Pero antes, como alumno recién egresado, puso los ojos en la publicidad para ganar unos pesos. Era mediados de los ‘40. “Entonces no se hacían fotos; había que dibujar todo: autos, heladeras, nenes jugando ”.
Hacer historietas, tal como se entiende hoy, no figuraba en ningún libro de aquellos años. “En los diarios se publicaban tiras históricas, no de personajes originales. Se representaban libros como Los tres mosqueteros . Pero historieta no, eso lo teníamos que aprender solos”, recuerda.
Casalla comenzó tímidamente a “meter” historietas con su sello en diarios como La Razón y Crítica , apenas para hacerse un lugar en el ambiente. “Nos pagaban por cuadro publicado, había plata si la historieta iba bien y se publicaban muchos cuadros”. Cuando comenzó a participar de las publicaciones de la célebre Columba llevaba unos 10 años en el ambiente del dibujo profesional. “Con el dinero que me pagaban dibujando me hice dos casas en Bariloche sin préstamos, imaginate. Yo siempre quise ser libre, la historieta me dio una libertad esclava pero que me permitió venir acá en el ‘62 y no tener jefes arriba mío ”, explica.
El historietista no consumió por completo al músico.
En los ‘50 y principios de los ‘60, mientras dibujaba, también participaba de la escena jazzística porteña y tocaba en jam sessions con nombres del tamaño de Lalo Schifrin, Enrique Villegas, Baby López Furst y Jorge Navarro. En 1996, un amigo con mucho dinero, admirador de Savino, lo invitó a ir con él a EE.UU. a visitar los más exclusivos escenarios jazzísticos. Se les unió otro jazzero de ley, Walter Malosetti. “Estuvimos casi un mes viajando entre Nueva York, Chicago y Nueva Orleans , escuchando increíbles conciertos y parando en hoteles cinco estrellas. Un día viene Walter y me dice: ‘Che, Carlos, ¿viste que existían los Reyes Magos?’” Y cuando cierra la anécdota Casalla ríe, con su risa amplia que es también un clásico de la cordillera. Es el mismo hombre que participó en el equipo de Spilimbergo que pintó la cúpula de las Galerías Pacífico . El mismo que comparte su hogar con Carlota, su esposa escritora. El tío de Javier Casalla, el virtuoso violinista de Bajo Fondo Tango Club; el padre de Carlos, reconocido percusionista. El que dibujó en los ‘40 al Martín Fierro para una revista militar cuyo director, un mayor del Ejército, quería que se omitiera que el personaje era un desertor.
Muchas vidas, muchas historias , nacidas de una misma mano.
Addenda:
Carlos Casalla (87 años) es, a la fecha (junio de 2012)un ejemplo de dedicación al dibujo de historietas con su ya célebre “Cabo Savino” que nació en las páginas de las publicaciones de Columba, en la década de 1950 y se mantiene escribiendo, dibujando y publicándolo en tiras diarias en diarios del interior de la República Argentina. Siempre mostró un relato casi literario de la lucha entre el pampa y el “milico”, cuando el Gobierno Nacional buscaba expandirse y ocupar “el desierto”. La historieta no pretendía instalar un planteo ideológico sobre el tema; mas bien era una lucha heroica con “buenos” y “malos” que buscaba entretener con temas criollos a jóvenes y a adultos. Casalla siempre bromeó con el hecho que Savino no fue ascendido en tantos años, a pesar de sus permanentes actos heroicos y su honestidad a toda prueba.
Instalado en Bariloche desde 1960, Carlos “Chingolo” Casalla trabajó como historietista (para editoriales de Buenos Aires y de Italia) y como ilustrador de temas criollos, dándole un tinte más regional a sus dibujos.
Por encargo de Parques Nacionales ilustró parte de la historia patagónica con su personal estilo para la Pinacoteca de la institución. Participó en exposiciones de artistas plásticos y, cuando le fue posible, dio rienda suelta a su amor por el jazz.
