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lunes, 13 de septiembre de 2010

Memorias desde mi tablero

En la vida de un dibujante uruguayo suceden muchas experiencias “nefastas”, que tal vez en otros lugares con otra idiosincracia y nivel profesional no las haya, o yo no las conozca. A mí me han tocado las malas experiencias que según dicen, fortalecen el espíritu, aunque dejan marcas y sabores amargos, de los que preferiría olvidarme. Pero este blog lo hice con el fin de mostrar mis trabajos y contar mis anécdotas, por lo que no voy a dejar pasar estas:
Los cobros evasivos
Ya conté que estuve publicando en la revista "Rico Tipo" de la última época. El pago era menguado y yo estaba asentado en Montevideo, publicando en varios lugares, me faltaba tiempo para ir a Buenos Aires, por eso enviaba los dibujos originales en sobres a la redacción de dicha revista y el cobro lo iba postergando esperando alguna oportunidad para hacerlo. Así que un día, un “amigo”-reservo su nombre porque no hace a la historia- me dijo que al día siguiente iba para la vecina orilla. Yo le pregunté si me podría cobrar unos pocos pesos argentinos que tenía por allá, a lo que me respondió que le hiciera un poder que él me los cobraría. El hombre se fue y el tiempo pasó. Como a los dos años lo ví caminando por la calle Guayabos hacia el centro e intenté acercarme. Creo que bajó la mirada o hizo como que no me vio y se escabulló por una calle lateral. Me dio vergüenza ajena ir a preguntarle por mi dinero, ya que era tan poco que no valía la pena, pero desde ese día no lo consideré ni amigo, ni conocido ni enano de jardín. Años después coincidimos en una entrega de premios- Montevideo Comics me daba una estatuilla y el hombre barbado ni se me acercó a darme la mano. Espero que por lo menos se haya comido una buena parrillada en algun restaurante del Buenos Aires a mi salud.

Treta repetida
El otro “amigo” que me la jugó, me dolió más porque era y sigue siendo un colega. Yo había publicado unas historietas en una revista de una editorial argentina –MOPASA- y me pasaba lo mismo que con Rico Tipo: el pago era poco como para gastar en un viaje vía marítima como antes lo hacía, más el hotel, comida, taxi., así que un día conversando con este señor, me dijo que viajaría a Buenos Aires y como sabía que me estaban debiendo los dibujos, él me los cobraría. Volví a confiar y le dí un poder. Sucedió casi un calco con el otro “cobrador”. Le perdí la pista por años y cuando nos vimos, en ningun momento sacó el tema, por lo que lo dejé como otro “quebranto de caja”.

No hay dos sin tres
Para completar la trilogía, un día me llama un "colega" pidiéndome un poster del “Desembarco de los 33 Orientales” para publicar en la revista “Cosmik”, que era mitad argentina y mitad uruguaya. Como tenía premura, le ofrecí uno que ya había publicado en “Patatín y Patatán” y yo cobraría el 50 % de lo que cobraba por pintarlo. Aceptó y al rato apareció por mi oficina, llevándose el original y diciéndome que en cuanto se publicara, él mismo se encargaría de traerme el dibujo y el dinero. Cuando salió la revista, la compré para ver cómo habían impreso mi ilustración. No era gran cosa porque el papel no era de ilustración y los colores habían perdido en porcentaje, pero por aquellos años todavía las imprentas no habían traído las máquinas de última generación como tienen hoy, y había que conformarse…Llamé al teléfono del colega para preguntarle por el original y mi cobro…Varias veces hice las llamadas, hasta que me atendió una señora que quedó en avisarle. La revista desapareció de todos los kioskos al poco tiempo. …Eso fue por la década de 1980 y ya estamos en 2010...¿Espero un poco más o lo llamo de vuelta?