XANADU 19

lunes, 13 de septiembre de 2010

Memorias desde mi tablero

En la vida de un dibujante uruguayo suceden muchas experiencias “nefastas”, que tal vez en otros lugares con otra idiosincracia y nivel profesional no las haya, o yo no las conozca. A mí me han tocado las malas experiencias que según dicen, fortalecen el espíritu, aunque dejan marcas y sabores amargos, de los que preferiría olvidarme. Pero este blog lo hice con el fin de mostrar mis trabajos y contar mis anécdotas, por lo que no voy a dejar pasar estas:
Los cobros evasivos
Ya conté que estuve publicando en la revista "Rico Tipo" de la última época. El pago era menguado y yo estaba asentado en Montevideo, publicando en varios lugares, me faltaba tiempo para ir a Buenos Aires, por eso enviaba los dibujos originales en sobres a la redacción de dicha revista y el cobro lo iba postergando esperando alguna oportunidad para hacerlo. Así que un día, un “amigo”-reservo su nombre porque no hace a la historia- me dijo que al día siguiente iba para la vecina orilla. Yo le pregunté si me podría cobrar unos pocos pesos argentinos que tenía por allá, a lo que me respondió que le hiciera un poder que él me los cobraría. El hombre se fue y el tiempo pasó. Como a los dos años lo ví caminando por la calle Guayabos hacia el centro e intenté acercarme. Creo que bajó la mirada o hizo como que no me vio y se escabulló por una calle lateral. Me dio vergüenza ajena ir a preguntarle por mi dinero, ya que era tan poco que no valía la pena, pero desde ese día no lo consideré ni amigo, ni conocido ni enano de jardín. Años después coincidimos en una entrega de premios- Montevideo Comics me daba una estatuilla y el hombre barbado ni se me acercó a darme la mano. Espero que por lo menos se haya comido una buena parrillada en algun restaurante del Buenos Aires a mi salud.

Treta repetida
El otro “amigo” que me la jugó, me dolió más porque era y sigue siendo un colega. Yo había publicado unas historietas en una revista de una editorial argentina –MOPASA- y me pasaba lo mismo que con Rico Tipo: el pago era poco como para gastar en un viaje vía marítima como antes lo hacía, más el hotel, comida, taxi., así que un día conversando con este señor, me dijo que viajaría a Buenos Aires y como sabía que me estaban debiendo los dibujos, él me los cobraría. Volví a confiar y le dí un poder. Sucedió casi un calco con el otro “cobrador”. Le perdí la pista por años y cuando nos vimos, en ningun momento sacó el tema, por lo que lo dejé como otro “quebranto de caja”.

No hay dos sin tres
Para completar la trilogía, un día me llama un "colega" pidiéndome un poster del “Desembarco de los 33 Orientales” para publicar en la revista “Cosmik”, que era mitad argentina y mitad uruguaya. Como tenía premura, le ofrecí uno que ya había publicado en “Patatín y Patatán” y yo cobraría el 50 % de lo que cobraba por pintarlo. Aceptó y al rato apareció por mi oficina, llevándose el original y diciéndome que en cuanto se publicara, él mismo se encargaría de traerme el dibujo y el dinero. Cuando salió la revista, la compré para ver cómo habían impreso mi ilustración. No era gran cosa porque el papel no era de ilustración y los colores habían perdido en porcentaje, pero por aquellos años todavía las imprentas no habían traído las máquinas de última generación como tienen hoy, y había que conformarse…Llamé al teléfono del colega para preguntarle por el original y mi cobro…Varias veces hice las llamadas, hasta que me atendió una señora que quedó en avisarle. La revista desapareció de todos los kioskos al poco tiempo. …Eso fue por la década de 1980 y ya estamos en 2010...¿Espero un poco más o lo llamo de vuelta?

