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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Memorias desde mi tablero


Esta tapa está dibujada por José Rivera

Mi mejor etapa como profesional fue sin ninguna duda- la de “El Día de los Niños”, aquél pequeño gran suplemento escolar que salía todos los miércoles y que durante 18 años integré su staff. Dirigido por un maestro inspector de escuela ya retirado, Nelson Gamboyi, -yo también hice estudios de magisterios, pero los dejé para dedicarme de lleno al dibujo-los demás también eran maestros y profesores que escribían los artículos. Y yo estaba junto al dibujante más completo y olvidado de nuestro país: José Rivera, artista de una enorme bonhomía, con el que aprendí muchísimo en la técnica de la ilustración y en el dibujo de animales- porque, aunque yo venía con un estudio completísimo de dibujo en teoría, la práctica lo es todo y qué mejor que estar al lado del mejor dibujante de animales y trajes, meticuloso en la búsqueda del detalle, a la altura del argentino José Luís Salinas, pero sin ostentar nada, solo demostrando semana a semana su valía en la pintura de carátulas que hizo para el suplemento y en las ilustraciones centrales. Dibujó la historieta Paloma y Pequitas, guionada por Eduardo Ferrer- hermano de Horacio y la primera aventura a color del “Pepe Ñandú”, que después me la encargaron a mí, por el exceso de trabajo que tenía Rivera.
Nos reuníamos los lunes a eso de las 17 horas alrededor de una enorme y antigua mesa, en la Biblioteca del diario, que se encontraba en el primer piso, antes de llegar a la Redacción. Allí todos teníamos voz y voto y era un placer compartir aquellas lecciones generosas de los maestros y maestras que llegaban con sus notas para que se publicaran en el suplemento. Julio Da Rosa (Juancito de Por Allá) con sus cuentos camperos y su don de gente, Angel María Luna, un gran poeta, maestro Luís Neira, maestra Diana Pouso de Adriazola, profesora Ofelia I. de Gambogi, profesores Guillermo Ritter, Flavio García, Dr.Anibal Barbagelata, Marcos Vernet, diagramadores Abate y jorge Pantazis,etc…En fin, en los años que estuve pasó mucha gente de gran valer y saber que hicieron del Suplemento una pequeña gran joya magistral y que estoy seguro- el que lo coleccionó-, aun lo tiene porque fue parte de su infancia, los mejores años de nuestra vida que se mantienen en un rincón del corazón, de manera perenne.
Como el suplemento era semanal y salía los miércoles, y nosotros nos reuníamos los lunes, ya teníamos el ejemplar para ver y criticar con anticipación. Y de esas críticas constructivas, realizadas por personas que sabían lo que hacían, el suplemento llegó a venderse más que el del domingo en algunas ocasiones. El suplemento en sepia de los domingos era institucional y tenía un merecido prestigio por las plumas que escribían sus sesudos artículos.
Pero también tuvimos dos números censurados por la dictadura. En uno yo había escrito y dibujado la toma de la Bastilla y en el otro, todo el proceso de independencia de los Estados Unidos. Parece que me excedí en las ideas de libertad de esos pueblos y por acá se sintieron “tocados” y no podían dejar que “eso de la libertad y democracia “ llegara a los niños y el suplemento, en dos oportunidades no salió a la calle, a pesar de estar completamente impreso. Debo reconocer a las autoridades del diario de ese momento y del director Gamboyi que se hicieron cargo como redactores responsables y a mi nadie me hizo nada.
Los primeros años lo ilustrábamos completamente Rivera y yo, pero un buen día aparecieron un joven Eduardo Barreto, el mismo que hoy dibuja para el exterior y que ha logrado lo que muchos desean, dibujar superhéroes y Walter Lemos,oficial de marina, que tenía el dibujo como deseo incumplido y fueron integrados al grupo y poco después llegó Cristina Cristar, hija de otro dibujante olvidado que había trabajado en El Día.
A pesar que el suplemento contaba con 32 páginas y ya éramos demasiado, la bondad y sabiduría del director Gamboyi, hacía que todos tuviéramos nuestra parte semana a semana, porque no hay que olvidar que todos éramos pagos y si no publicábamos, no cobrábamos.
Así me fui ramificando y aceptando otras ofertas que me habían hecho: hice álbumes de figuritas (que redituaban muy bien pero que me exponía a trabajar en velocidad en contra de la calidad. En ocasiones tuve que dibujar 350 caricaturas de jugadores en una semana o sacar las aventuras de Hulk, otras 300 figuritas en 5 días. No dormía por supuesto, pero lo bueno era el pago que lo manejaba yo de antemano con el cliente, y con un adelanto en la mano)

Ambas tapas fueron dibujadas por mi.
Después volví a la revista Charoná que había dejado por un malentendido económico, hasta que me llamaron para Patatín y Patatán.
Pero tuve los “primeros avisos de molestia” de la gente que dirigía el diario El Día, porque como mi nombre aparecía en primera plana, debajo de una ilustración donde decía que “William Gezzio era exclusivo de El Día”-yo sustituía Rivera una vez por semana y en sus licencias, así que me tocaba dibujar un telegrama humorístico que salía en la parte inferior izquierda de la carátula, la ilustración de corte político, retoque de fotos porque la impresión en aquellos años dejaba mucho que desear- me refiero a los 60s, 70 y 80. Cuando el diario pasó al sistema computarizado yo ya no estaba.
Volviendo a las “molestias”, me pedían que como yo era “exclusivo” no podía figurar en ninguna otra publicación y mucho menos si era para niños, como Charoná y Patatín.
Mi argumento fue que yo era un profesional al que no le pagaban exclusividad ninguna y que habiendo estudiado en Buenos Aires, allí eso no existía y yo dibujaría para quién me pagara. Fue el principio de mi salida de El Día. Un pobre dibujante armado con un lápiz y un pincel no iba a poder jamás con tantos “doctores en leyes” y para colmo estábamos en plena dictadura….