lunes, 25 de junio de 2012

¡A Balazos!!!



Esta nota la escribió nuestro amigo y socio Pablo Dobrinin, de la cooperativa que editó

la revista Balazo,para el último número que publicamos, el 9 y donde explica los sinsabores y desdichas que tuvimos que pasar para hacer realidad un viejo sueño: 
la revista propia.
¡Celebramos un año de 
comics a la uruguaya!

Por Pablo Dobrinin


Con esta edición que tienen en las manos ( Balazo N° 9 de Agosto de 2000), estamos celebrando un año de trabajo.
La ocasión nos parece propicia para contarles las distintas alternativas –desconocidas para la mayoría de los lectores que nos llevaron hasta estas instancias. Tomando en cuenta que esta revista es tan nuestra como de ustedes, pensamos que les agradaría saber un montón de detalles que seguramente servirán para conocernos mejor.

Un viejo sueño

Williams Geninazzio –Gezzio- y Rolando Salvatore habían tenido un sueño que año tras año este último se encargaba con insistencia de recordar: sacar una publicación que reviviera el espíritu de las historietas de antaño. Por distintos motivos, fundamentalmente económicos, el proyecto demoraba en concretarse. Un buen día, estos amigos llegan a la conclusión de que la mejor forma de abaratar los costos es integrar a más miembros al equipo. Así invitación mediante se unen Ernesto Cantonnet y un servidor. Luego de un par de infructuosas reuniones en la que manejamos costos de publicación, y en las que incluso llegamos a estudiar la posibilidad de hacerla en fotocopias, arribamos a la triste conclusión de que el proyecto era económicamente inviable. El problema ya no era reunir el dinero necesario, sino que aún logrando esto, la revista iba a llegar al público a un precio exorbitante. La importancia de una muestra de historietas
Pero la providencia nos tenía una gran sorpresa: el 12 de mayo de 1999 en la Fundación Buquebus se inauguró la recordada muestra “Noveno Arte-Historieta uruguaya”. Allí tuve la fortuna de reencontrarme con Daniel Puch, un amigo con el que años atrás habíamos trabajado en Diaspar, una entrañable revista de ciencia-ficción y fantasía que estaba dirigida por Roberto Bayeto. Cuando a Puch le comenté lo que nos traíamos entre manos y las dificultades a las que habíamos enfrentado, él se nos unió y tuvo el enorme mérito de sacar la piedra que nos obstruía el paso: consiguió una imprenta que nos presentó un presupuesto razonable. Posteriormente el grupo terminaría de integrarse con la llegada de Carlos Maria Federici y Daniel González. Después establecimos que seríamos una cooperativa, con igualdad de voto para cada uno de sus miembros y empezamos a trabajar.

El primer Balazo

En julio de 1999, con gran emoción, pudimos por fin deleitarnos con el olor a tinta fresca del número uno de Balazo. A sugerencia de Gezzio adoptamos un formato similar al de la legendaria “Hora Cero”, lo que concordaba con la frase: “El regreso de la aventura” que encabezaba el título de la revista. También en la tapa incluimos “Historietas Uruguayas”, para que nadie dudara de que se trataba de una publicación nacional. Conforme a este propósito incluimos historietas de todo tipo: policial, guerra, ciencia ficción, indios y soldados norteamericanos, etc., además de un artículo sobre el nacimiento del cómic en 3 dimensiones y una entrevista a Angel Umpiérrez. Luego salimos a buscar publicidad, iniciamos la siempre ardua labor de distribución a consignación-librería por librería y mandamos ejemplares de obsequio a diversos medios de comunicación y en varias ocasiones fuimos entrevistados en prensa, radio y televisión.
Debemos destacar en este sentido la buena disposición de los programas y diarios, que de esta manera, nos proporcionaron una difusión gratuita. Pero nada sería fácil para Balazo, y muy pronto íbamos a descubrirlo.

La aventura de sobrevivir

El escaso tiraje (300 ejemplares) provocaba entre otras cosas un elevado costo por revista y que los márgenes de ganancia se vieran reducidos al mínimo, situación que todavía se mantiene. Desde el primer momento tuvimos muy en claro que no hacíamos esto por dinero sino simplemente por el gusto de hacerlo.
Cuando salimos a conseguir publicidad la tarea no fue fácil, de hecho, de las cuatro publicidades que aparecen en la contratapa del segundo número, había dos que no nos reportaron ningún beneficio, porque no eran más que una excusa para difundir el trabajo de los integrantes de la revista: “Comigráfika” (sitio de internet destinado a difundir a los dibujantes nacionales) y “Maquetas y croquis” (de Daniel González”). Con el tiempo aparecerían otras publicidades gracias a las cuales hemos podido sobrevivir. En lo que respecta a la repercusión que tuvo Balazo, recibimos comentarios de todo tipo.