viernes, 27 de agosto de 2010

Memorias desde mi tablero

"Moñita roja...de bronca"
Nunca me arrepentiré de haber integrado el staff de una revista. Dibujo para eso. Pero mi duda persiste por alguna vez que me la “jugaron” mal y entonces quedo pensando si hice bien en haber aceptado colaborar para “esa” publicación. Fue el caso de la revista “Moñita Azul”.
Todo comenzó cuando me vino a buscar Pedro Cano, a quién conocía de la época de “Patatín” y me ofreció hacer la historieta del personaje “Moñita”, yo escribiría y dibujaría con entera libertad. También quería algo histórico: hice la vida de Juan Antonio Lavalleja en cuadritos con guión de Miguel Angel García. Me dijo que del dinero no me preocupara porque los dueños eran los que distribuían El País y que pagarían lo que yo estipulara. Recuerdo que ese mismo día coincidió que estaba conmigo Carlos Federici y le ofreció su personaje “Jet Gálvez” de a dos páginas a color, quedando para después la contestación.
Por mi parte me aboqué a la tarea de darle vida a ese personaje; debo confesarlo, no me resultó nada simpático pero era diseñado por Cano y aprobado por los dueños, así que apenas lo “retoqué” a mi estilo.
El primer número salió a la venta, pero no tuvo la respuesta esperada y ya en el segundo comenzaron las “dificultades”: para cobrar debía ir a las 8 de la mañana a la planta de emisión del diario El País en la calle Cuareim, donde en una pequeña mesa en un rincón donde salen los camiones con los diarios, estaba un señor que después me dijo que era el dueño de la revista, me pagó refunfuñando y diciéndome que era mucho lo que yo les cobraba. No me quiso escuchar cuando le respondí que me habían ido a buscar ellos por intermedio de Cano, que yo tenía un precio y que si no les gustaba mi dibujo, lo dejaba ya  sin ningún problema. Ahí cambió y me pidió que continuara, ya que yo era el profesional que ellos querían y que lo disculpara porque estaba muy nervioso. Esa extraña actitud ya me dejó una espina, por naturaleza soy desconfiado y aquél hombre no me dio tranquilidad.
Pero seguí haciendo mi trabajo a pesar que la revista no me terminaba de gustar.
A lo largo de mi carrera he visto “diseñadores” que creen que a los niños se les puede dar cualquier cosa, total “esos enanos” no entienden nada y así rellenan páginas a como caigan los textos, los títulos, los dibujos y las fotos. Y hoy en día es peor porque con los programas de computadoras y las plantillas prehechas más la cantidad de tipos de letras y los millones de colores que tienen, el resultado final es una ensalada de color sin sentido, que confunde más que difunde una idea. Para estos “diseñadores” es lo mismo diagramar un cuento infantil, una nota periodística o un afiche: tiran todo dentro de la caja y ahí van “armando”, rellenando los huecos, mezclándolo todo, sin importar que debe primar la composición, donde la vista del pequeño lector “entra” por la izquierda y se desplaza hacia el centro y luego sigue hacia abajo y “sale” por la derecha…
Me fui de tema, pero me "calienta" los chapuzas que bastardean una profesión tan bella. Solo deberían tener un poco de sentido común y buen gusto.
El final previsible y el poster incobrable
Cada tanto me daba una vuelta por la redacción de dicha revista que estaba en una galería enfrente al diario El Día. Allí solo veía a Cano que hacía de todo para completar la revista y me decía que siguiera y confiara que ya se iba a revertir, aunque la venta era poca. Un día me pidió un poster con la imagen de Constancio C. Vigil, el fundador de Billiken, aclarándome que me esmerara porque le habían dicho que estaban en tratativas con la Editorial Atlántida, la que edita Billiken y que tenían interés en invertir en ésta. Le respondí que como ese pedido estaba fuera de lo conversado, me lo deberían pagar aparte. Me dijo que no me hiciera problemas y que le diera para adelante. Eso hice. Pinté el poster cuya copia como fue impreso (desastroso), ven ahí, a la témpera y sobre cartón duro y lo entregué en fecha, como habíamos convenido.

Pasó el tiempo. La revista salió a la venta y Cano no me llamó. Entonces, mi instinto me alertó y me acerqué hasta la “redacción” ¡ya no había nadie! Pregunté en otra oficina y me respondieron que hacía días se habían mudado, llevándose todo de allí.
Al otro día por la mañana, fui al diario donde me antes me pagaba uno de los dueños y me encontré con una persona joven pero irascible que me dijo ser el socio,  hijo del dueño y que no me debían nada, a lo que respondí que sí me debían: todo el último número, poster incluído. Se mantuvo en que me habían pagado todo lo que Cano les había pasado. Como ví que tenía las de perder porque confiando en Cano, siempre fue de palabra lo convenido, no recuerdo bien qué le contesté y me fui a “tomar el aire”…
La revista había cerrado en ese último número. Habían fracasado estrepitosamente. Creyeron que por ser distribuidores de un diario podían ser editores…A mi amigo Federici también le quedaron debiendo, no sin antes hacerle trabajar retocando su Jet Gálvez.
Años después me encontré con Cano en Charoná, donde fue a pedir trabajo porque andaba en la mala. Sin ánimo de echarle la culpa le pregunté que había pasado con la “Moñita” y me respondió que el poster que yo le había pintado le había dado muchos dolores de cabeza porque como estaba en cartón duro y era muy grande, tuvo que cortarlo verticalmente para fotocopiarlo y ajustarlo a la caja y que debió pagarlo de su bolsillo. Además me confesó que a él también le quedaron debiendo. En fin, así está el mundo, amigos. ¡Lleno de chantas! Lástima que me los crucé a todos en mi camino.    

viernes, 20 de agosto de 2010

Técnica de lápiz

Juan Sebastián Elcano
Esta ilustración está dibujada con tres tipos de minas de lápices: dos blandas ( 2B y 4B),y una semidura (2H).La "sfumattura" está hecha presionando en forma circular un papel sobre el dibujo, a modo de difumino. Usé una goma blanda para "sacar" luces, y témpera blanca, para pequeños detalles.
Se publicó  a dos tintas en el poster dentral de la revista Charoná en 2007. Me basé en la estatua del primer navegante que dio la vuelta al mundo y que está en la ciudad de Getaria, en España.

martes, 10 de agosto de 2010

Un aliento que agradezco

Los dibujantes somos seres solitarios con la cabeza buyendo en mil ideas tratando de trazarlas en un papel y no se nos ocurre pensar el "efecto rebote" que pueden lograr en otros -y si son niños, menos que menos.
A lo largo de mi carrera he recibido muchas cartas de personas agradecidas por mis dibujos, lo que me llena de satisfacción y para qué ocultarlo: hincha el ego.
Quiero participar de estas líneas que me escribió mediante mi Facebook un desconocido admirador, al que le doy infinitas gracias, aunque hay algun dato incorrecto, pero ya sabemos que la memoria nos juega malas pasadas y no pienso corregirlos.Un millón de gracias, amigo.

