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domingo, 21 de agosto de 2011

Cuadros al óleo


Este es mi hobby preferido.


Si tuviera que definirme en lo profesional, diría que primero soy pintor, luego dibujante, aunque toda mi carrera la hice dibujando, porque en mis comienzos la pintura tuvo un efecto magnético sobre mis deseos y fue lo que primero hice. Tal vez por imitación, porque mis tíos maternos eran todos pintores aficionados y alguno, escultor. Por la desgracia de ser una familia numerosa y pobre, ninguno de ellos cumplió sus aficiones, cosa que yo he hecho y creo que les pagué la cuenta con eso.
Dos de mis tíos: Mario y Antonio, llenaban cuadernos con dibujos a lápiz y coloreados con lo que tenían a mano, podía ser acuarelas o crayolas o lápices de colores. Antonio hacía pequeñas esculturas derritiendo plástico (y plomo también) y volcándolo en un molde previamente hecho. Luego lo alisaba con una escofina o lija, dándole la textura necesaria. Miguel hacía esculturas partiendo de un armazón de hierro al que le agregaba portland amasándolo manualmente hasta formar la figura. Generalmente eran bustos de hermosas mujeres que luego completaba con pinturas al aceite.
Rodolfo tocaba el violín y la pianola y ejecutaba obras de consagrados y también alguna de las suyas. Bernabé cantaba y tocaba la guitarra junto con Luís. Era una familia a la antigua, cuyos antepasados habían nacido en Río Grande do sul, donde trabajaban la pólvora, apelativo que se ganaron: ellos eran De los Santos Correia, pero les quedó de apellido Pólvora y así me llegó a mí también, después del italianísimo Geninazzio heredado de mi abuelo, que de artista no tenía nada, por ser un simple contadino venido del norte de Italia, del lago de Como, a principio del 900.
Mi madre me contaba que a los tres años yo copiaba las figuras de los envases y luego los coloreaba con algunos pocos lápices de colores que me regalaban mis tíos.
En primaria la maestra me pedía ilustraciones sobre cuentos que ella leía, pero mis compañeros no sentían envidia alguna. Eran otras épocas y estábamos en el interior del Uruguay. En Secundaria no me gustaba el dibujo técnico y siempre buscaba hacer ilustraciones o”naturalezas muertas”, ante la ofuscación del pobre profesor que no me veía involucrado en su clase. Sólo cuando empezamos con los pasteles (colores) me emplée de lleno y subí las notas.
En las tardes iba a la Biblioteca del pueblo a buscar libros de arte y los devoraba, estudiando las técnicas de Da Vinci, Michelangelo, Goya, Fragonard, Cezanne, en fin, el que pudiera encontrar en aquella escuálida biblioteca.
Como no tenía para comprarme óleos y pinceles, usaba pasteles y acuarelas. Le llené las paredes a mi casa con cuadros (pájaros, flores, paisajes) porque estaba apoyado por mi madre, mi padre tení pensado otro futuro para mí que no era ni el dibujo ni la pintura precisamente…
Cuando salí de Secundaria y empecé a estudiar dibujo, seguí pintando y junto con dos amigos de mi edad, nos propusimos formar un grupo de pintores y lo llamamos: “Grupo Torres Leiva” en homenaje al fundador de nuestra ciudad. Con unos cuantos cuadros (ya pintados al óleo porque había podido comprarlos) hicimos una primera exposición en el Liceo, cedido gentilmente por su director que también expuso sus obras junto a las nuestras. 
Fue un suceso ya que era la primera vez que sucedía algo parecido y nos llenó de orgullo. Aunque al mes siguiente me fui de la ciudad a empezar mi carrera de dibujante, mis amigos siguieron con las exposiciones ¡por 20 años más!, pero en la sala de un club deportivo que mediante un alquiler, la cedía una semana en octubre.
Yo seguí pintando, pero ya como hobby y porque me “calmaba”. Es una eficiente terapia la pintura y se la aconsejo a todos, aunque no sepan pintar.
Por supuesto que tengo varias anécdotas sobre mis pinturas pero las dejo para otras entradas: "Memorias desde mi caballete"...