El dibujante Norberto Gandini y el caricaturista Hermenegildo Sábat lo ayudaban “a despuntar el vicio”. . Y en algún momento las historias vividas que surgían en las conversaciones con pobladores de la zona, amigos, memoriosos de anécdotas de hechos ocurridos en la zona del Nahuel Huapí, o sugerencias de amigos como Manolo Puente de lo bueno que sería “dibujar la historia” local, lo llevó a crear y desarrollar una gran fábula en un libro que denominó “El Gran Lago”. A fines de 1994 lo presentó en el Salón Cultural de Usos Múltiples Municipal.
Hoy es material de consulta en escuelas de la ciudad. A comienzos del año 2001 avanzó un poco más y “contó” una buena parte de la historia zonal en un mural.
Esta vez es un solo gran cuadro, sin globitos y con personajes que “hicieron” esa historia. Y no hace mucho aceptó el convite de un emprendimiento comunitario e ilustró el “Martín Fierro”, para que una ONG local financie un programa de contención de jóvenes .
Y hoy en este 2012, cuando muchos están "descansando de sus agitadas vidas", este enorme dibujante de 87 años, dibuja todos los días, con el impulso de los que nunca bajaron los brazos y se aferraron a la pasión de hacer historietas. ¡Mucha salud, maestro!
Este es un compilado de algunas de las historietas más destacadas que dibujamos
y publicamos en varios números de la revista "Balazo", allá lejos y hace tiempo, pero que
es necesario compartir
antes que el olvido nos alcance.
Imprescindible material para ser estudiado por quienes desear conocer la técnica y secretos de la historieta, realizado por profesores de la Escuela Panamericana de Arte, con la idoneidad de Enrique Vieytes, Alberto Breccia, Hugo Pratt, Arturo del Castillo, José Luís Salinas y otros.
Un libro completamente agotado, que solo se consigue en algun sitio de internet, pero que ahora ya lo tienen en este enlace. http://issuu.com/williamgezzio/docs/mundodibujado.blogspot.com
Ya lo había
comentado en otro post anterior, pero buscando en mi altillo entre cajas llenas de originales, me encontré esta página que yo había hecho, avisando del número
especial de historietas con nuestros personajes y me trajo recuerdos de aquellos días de
tantos dibujos sin pensar en dormir ni en comer.
Me pasaba horas en el tablero,
llenando hojas con ilustraciones e historietas para “El día de los Niños”, ese
inefable suplemento que marcó un antes y un después en suplementos infantiles, dirigido por el excelente y generoso maestro Nelson Gamboyi, quién
estaba apoyado por otro grupo de maestros y profesores especializados.
Aquél pequeño suplemento de los miércoles llegó
a ser el orgullo de ese diario tan señorial y político, con acendrado historial,
pués su fundador fue el dos veces presidente de la república, don José Batlle y
Ordóñez.
Por eso fue un desafío
el que encaramos los 5 dibujantes del staff, cuando le ofrecimos al director
hacer un número dedicado especialmente a las historietas con nuestros
personajes.
Luego de la habitual
consulta, llegó la confirmación y nos enfrentamos a ese magnífico desafío, por
primera en casi 15 años de edición del pequeño semanario.
Eduardo Barreto con
su “Poderoso Halcón”, Walter Lemos con “Rocco de las islas”, Cristina Cristar
con “Silvia” y yo con “Pepe Ñandú, el mono Fosforito y Bombón” todos juntos en
una aventura y además agregué un nuevo personaje de aventuras: “Richard D”, y
José Rivera se encargó de dibujar las carátulas, haciendo un collage con todos
estos personajes y además dibujó una historieta corta en clave de humor y otra
con su estilo tan particular de indios charrúas, guionada por el maestro Angel
M. Luna.
Como finalizaba el
ciclo escolar y al ver lo que habíamos propuesto, nuestro director nos dio los
dos últimos números de ese año, que nos llenó de alegría ya que era más de lo
que habíamos pedido. Aquellos suplementos especiales de historietas se
repitieron en años sucesivos, siempre al final del ciclo escolar, hasta que el
cansancio y el poco dinero cobrado, nos hizo cambiar de opinión y dejamos de
hacerlos, pero ya habíamos logrado nuestro objetivo: una revistita llena de historietas uruguayas.