Reivindicador Dosmil Diez09 de agosto de 2010 a las 18:15
Asunto: GRACIAS por el ARTE que nos regaló!!!
Estimado señor William Gezzio, mi nombre es Carlos tengo 25 años, soy uruguayo y vivo en Solymar. El motivo por el que le escibì este mensaje es simplemente para agradecerle por todo el maravilloso arte con que nos deleitò a los jovenes de mi generación a lo largo de la pasada década de los 90. Visite varios de sus sitios y soy consciente de que su talentosa y prolífica carrera data de mucho antes que los noventas, y de que continuò y continua varios años despuès de la misma. Pero es por este perìodo de vuestra carrera en especial, por el cual quiero expresarle mi más profunda gratitud. Fue maravilloso haber sido un niño primero y un adolescente después, y haberse podido deleitar con las magníficas cubiertas (y con el arte interno también) que usted realizaba tan dedicadamente para las revistas de El Escolar y de Charonà.¡¡Especialmente las portadas que usted hizo para el Escolar!!! eran todo un deleite para los ojos!!! Aún hoy conservo la colección completa de los viejos Escolares de aquel entonces; mi portada favorita es una en la cual hay un grupo de personas en el desierto, pero todas son geniales!! niños jugando en la lluvia, un padre fumando con su hijo mientras ven la tv, gente en la playa, portadas de Artigas,imperio azteca, un cazador enfrentando a un gato montés, Colón y la llegada a América, los 33 orientales,portadas en el espacio, portadas psicodèlicas,etc.
Quiero felicitarlo por su talento, y quiero que sepa que su trabajo no pasó desapercibido y que muchos jovenes y niños de aquel entonces aún lo recordamos y valoramos. Finalmente me despido felicitandolo también por los comics que realizó y los personajes que creó para el Escolar: Tente (el Johnny Quest uruguayo), Felino (genial héroe a la par con los del primer mundo). los chicos que acampaban (ahora no recuerdo el nombre),etc; así como por los comics que realizo para la revista Charoná tanto del personaje homònimo de la revista como por su sensacional y lleno de dramatismo Santos Cruz. Usted además de un excelente dibujante es un muy buen guionista.

Ahora si!! me despido, aclarandole que lo saludé mediante este facebook "anònimo" debido a que yo no tengo uno propio y lo único que deseaba era hacerle llegar este mensaje por vía de este medio para que usted pudiera saber el sentir de muchos jovenes de mi generación.

P.d: Creeo que el primer contacto que tuve con su maravilloso arte fue la portada de una revista de "el Dedo" que tenía mi tío en casa de mis abuelos, yo tenía solo 6 años pero aùn recuerdo esa graciosisma portada en la que una mujer desnuda salía de la ducha desesperada porque le había entrado shampoo en los ojos y no se percataba de que su marido estaba reunido jugando al truco y bebiendo unas cervezas con sus amigos, los cuales reían mientras él se quería matar. Usted es un excelente artista que sabe infundir tanto humor como dramátismo mediante sus dibujos. Felicitaciones!!!

Un admirador.

