viernes, 15 de julio de 2011

Una revista "fuera de serie"



“Más allá de la Media noche”

Para contar sobre esta inusual revista que salió por mediados de 1980, qué mejor que ir a las fuentes: al “director” de la misma: Carlos Federici, que nos cuenta con lujos de detalles lo sufrido:
-“ No recuerdo exactamente cómo entré en contacto con esa gente, pero el hecho fue que se me ocurrió llevarles una “maquette” de revista que tenía preparada (era a mediados de los ’80s, y la bendita tecnología digital no había llegado aún a los talleres de diagramación, de modo que todo era a puros papel, tijera y goma), y, para mi sorpresa y (prematuro) alborozo, se me aceptó la iniciativa de inmediato.
            Mi idea era revivir y homenajear a las vetustas revistas “pulp” de los años 30, como también a mis queridas historietas de los ’50s, de manera que para los sumarios de cada número escogí varios relatos selectos de escritores norteamericanos y una historieta de olvidado comic book terrorífico, con el sano afán de evitar que tanto uno como el otro medio expresivo se esfumaran del recuerdo colectivo. Por supuesto, ni soñaba por entonces con que había de llegar el momento en que se pudiese rescatar aquel viejo material en un volumen inconmensurablemente mayor al que jamás habría podido alcanzar nuestro menguado esfuerzo, todo ello mediante la informática y la digitalización…
Sea como fuere, se me designó “director” de aquella incipiente publicación, aunque no tardé en comprobar que el cargo era sólo de nombre, ya que se ignoraron mis “direc­tivas” desde el comienzo, eligiéndose un título (“Más Allá de la Media Noche” [sic]), que además de estar incorrectamente escrito pertenecía a una novela de Sydney Sheldon, misma que seguramente quienes lo elaboraron desconocían. Luego, sin moles­tar­se en consultar al “Dire” se procedió a convocar a los ilustradores, con tan poco acierto como para pensar en profesionales que, siendo estimables en otros rubros, no reunían las condiciones requeridas para adecuarse a la línea estilística que yo buscaba y propuse.
            Tampoco se me permitió opinar con fuerza decisoria en lo relativo a la diagra­ma­ción, que se hizo como se quiso (mal) y sin apelaciones. El primer número que salió a la calle fue una decepción para mí, ya que cargaba el lastre de una serie de errores que una supervisión más rigurosa (nunca se me propuso que la llevara a cabo) sin duda habría mitigado. Intenté mejorar las cosas para el segundo, consiguiendo al menos que el amigo Gezzio entrase a ilustrar la carátula y algún relato, pues con él sí nos podíamos entender en cuanto a conceptos estilísticos.





            Pero no competía (y tampoco me habría gustado) “echar” a los poco idóneos, y así la mayoría de las ilustraciones resultaron, también en el segundo número, muy pobres, y con una tendencia al “gore” que era precisamente lo que yo había querido evitar. Me vi precisado a redactar una especie de “manual” para los ilustradores, aconsejando se evitaran detalles de mal gusto y exageraciones (¡quién me iba a anticipar las barbaridades que años más tarde invadirían las pantallas de cine y de TV!...), y proponiendo —con la mayor diplomacia posible— un mayor grado de autocrítica de su parte, ya que como (insólito en el medio) se pagaba relativamente bien por ese trabajo, naturalmente se afanaban por hacer muchos dibujos, y rápido, sin preocuparse dema­siado del resultado.
            No se hizo, por razones que no quise indagar, una publicidad adecuada, ni creo que tampoco haya sido brillante la gestión para la distribución; no es de sorprender, por tanto, que el proyecto haya naufragado en aguas del Mar Indiferente antes de cumplir su tercer intento.
            Lo último que recuerdo es que los “ejecutivos” daban toda la impresión de ser Grandes Empresarios, y así presencié, en alguna reunión extemporánea, apresurados “almuerzos” con algún “chivito” (“al plato”, eso sí, con tenedor y cuchillo como corres­pon­de) consumido directamente sobre el escritorio del “big boss”, que por lo visto no tenía tiempo para guardar las formas…”, termina Federici con sus recuerdos.
A mí me dieron a ilustrar unos personajes para niños de origen español-no recuerdo el nombre_, con los que hice algunas tapas, y luego me pidieron crear un personaje extraterrestre, que pensaban serializarlo en varios librillos. Lo hice también, pero no se publicaron porque, según el “boss” para Uruguay, desde España ya no enviaban el dinero para las impresiones. Y tuve varios meses detrás de este personaje para cobrar esos últimos trabajos. En fin, una historia más de lo que pasa con los dibujantes y escritores uruguayos que no teníamos ni sindicato ni asociación que nos protegiera. ¿Hoy lo tenemos? Porque yo no me he enterado.
 
Agradezco el escaneado y envío de las láminas por parte de mi amigo Carlos Federici, ya que yo no poseo ni un ejemplar de aquella singular revista y de originales ni hablar...