Críticas buenas y de las otras

La respuesta del público fue estimulante, ya que por lo menos nos permitió financiar la salida del segundo número, si bien nos consta que mucha gente la compró con el fin de apoyarnos.
En los medios de prensa la inmensa mayoría de las críticas tuvieron un tenor similar. Primeramente celebraron la mera aparición, pero luego comenzaron a afinar la puntería y a señalar virtudes y defectos. Así por ejemplo, la entrevista y el artículo tuvieron una buena acogida, postura que, afortunadamente, por lo que hemos oído y leído, aún persiste. En el resto del material no nos fue tan bien. Se nos acusó de que en general hacíamos una historieta pasada de moda que no tenía mucha razón de existir en los tiempos que corren. Esto sirvió de estímulo para que algunos miembros de Balazo realizaran una crítica a nivel interno, haciendo oír sus voces de disgusto hacia el material que algunos de sus propios compañeros había incluido.
Empezamos a cambiar
En el número dos, Alejandro Colucci se integró a la cooperativa, en principio para dedicarse a las tapas, lo que fue muy bien recibido por propios y ajenos, si bien hay que señalar que la tapa anterior no había sido objeto de mayores ataques.
Una de las primeras historietas en desaparecer fue “El Capitán Rayo” acusada de presentar un humor “ingenuo y explicado”. El golpe en este caso fue dirigido para mí, que realicé el guión. Debí reconocer que me había equivocado en incluirlo, ya que ese personaje en realidad yo lo había pensado para un público juvenil y aquí desentonaba. Un proceso similar fue el que realizó Gezzio. A mi buen amigo le echaron en cara que su “Capitán Kane” (notablemente dibujado) que luchaba contra los “indios seminolas” estaba fuera de época, no era posible seguir presentado a los indígenas como los malos de la “película”.
Ciertamente, cuando Gezzio realizó esta historia, no había pensado en este detalle, por que lo que él tenía en mente era sencillamente lograr una historia de aventuras como las que muchos habíamos leído cuando éramos más jóvenes. Pero la edad de la inocencia ya había terminado. Desde que intelectuales como Dorfman, Mattelan y Eco comenzaron a demostrar el componente ideológico en comics aparentemente neutros, la situación ya no es la misma.
El “Capitán Kane”, que nunca conoció a estos señores, debió despedirse de sus nostálgicos lectores.
Si bien estaba previsto para más entregas, murió a manos de un seminola en el número tres.
El número dos también trajo un aporte trascendente: “Ismael”, de José Rivera. ¿Cómo se imaginan que la crítica reaccionó ante una obra publicada por primera vez en 1959?
Ismael

La primera vez que vi Ismael no fue en las páginas de El Día, sino en una edición especial íntegramente dedicada a la historieta nacional (enero de 1983) de la revista El Dedo. En apenas 4 páginas Elvio Gandolfo había realizado un homenaje a este insigne dibujante en el que, además de hacer un notable análisis de su estilo, comentaba que tanto las planchas como los originales habían desaparecido. Recuerdo que cuando llegué a este punto de la lectura sentí un gran pesar, ya que, observando las viñetas que se reproducen en el articulo, quedaba muy claro que se trataba de una obra excepcional. Cuando Balazo ya estuvo en la calle, se me ocurrió que –haciendo una restauración digital de las tiras aparecidas en El Día- podíamos recuperar esa joyita. Le comenté a Gezzio la idea y se mostró muy entusiasmado, de manera que me puse a trabajar. Conseguí una entrevista con Rivera y logré convencerlo de reeditar su obra. El propio Gezzio se encargó , desde entonces, pacientemente, de “limpiar” –computadora mediante- las tiras semidestruidas y algo amarillentas. La crítica, después de este arduo trabajo se mostró –enhorabuena- muy receptiva. Estaba clarísima la diferencia entre algo pasado de moda y un verdadero clásico. Como hemos afirmado otras veces, esperamos en un futuro no muy lejano, poder editar un Balazo-extra que contenga la totalidad de la historieta.
Cambios en la integración
En el número tres, por discrepancias de política editorial, Rolando Salvatore abandonó Balazo. Para nosotros fue una pérdida muy importante, por todo el empuje que él le había dado a la revista, hasta ese momento era quién más se había movido para conseguir publicidad, promoción en los medios e inclusive puestos de venta. Su voluntario alejamiento no impidió que, en una elogiable actitud profesional continuara, puntualmente, con sus entregas del “Alacrán” hasta finalizar la aventura.
Consecuentemente con este hecho, invitamos a colaborar a guionistas, articulistas y dibujantes ajenos al staff. Desde entonces venimos recibiendo un buen número de aportes que prestigian la publicación.