Memorias desde mi tablero



Llegadas tardes…
Uno de mis mayores deseos cuando estudiaba dibujo, era publicar en Rico Tipo, una revista de humor “picante” para aquella época que hizo escuela. Ahora sería naif. Así que en una de mis idas a Buenos Aires fui a la redacción de Rico Tipo, que tenía todo un piso de oficinas en Roque Sáenz Peña. Cuando llegué al piso me llamó la atención que todas las puertas estaban cerradas a pesar que era poco más de mediodía. Tampoco ubiqué ningún escritorio con su bonita secretaria. Así que toqué el primer timbre que vi. Luego de unos minutos apareció un hombrecito de prominente nariz. Era Guillermo Guerrero, uno de los dibujantes estables del plantel de la revista, luego creador de Lupín. Cuando me presenté y le dije que quería hablar con Divito me dijo: -Divito falleció  el mes pasado en un accidente automovilístico en Brasil, por eso estamos trabajando a puertas cerradas…
(Tuvo un accidente contra un camión en una ruta de Brasil y murió el 5 de julio de 1969)
¡Qué mala suerte! No había podido conocer a un grande del dibujo cómico. Había llegado demasiado tarde. La noticia no había salido en ningun diario uruguayo, por lo menos que yo me enterara. De todas maneras, le mostré mis dibujos a Guerrero, pero me dijo que la situación de la revista estaba muy complicada, ya que el que había tomado la dirección era un sobrino de Divito y que opinaba que el cierre era inminente.
De todas maneras, me dio un par de direcciones donde yo podría ir a publicar, cosa que hice…
A los dos años de fallecer Divito, la revista cerró definitivamente. No era ni la sombra de lo que había sido. Años después la volvió a abrir un grupo dirigido por Eduardo Ferro como “La nueva Rico Tipo”, con la diagramación de Francisco Mazza. Así que un día me llegué a la nueva dirección y encontré a Mazza, una gran persona que me atendió inmediatamente, dejando de lado unas páginas que estaba haciendo. Estaba en una pequeña habitación y el único tablero que había, lo ocupaba él. Al preguntarle por los demás dibujantes, me contestó que cada uno traía los dibujos hechos en su casa, allí trabajaba solo y que dejara mis dibujos que me los publicaría en sucesivos números.
Esa vez había ido por otra editorial  MOPASA, a llevar una historieta que me habían pedido: “El Luchador”,personaje de mi creacción, eran 12 páginas en dibujo humorístico en blanco y negro, que se publicó en una revistita denominada “La Barra de Pascualito”, por la segunda mitad de 1970.
Arreglé con Mazza en enviarle dibujos por correo, cosa que aceptó y así colaboré en unas cuantas Rico Tipos de la segunda época, pero ya no era lo que yo había soñado.
Le pasé el "dato" al colega Salvatore que fue a Buenos Aires y publicó inmediatamente durante varios números. No recuerdo cuánto duró la revista, pero ya estaba "Humor" haciendo "capote" y al tiempo, cerró definitivamente.

No hay primera sin segunda...
En mi casa se leía mucho, mis padres gustaban de las magníficas Selecciones del Reader, también novelas y se compraban el Tony y el Intervalo semanal. Un diario en la semana también y eso que éramos de clase pobre, pero el dinero “valía” y bien administrado nos podíamos dar algunos lujos: el de la lectura por ejemplo. Y escuchar los radioteatros gauchescos del libretista argentino Héctor Bates que pasaban al mediodía por radio Splendid, eso me dio la pauta para escribir después mis historias gauchescas.
De las revistas que mi padre gustaba leer, recuerdo las de “Fabián Leyes” y “El Huinca”, escritas y dibujadas por Enrique Rapela. Y en una de mis visitas a Buenos Aires, llegué a la redacción de esas revistas que publicaba su editorial “Cielosur”.
Luego que me presenté a un hombre que me atendió al cabo de un rato de espera, y me dijo que se llamaba Magallanes (ayudante de Rapela), me comentó que éste estaba muy enfermo y era imposible verlo, ya que estaba internado. Como no me quería ir sin mostrar mis dibujos, llamó a un señor bajito, medio rechoncho de grueso bigote y lentes caídos sobre su nariz y me lo presentó como el director de las revistas: se llamaba Leonardo Wadel. (El creador de tantos guiones estaba allí, tan humilde, como si fuera uno más de los mortales atendiendo a un promitente e ignoto dibujante uruguayo).
En tono apenas audible me confirmó la enfermedad de Rapela…”cuestión de horas”, dijo. Por supuesto que no insistí, le dí las gracias por su atención y me fui.Rapela falleció en febrero de 1978.




