sábado, 1 de enero de 2011

Mi superhéroe criollo

No es Superman, ni es Superpibe, ni es un meteorito, ni un Ufo...¿qué corno es eso?
Ya hacía más de diez años que dibujaba el negrito en mil travesuras, cuando se me ocurrió darle un giro al personaje y le presenté la idea al director del suplemento de los niños. Con la afabilidad que lo caracterizaba, Nelson Gamboyi me dio el visto bueno y agregó que era buena idea hacer un superhéroe en broma, así que le dí rienda suelta a mis lápices y en el correr de 1982, empezó su corto vuelo. Digo corto porque al año siguiente dejé el diario y ya no dibujé más al “super”, pero se publicaron unas cuatro aventuras de 8 y 10 páginas a color cada una. Lo que puedo asegurar es que me divertí mucho escribiéndolas y dibujándolas y aun hoy me causan gracia. 
El Super se publicó de a dos páginas semanales a color que como pueden ver, está desfasado en muchas partes, debido a que en aquella época, se hacía el dibujo en negro y se pintaba en hoja separada el color, aunque muchas veces cuando la cartulina lo permitía, pintábamos por el reverso. En el taller se encargaban de montarlas, pero la técnica no era perfecta y así salía. ¡Cómo nos hacía falta la computadora ya que todo lo hacíamos a mano y calcábamos sobre el lineal en negro para después pintarlo con fibras de colores o tintas eccoline o acuarelas!
En esta aventura, el Super se enfrentaba a intrusos extraterrestres que nos querían invadir (¡ese día yo estaba de original!) y fue la última. Las otras ya las había publicado.









No se nos permitía dibujar más grande que al tamaño en que se publicaría, porque-según ellos-así ahorraban en tiempo y nosotros debíamos adaptarnos a dibujar en chico, con el inconveniente de que cualquier corrección o error se notaba luego. Lo ideal para cualquier dibujante es hacer el dibujo al doble de lo que va a publicarse o en su defecto al 30 %, así pasan desapercibidos los defectos de línea y el trabajo en general gana en imagen.


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