Siguen los cambios
              Hasta ese momento, pese a algunas críticas apresuradas, Balazo no había sido una publicación para “viejos”, sino en honor a la verdad, ofrecía una mezcla. Por ejemplo, hay que pensar en la entrevista a Barreto, un artista de indiscutible vigencia, o en “Marco Alvarado” que cuenta con una importante legión de seguidores. El resto del material se repartía entre dibujos de tipo clásico y notas similares.
Las críticas más duras habían sido para los guiones de “Capitán Kane”, “Capitán Rayo” y “Alacrán”. En la medida que se eliminaron estas historietas y se hicieron algunos aportes, la revista empezó a redimensionarse.
En el número siete sugería la inclusión de dos secciones que están a mi cargo: un correo de los lectores u Panorama del comic uruguayo”. A partir del ocho, Gezzio incorporó otra sección destinada a las novedades del comic internacional. ¿Dónde nos deja todo esto?
El perfil definitivo de Balazo
             Creo que después de analizar esta historia de Balazo, ha quedado demostrado que tuvimos la suficiente enteresa como para reconocer errores y un inquebrantable espíritu de superción siempre con la idea de darle a los lectores lo mejor. Hoy la revista apunta al pasado, presente y futuro de la historieta, no solo nacional sino también internacional. Con el correr del tiempo, y siempre que sigamos teniendo el apoyo de los lectores, Balazo habrá dejado un material que será de gran utilidad, tanto a estudiosos del comic como a los aficionados.
¿El último Balazo?
            Cuando llegamos al número 6 nos planteamos la siguiente pregunta:
¿seguimos o cerramos?
La razón era la siguiente: después de tanto trabajo, nadie llegó a percibir una remuneración económica. Nada, ni un solo peso, ni siquiera retiramos lo invertido en el número uno. El dinero que cobramos por la venta de un número apenas alcanzaba para pagar el siguiente. Se pueden hacer las cosas por amor al arte, pero luego de un sexto número uno empieza a cuestionarse esta idea. Sacar periódicamente una publicación de este tipo implica que muchos deban quedarse sin domingos, o robarle horas al sueños. Pienso por ejemplo en Gezzio, que con todos sus años de dibujante profesional y el arduo trabajo que tiene para cumplir con los medios que sí le pagan, se quedaba hasta altas horas de la madrugada para cumplir con el armado de la revista, seleccionar el material o terminar de dibujar una historieta.
Situaciones similares se vivían en el resto de los integrantes del equipo y esto lógicamente genera un progresivo desgaste, que incluso repercutía en la familia de cada uno. Tan así, que en un momento dado, estuvimos a un pasito de cerrar. Sin embargo, continuamos. No estábamos conformes con todo lo publicado, ni mucho menos, pero haciendo un balance de los seis números editados hasta ese momento, llegamos a la conclusión de que en cada uno de ellos siempre había algo que valía la pena, y que en conjunto, habíamos logrado por lo menos una obra meritoria. Además, nos daba pena cerrar justo cuando acabábamos de convertirnos en la publicación más longeva que registra la historia del comic uruguayo. Mucha gente se había lanzado en aventuras similares, y la mayoría no había tenido más remedio que cerrar. Nosotros en cambio, teníamos la posibilidad de elegir. Por otra parte, sentimos que no podíamos decepcionar a los lectores que nos apoyaron, esperaron y estimularon. Por eso estamos aquí, para seguir recordando y construyendo la historieta uruguaya. Más allá de hipotéticas ganancias, mientras nos quede el suficiente dinero para financiar la edición siguiente, continuaremos saliendo.
Con el apoyo de todos, habrá Balazos para rato 
(Esta línea final, sólo quedó como una expresión de deseo, porque allí terminamos la aventura, aunque yo seguí armando, dibujando, escribiendo otros números de Balazo que espero subir a la web. Por lo pronto ya lo hice con el Anuario que está para leer y descargar. )

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