domingo, 25 de julio de 2010

Memorias desde mi tablero


Al Rojo Vivo
Sigo recordando la década del 60 del siglo pasado, cuando hacía poco que trabajaba en El Día. Una noche, Rivera me preguntó si yo tendría ganas de ilustrar notas policiales, porque él tenía mucho trabajo y quería largar ese otro. Por supuesto que quería. La dueña de la pensión no permitía un día de atraso a los que desde el interior (casi todos) ocupábamos sus vetustas piezas de altos techos, sin ventanas. Cualquier moneda servía.
El trabajo era ilustrar situaciones policiales ocurridas en la semana o a veces en el pasado y era resuelta en aguada porque se imprimía en huecograbado, en las máquinas que tenía El Día. Se publicarían en una revista dedicada al tema que fue muy “famosa” durante los pocos años que salió a a venta: se llamó “Al Rojo Vivo” y era  dirigida por Antonio García Pintos y Luís Sciappapietra . Como García Pintos era cronista de policiales del diario, esa misma noche lo encaré y me ofrecí para colaborar con su publicación. Le hice ver alguno de mis trabajos y me dijo que fuera al día siguiente a la oficina donde se hacía la revista, en 18 de Julio, al lado de Casa de Galicia, en un tercer piso.
La “redacción” era una especie de cuarto con una pequeña ventana. A un costado el diagramador estaba diseñando la revista y los dos o tres presentes de pié, fumaban y hablaban de un caso policial ocurrido en la semana. Pregunté por García Pintos y me dijeron que no tardaría en llegar…
Casi una hora después llegó con su cuota alcohólica (además era un empedernido fumador lo que lo llevó tempranamente a la tumba), lo saludé y me presentó a los presentes como el dibujante que desde ese día iba a suplantar a “Riverita”.
Tomó la planilla de la revista y me habló de un hecho policial. Ese era el tema a ilustrar.
Salí bastante desnorteado porque no tenía idea cómo vestía la policía ni que armas usaba en esa época. No estaba en mi atención mirar policías. Pero cuando me puse a dibujar me dí cuenta que no sabía dibujar una de esas enormes gorras que usaban. Acudí a mis amigos de pensión, pero como no eran dibujantes, con sus explicaciones me confundían más. Hasta que a uno se le ocurrió decir por qué no iba hasta San José y Yí a echar un vistazo.
Haciéndome el turista, pasé varias veces frente  a la jefatura mirando de soslayo los policías parados en la puerta, tratando de registrar y grabar sus uniformes, hasta que creí que ya lo tenía todo en mi mente.
Volví al cuarto de pensión y me puse a bocetar lo que había visto. La mente me jugó sucio y no tomó todos los detalles que yo quería poner en el dibujo, así que inventé algo para que luego con la aguada por arriba, pasase desapercibido.
Como el espacio era reducido: éramos tres viviendo en un cuarto de unos cinco por tres metros, mi “tablero” era una mesita de luz donde había colocado una carpeta de dibujo, cuyo cartón duro me servía como base para dibujar. Este mismo sistema lo empleaba en Buenos Aires, cuando paraba en algún hotel y mi estimado amigo Umpiérrez también, según me lo confesó en una amena charla…
El dibujo debía terminarlo a lápiz y luego con la tinta aguada, “pintarlo” intentando darle un “realismo fotográfico”, aun me faltaba mucho para lograr ese efecto y el dibujo lo vi muy duro, pero no me podía darme el lujo de hacerlo de nuevo.
A mis amigos les gustó aunque le sacaron defectos del uniforme policial, cosa que corregí. (Varias veces los utilicé a ellos como mis modelos para aquellos dibujos de Al Rojo Vivo)
Al otro día llevé la ilustración. La miraron mientras yo les escrutaba el rostro, pero no ví nada que me desilusionara. Entonces me animé  a preguntar cuando y cuánto pagaban. Me dijeron que se pagaba viernes por medio a eso de las 4 de la tarde. Y cada dibujo eran unos 30 pesos (no recuerdo muy bien este dato), pero quedé fijo, aunque nunca aparecí en el staff. Como la revista estaba llena de sangre, creo que fue lo mejor.

¡Marche un identikit para una revista sensacionalista!
A veces, Antonio García Pintos me llamaba a la pensión por teléfono, ya fuera para pasarme un tema a dibujar o como aquella mañana que me dijo:
-Venite hasta el bar xx, en el Cerrito de la Victoria. Tenés que hacer un identikit…¿sabés hacerlo?
Le dije que sí, pero en mi vida había hecho uno. Lo que sabía era por las novelas o el cine, pero en esos días yo estaba pronto para hacer cualquier dibujo que me pidieran y pagaran…Así que fui al bar donde el dire ya se había desayunado con grapa o caña y fumaba como una chimenea, mientras garabateaba lo que supongo sería la nota que iba a hacer para la revista o el diario.Lo recuerdo escribiendo con pasión, moviendo la cabeza, como si escribiera música. Lo mismo hacía en el diario: siempre llegaba muy tarde, diciendo que venía de jefatura, pero todos sabían que su "jefatura" estaba en el boliche por Yí sí, pero entre 18 y Colonia.
-Tenemos tiempo. Tomate algo…
Acepté un café cortado con un croissant y al terminar salimos rumbo a un baldío cerca de allí. En el camino me dijo que habían violado a una muchacha con el síndrome de down y que la madre sabía quien era el violador, pero la policía no le hacía caso, por eso recurrió a la revista. Antonio le decía que iba a ser una nota principal y si yo la pegaba con el retrato hablado, iría hasta en tapa.
En un baldío habia una casa semiderrumbada, sin techos, solo los tirantes quedaban como mudos testigos de un viejo caserón. El pasto era tan alto que me llegaba a la mitad de mi cuerpo. En una esquina del interior de la casa, había una casilla de cartón, latas y otros elementos, que era donde vivía esa pobre gente.
Luego de llamar Antonio con un golpe de manos , apareció una señora retacona, medio achinada con su hija, también fueron apareciendo otros chicos hermanos de ésta que era casi de la altura de su madre y rechoncha, con la característica de la deficiencia. Tragué saliva y me acomodé como pude- había llevado un block de dibujo chico y un lápiz. Antonio le empezó a hablar despacio, para que fuera contando las características del tipo violador, pero la pobre muchacha no decía nada y agachaba la cabeza. Fue la madre que dio los datos como si hubiera sido ella la violada. La chica le había contado a ella cómo era el individuo y además tenía mucha vergüenza de dos desconocidos que le estaban haciendo preguntas.
Boceté una cara, más de personaje de historieta que de identikit, porque no me daba datos justos, como color de ojos, si tenía piel oscura o blanca, si era alto o bajo y demás información como para hacer un dibujo que se le pareciera. Cuando lo terminé, Antonio se lo mostró a la chica y ésta hizo un ademán con la cabeza, no sé si afirmando o negando, pero como nos teníamos que ir, se terminó la entrevista. Ví cuando Antonio le daba algo de dinero a la madre.
El “identikit” salió en medio de la revista con una de las notas extraordinarias que escribía aquél curtido periodista, y además un detalle en tapa. No me acuerdo si lo agarraron, si el dibujo sirvió para algo, pero ese día debuté con una ilustración que nunca pensé iba a realizar.

