domingo, 18 de julio de 2010

Memorias desde mi tablero

Mi tapa censurada
Durante muchos años pinté las tapas de Charoná, hasta que un día tuve una diferencia de criterios con Bóffano, el director y me fui de la revista. La revista salía quincenalmente y yo dibujaba además de la tapa, la historieta del indiecito y los posters, además de ilustraciones históricas, por lo que me debían avisar con tiempo el tema que debía dibujar. La secretaria me dijo por teléfono que debía hacer un Artigas en tapa, pero que el director quería que integrara a Charoná con nuestro héroe ya que también se conmemoraba el día de los abuelos. Hice un boceto y se lo llevé. Le gustó y me dijo que lo terminara rápido porque estábamos cerca de la fecha de entrega a la imprenta, así que le metí pincel y lo acabé. Como todavía no tenía computadora, le llevé el original pintado en cartulina canson. Me felicitó y dijo que había captado la idea: Charoná estaba recostado a una pierna de Artigas, que se hallaba sentado en un tronco. La vista era casi de arriba, por lo que el sombrero le tapaba algo del rostro, aunque el indiecito se veía completo, vestido con su taparrabos y las boleadoras a la cintura.
Me fui a continuar con la historieta y los otros pedidos. Al otro día me llamó la secretaria porque el director quería que le pintara otra tapa. Como no eran de hacer bromas, pregunté qué había pasado porque la tapa ya la había entregado el día anterior y debía estar en la imprenta a esa hora. Me dijo que no, que yo debía pintar otra tapa. La que había entregado no iba. Entonces pedí hablar con el director, quien me contestó que mejor fuera a la oficina así me explicaba.
Las oficinas estaban en la Plaza Libertad, en el edificio Pintos Risso y hacia allí me fui intrigado.
Ya solo con Bóffano me dijo que la tapa que le había dado el día anterior no la iba a publicar porque era inapropiada para una revista infantil, que los que la habían visto, le habían dicho que era “pornográfica”, porque Artigas tenía un niño entre sus piernas y que la gente podía pensar mal y eso no podía ocurrir, así que yo debía pintar otra tapa, aunque casi no tenía tiempo. Era para el día siguiente. Traté de explicarle que era alguna manija de alguno de esa oficina, pero el hombre se mantenía en su negativa, entonces, ya con la bronca a punto de estallar, le dije que no contara más conmigo. Desde ese día no le pintaría una tapa más y que me iba. Lo consideraba una falta de respeto a mi profesionalidad y en esas condiciones no estaba tranquilo, así que me fui…
Dos años después me volvieron a llamar porque el dibujante que me había sustituido no lograba hacer el personaje como yo lo hacía. Luego de pensarlo un tiempo “aflojé” y estuve hasta que la crisis del 2000, donde ahí sí me fui, pero casi despedido porque no podían pagarme.
El original pintado a mano lo hice mil pedazos, por eso el boceto que puse da una idea aproximada de la ilustración "censurada".