miércoles, 20 de enero de 2010

Memorias desde mi tablero

Lápiz, rapidograf y papel calco
Debe ser muy  frustrante no poder dibujar bien, o más o menos como alguno de los artistas que uno admira, por eso voy a contar un par de anécdotas que tengo en un rincón de los recuerdos, pero sin nombrar a los personajes ya que no es relevante a las historias.
Confieso que el método de estudio que hice se basaba en copiar los dibujos de mis profesores para aprender sus técnicas, lo que a la larga me llevaría a encontrar mi estilo, cosa que creo haberlo hecho hace ya muchos años. Pero la copia se hacía a mano alzada, sin calcar, lo que me viene a la memoria este personaje que en una mesa al lado de la mía, poniendo papel calco sobre  dibujos de otros dibujantes, lo calcaba línea a línea y cuando terminaba: ¡lo firmaba con su nombre!
Así publicó dibujos de Pratt, de Rapela, de Roume y de tantos otros,”adaptándolos” según la ilustración que tenía que hacer. Yo me escapé de su voracidad porque trabajábamos lado a lado.
Pero por lo menos se tomaba el tiempo y el esfuerzo de calcar un dibujo.

Para qué dibujar, si ya estaba todo hecho
Este otro personaje “robaba” literalmente dibujos y le ponía su firma. Como en aquellos años, internet no existía y las revistas extranjeras casi no llegaban a nuestra plaza, era muy difícil  detectar el plagio, pero para un recién llegado de Argentina como yo, y habiendo conocido el estilo del gran Arturo del Castillo, no era muy difícil ver el engaño que aquél “dibujante” le hacía a la empresa para la que trabajaba. Un día lo encaré y le pregunté si sabía que esos dibujos que publicaba bajo su autoría–usaba un seudónimo- eran del chileno del Castillo: la historieta en cuestión : “Los 3 Mosqueteros”de Alejandro Dumas.
Casi sin mirarme, me dijo que yo estaba equivocado y que esos dibujos eran hechos por él, y que el estilo podría ser parecido a ese otro pero que él no lo conocía…Y se fue lo más campante. Al otro año, en la misma revista ví una nueva historieta que me pareció era de un italiano: Dino Battaglia, que tenía una línea muy clara, un estilo muy avanzado para los 60´s y el guión era sobre el espacio exterior. Se llamaba “Selene” y estaba firmada por el "dibujante" en cuestión. Astronautas, naves espaciales, las antípodas del estilo de “Los 3 Mosqueteros”, en línea, guión y color. Sin movérsele un músculo de su cara me dijo que había cambiado su estilo para “aggiornarse”, pero que era de su autoría. Yo era muy joven y no quería enfrentarme a un dibujante que me llevaba más de 20 años y era muy respetado en la editora, así que puse “violín en bolsa” y me callé. El tiempo pasó y hace unos años, encontré aquella historieta en Internet, completa y con la firma de sus verdaderos autores: dibujos Dino Battaglia y guión Milo Milani, publicada en la gran “Corriere dei Ragazzi”.
Otro dibujante pragmático
Hay más, estando en otro diario junto a un verdadero dibujante que hacía sus dibujos de memoria prácticamente- yo lo veía, porque trabajábamos juntos- un día me dijo, bastante enojado:
-¡Gezzio, vamos a tener que pasarle la cuenta a fulano! ¡estamos trabajando para él! ¿viste cómo nos usa nuestros dibujos?-
y me mostró ilustraciones publicadas que eran casi calcos de dibujos de ambos, pero con la firma del novel dibujante. Pero no pasó nada. Nunca le dijimos que nos habíamos dado cuenta que nos plagiaba. Consideramos que estaba en una etapa de aprendizaje y que si quería copiarnos, lo hacía porque nos admiraba y aprendía.Y además se ganaba unos pesos…

Es normal que en todo dibujante se encuentre un atisbo de estilo de otro admirado, ya sea en la línea o en la manera de entintar porque aunque no queramos, ese estilo se nos ha “pegado” de tal forma que lo asimilamos mecánicamente con el nuestro.
Lo que no está bien es copiar TODO el estilo porque así se roba descaradamente el trabajo de investigación y los largos años de esfuerzo que ha sufrido ese dibujante hasta conformar su “estilo”.

Todo por un diploma
Un caso curioso que recuerdo, es el de un compañero que cuando la empresa donde trabajábamos le había pedido certificar sus estudios pués él había entrado a ese trabajo de dibujante; como decimos vulgarmente “en paracaídas” o “a dedo”. En fin, no tenía un diploma que certificara que había hecho algún curso de dibujo. Por esos años, Bellas Artes estaba clausurada por la dictadura y a este "amigo" se le ocurrió una idea salvadora: se inscribió en Continental School -la escuela de dibujo por correspondencia-, pero él tomó las clases personales. Fue una semana a esas clases y un día se apareció con un diploma ¡vacío!.Tuvo la suerte de hallar uno sobre una mesa  y sin que lo vieran. Entonces, haciendo gala de su caradurismo, rellenó los renglones con su nombre y demás datos y garabateó una firma. Presentó el diploma y se lo aceptaron.