Pánico escénico
Aquella noche yo estaba en la mesa de dibujo en El Día haciendo el dibujoque iba en la tapa del diario, cuando me llama Antonio que llegaba.
-¡Gezzio, mañana andá a Canal 10 a eso de las 11 y 30 de la mañana! ¡Me contrataron para escribir un ciclo y vos tenés que hacer los retratos! Se va a llamar “Retratos al carbón” y mientras la locutora lee la historia que voy a escribir ahora, vos dibujás el retrato de la persona, vamos a empezar con Artigas…Allá te explicarán todo.
Quedé pasmado. Dibujar en la tele. Estoy refiriéndome a 1967 o 68. Ni en la pensión donde vivía tenían una tele. Y todavía era en blanco y negro.
Después que salí del diario- a medianoche- me fui hasta mi cuarto a buscar algun dibujo de Artigas para tenerlo listo. Encontré el clásico de Blanes.
Al otro día, con los nervios de punta –siempre he tenido que luchar con ellos y mi estómago cuando enfrento a situaciones fuera de lo común- llegué al canal donde me pararon en la puerta.
-¿Gezzio? No, Ud. No está anotado acá- me dijo una secretaria que oficiaba de portera detrás de un escritorio, mientras miraba una lista mecnografiada.- ¿Y para qué era?
Le expliqué que Antonio García Pintos me había llamado la noche anterior para dibujar en un programa del mediodía…
-¡Ah, a García Pintos sí lo tengo! Está adentro. – y señalándome una puerta con una luz encendida continuó: Cuando se apague esa luz roja, puede entrar…
El galpón devenido en estudio de televisión apabulló la poca autoestima que me quedaba. A lo oscuro descubrí a Antonio lo que me tranquilizó un poco.
-¿Trajiste el dibujo?
Traje uno de Blanes. Lo copio de ese…
-¡No entendiste nada! ¡Tenés que dibujar como si lo hicieras vos y con una carbonilla! ¿Tenés papel blanco por lo menos?
Sí, eso lo traje…un block, y tengo un lápiz blando.
Antonio llamó a un tipo muy nervioso de gruesos lentes y con la cabellera ensortijada como quieriendo volar- después supe que era el director del programa y le dijo algo al oído…Allí todos hablaban bajo, estaba en el aire otro programa.
Entonces el hombre me llamó y me llevó a un rincón del amplio estudio, donde había una mesa alta, parecida a las de dibujo, sacó las cosas que llenaban la tabla y me dio las pautas que debía seguir:
-Tiene que hacer en la hoja en blanco un dibujo a lápiz, pero suave, que lo vea solo Ud. La cámara no lo “verá” y cuando le indique Ud. Empieza a refilar el dibujo como si lo estuviera dibujando al aire. ¿Entendió?
El retrato de Artigas ya lo había hecho muchas veces para el Día de los Niños, así que saqué el parecido rápidamente, cuando apareció de nuevo el director con una carbonilla, diciéndome que utilizara esa para dibujar.
El programa que estaban dando finalizó, así que los utileros corrían de un lado para otro armando la escenografía del próximo, donde yo debutaría con “Retratos al Carbón”. El programa se llamaba “La Puerta del Sol”, conducido por Del Valle, con locución de Cristina Morán, que se me acercó a preguntar cómo se pronunciaba mi apellido ¿Gezzio con G o con Y? ¡Con Ye, le dije?
Me colocaron una mesita de dibujo pero sin silla, tenía que dibujar parado. Puse la hoja y apronté la carbonilla y sentí ¡Acción!
Yo estaba más duro que rulo de estatua. No podía dibujar y para colmo enfrente a mí , agachado el director con los pelos parados, me hacía señas que empezara a dibujar. Ahí espabilé, comencé a sentir la voz melodiosa de Cristina, leyendo la historia sobre Artigas que había escrito Antonio. Me habían dicho que todo duraría unos tres minutos, pero el pánico que tenía me llevó a terminar en segundos el dibujo. Tenía una cámara por sobre mi hombro derecho que me filmaba y una voz que me decía: ¡Siga, siga dibujando!
Repasé el dibujo y lo llené de rayas hasta que ¡por fin!, la Morán se calló. De algun lado brotó una música y las cámaras se deslizaron hacia un falso living para la entrevista del día.
Salí de allí como si hubiese estado en un baño turco y me fui a la pensión. Me acosté y me dormí una larga siesta.
A la noche esperaba que García Pintos me dijera que ya estaba todo terminado. Se me acercó a mi mesa cuando llegó y me dijo:- Estuviste fenómeno y les gustó lo que escribí. Vamos una vez por semana y te van a pagar unos 300 pesos por dibujo…
No lo podía creer. Eso era mucho dinero para aquél año. El próximo dibujo fue un retrato de Clemente Estable. Me tomé mi tiempo y terminé el dibujo junto con la locutora. El director se me acercó y dándome la mano, dijo: -¡Muy bien! ¡Entendió los tiempos de la televisión! ¡Lo felicito!
Duró una temporada o sea un año. Me pagaron religiosamente semana a semana y fue una experiencia inimaginada para un dibujante que quería hacer tiras cómicas…

El escultor de la Patria
Pero no puedo dejar pasar otra anécdota que tuve justo un primero de mayo que a pesar de ser feriado, la programación no se cambió y debí ir a hacer mi retrato  al carbón. Mientras esperaba, sentado detrás de las cámaras, llegó un señor muy mayor que se sentó a mi lado y enseguida me empezó a hablar muy amablemente .Cuando le dije que yo era dibujante, me contestó que a él le gustaba mucho el dibujo y que cuando podía lo hacía para despuntar el vicio.
Reconozco mi ignorancia en aquellos años de los uruguayos destacados. Nacido en el interior, había vivido en Buenos Aires y conocía más los dibujantes de allá que los de acá, así que no sabía con quién estaba hablando. Pensé que sería un político a quien le harían la entrevista. Él bromeaba con que nos hacían trabajar un primero de mayo y que mejor estaría en su taller…Como siempre soy de pocas palabras y me cierro ante un extraño, la conversación no prosperó. Y me tocó el turno de dibujar. Después que terminé, se me acercó, me dio la mano y me dijo: -Lo hizo muy bien…¿Usa un dibujo suave de base, verdad?
Entonces por los parlantes escuché la voz de Cristina Morán anunciando al invitado del día: …”¡y con nosotros, hoy tenemos la presencia del gran artista José Luís Zorrilla de San Martín!...”


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viernes, 23 de julio de 2010

Memorias desde mi tablero

Mi "paso" por Mundo Uruguayo
La época del sesenta del siglo pasado era muy estéril en revistas o lugares donde publicar algo, como para comer todos los días y pagarme la pensión. Hacía poco que estaba en El Día y el cobro era magro, por lo que empecé a recorrer las oficinas de los otros diarios, pero ya todos tenían el personal estable: uno o dos dibujantes que hacían de todo: desde una caricatura hasta un aviso. Y cuando decía que ya estaba en El Día se terminaba la entrevista. No se acostumbraba a trabajar en diarios de la competencia, uno era del que lo tomaba y no podía dibujar para otro, esa era la excusa repetida que escuchaba. Salvo en La Mañana donde al Dr. Blengio Brito no le importó ya que necesitaba un historietista para el suplemento Pilán que publicaba el diario y así nació mi primera historieta cómica gauchesca: “Gauchito”. Pero el pago seguía siendo poco, así que seguí buscando hasta llegar a otra revista ya centenaria: Mundo Uruguayo que se imprimía en huecograbado en los talleres que tenía El Día en la calle Piedra Alta y La Paz. Una mañana llegué hasta esos galpones y pedí hablar con el director o quién fuera el encargado de arte. El moreno portero me dijo que subiera una pequeña escalera y preguntara por Pablo Bodó, director en esos años finales de dicha publicación. Así lo hice y luego de esperar un rato en la soledad de una atestada oficina, apareció un hombrecito de ceño fruncido y muy nervioso que me increpó para qué estaba yo allí.
Cuando le mostré los dibujos, me dijo que ya tenían un dibujante que ilustraba todo: José Rivera. Le dije que lo conocía porque hacía un tiempo estaba trabajando junto a él en la Redacción del diario. Entonces fue hasta una carpeta, sacó dos hojas mecanografiadas y me las dio, diciendo: -“¡Hágame dos ilustraciones de este cuento y tráigamelo!...Además me dio una revista de Mundo Uruguayo de la semana y desapareció, dejándome solo con el papel en la mano.
En la tarde leí y releí el cuento –un tema romántico ocurrido en algún lugar de Europa, por lo que tuve que buscar información sobre los vestidos, e hice los dos dibujos pedidos. Le agregué una aguada uniforme para darle un toque de gris, ya que lo hice a la pluma y había visto que la revista, al ser impresa en “hueco” permitía esos tonos.
Al otro día, temprano le llevé los dibujos, pero el portero me dijo que el señor Bodó iba solo dos días por semana y ese día no estaba, así que le dejara el material que él se lo entregaría “cuando lo viera”. Los metió en un sobre a lo que le pedí que le pusiera mi nombre, para que me recordara. El portero me dijo al despedirme: -“Venga el miércoles de la semana que viene que ese día el “arma” la revista…Y me fui bastante desilusionado, pensando que el sobre se podía extraviar, qué pensaría el fulano, en fin como que había sido un trabajo en vano.
Pasó la semana y el miércoles por la mañana volví al “galpón”. Al verme el portero me sonrió y señalándome l escalera me dijo: Está arriba, pero apúrese porque está por irse…
El hombre me miró sobre sus lentes, semiapoyado en un viejo escritorio lleno de papeles y me dio un ejemplar de Mundo Uruguayo recién salido de la imprenta:
¡Tome, fíjese en las páginas tal y tal!
¡Allí estaban mis dibujos publicados y a dos colores: lo habían virado al rojo y al azul y a pesar de la rara mezcla, para mí estaban hermosos!
-No sabía que los iba a publicar- le dije- pensé que eran de muestras…
-Las muestras ya las vi cuando vino la semana pasada ¿no? Tome este otro y hágame una ilustración porque tengo poco espacio en el próximo…
Gracias- balbuceé- ¿Y ésto como se paga?
En ningún momento había hablado de pagarme los dibujos ni cuánto, por eso mi inquietud.
-Cuando vuelva con el próximo dibujo, le doy un vale que lo cobrará en la ventanilla, en la caja del diario.
Y así fue. No pude hacer muchos dibujos porque para ahorrar, el director usaba ilustraciones que “tomaba” de revistas americanas, pero creo que el hombre se apiadó de un joven dibujante y vio el hambre en mi cara para darme algunos trabajos. Creo que ese fue el último año que se publicó aquella revista. Había cumplido un ciclo y la directiva de El Día tenía una serie de suplementos en preparación: “El Día de los Niños” entre ellos, que hicieron historia en la prensa uruguaya.   

domingo, 18 de julio de 2010

Memorias desde mi tablero

Mi tapa censurada
Durante muchos años pinté las tapas de Charoná, hasta que un día tuve una diferencia de criterios con Bóffano, el director y me fui de la revista. La revista salía quincenalmente y yo dibujaba además de la tapa, la historieta del indiecito y los posters, además de ilustraciones históricas, por lo que me debían avisar con tiempo el tema que debía dibujar. La secretaria me dijo por teléfono que debía hacer un Artigas en tapa, pero que el director quería que integrara a Charoná con nuestro héroe ya que también se conmemoraba el día de los abuelos. Hice un boceto y se lo llevé. Le gustó y me dijo que lo terminara rápido porque estábamos cerca de la fecha de entrega a la imprenta, así que le metí pincel y lo acabé. Como todavía no tenía computadora, le llevé el original pintado en cartulina canson. Me felicitó y dijo que había captado la idea: Charoná estaba recostado a una pierna de Artigas, que se hallaba sentado en un tronco. La vista era casi de arriba, por lo que el sombrero le tapaba algo del rostro, aunque el indiecito se veía completo, vestido con su taparrabos y las boleadoras a la cintura.
Me fui a continuar con la historieta y los otros pedidos. Al otro día me llamó la secretaria porque el director quería que le pintara otra tapa. Como no eran de hacer bromas, pregunté qué había pasado porque la tapa ya la había entregado el día anterior y debía estar en la imprenta a esa hora. Me dijo que no, que yo debía pintar otra tapa. La que había entregado no iba. Entonces pedí hablar con el director, quien me contestó que mejor fuera a la oficina así me explicaba.
Las oficinas estaban en la Plaza Libertad, en el edificio Pintos Risso y hacia allí me fui intrigado.
Ya solo con Bóffano me dijo que la tapa que le había dado el día anterior no la iba a publicar porque era inapropiada para una revista infantil, que los que la habían visto, le habían dicho que era “pornográfica”, porque Artigas tenía un niño entre sus piernas y que la gente podía pensar mal y eso no podía ocurrir, así que yo debía pintar otra tapa, aunque casi no tenía tiempo. Era para el día siguiente. Traté de explicarle que era alguna manija de alguno de esa oficina, pero el hombre se mantenía en su negativa, entonces, ya con la bronca a punto de estallar, le dije que no contara más conmigo. Desde ese día no le pintaría una tapa más y que me iba. Lo consideraba una falta de respeto a mi profesionalidad y en esas condiciones no estaba tranquilo, así que me fui…
Dos años después me volvieron a llamar porque el dibujante que me había sustituido no lograba hacer el personaje como yo lo hacía. Luego de pensarlo un tiempo “aflojé” y estuve hasta que la crisis del 2000, donde ahí sí me fui, pero casi despedido porque no podían pagarme.
El original pintado a mano lo hice mil pedazos, por eso el boceto que puse da una idea aproximada de la ilustración "censurada".     


sábado, 17 de julio de 2010

Miguel Rizzo, fotógrafo

Esta historieta fue publicada en Quimera Nº 7  y narra las peripecias de un fotógrafo de una revista de chismes y su novia, complicado con el delincuente de su futuro suegro. El guión fue escrito por mí.

jueves, 15 de julio de 2010

Lautaro Garrone (todo terreno)

Esta historieta se publicó en Quimera Nº 3 y es un tema que me faltaba hacer: el antihéroe expolicía, sin códigos para tratar con los delincuentes. Que tanto como da, como recibe. Un personaje dark de la city nocturna...El guión fue escrito por mi alter ego: De los Santos.