jueves, 7 de enero de 2010

Humornautas, humor espacial


Esta es una media página del diario dedicada a las historietas y entretenimientos. 
Allí estaba mi "Humornautas".




Cuando entré al diario El Día, allá por 1965, se publicaba una página de entretenimientos,  con tiras americanas y “El detalle que faltaba” tira del argentino Felipe Dobal; un cartoon “Las 7 diferencias”, dibujado por un tal Fola, (años después conocí a Geoffrey Foladori, el inglés que vivía y dibujaba desde Montevideo y sus trabajos eran distribuidos por la agencia “Opera Mundi”.)el infaltable  horóscopo, palabras cruzadas y la programación de la TV.
Por supuesto que lo primero que hice fue intentar “entrar” con una tira en esa página, pero fui rechazado, no por que mis dibujos fueran malos –el diario ya me había empezado a publicar- sino que como todos los diarios de la época eran proveídos por material sindicado y eso les salía más barato, en el “paquete” venían fotos, noticias y cualquier cosa que el editor de turno necesitara para relleno.
Años después, Fola dejó de publicar en esa página y fue sustituído por Angel Umpiérrez con su cartoon “Las 7 semejanzas”.
Me hice muy amigo de Umpiérrez, era un hombre muy generoso y me dio las pautas de cómo vendía sus trabajos: la tira muda “Don Cristóbal” y el cartoon “Las 7 Semejanzas”. Había dejado la agencia que le distribuía sus dibujos porque lo estafaron y entonces él era su propio representante.
Viajaba mucho y en cada ciudad que iba, dejaba muestras de sus trabajos en los diarios y a los que no llegaba, enviaba por correo un muestrario que tenía preparado para ese fin. Así publicó en muchísimos diarios de la Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador y Centro América. Y como era amigo de Fola, éste le avisó que dejaba de colaborar con El Día y, ni corto ni perezoso, Umpiérrez entró enseguida.

En aquella época, la imagen (foto-dibujo) a imprimir era grabada al agua fuerte en un plato llamado “cliché”. El cliché se hacía generalmente de un polímero que consistía en un apoyo de metal o de acero endurecido. Entintada su superficie se imprimía y eso era lo que Umpiérrez hacía. “Cobraba” en clichés para después sacar copias y así revenderlas en otros diarios y eso le daba la ganancia, que era lo que me propuse hacer. Mi oportunidad llegó cuando Amstrong pisó la Luna. Se me ocurrieron chistes mudos sobre ese tema de mucha actualidad y presenté muestras bajo el nombre de “Humornautas”, al secretario de redacción que me mandó a hablar con el gerente. 
Creo que lo que más influyó en la decisión de aceptarme los cartoons fue que yo les puse como único precio el cliché de cada día. Y así entré en la página de historietas del diario con mis personajes planetarios metidos en un cuadrito (cartoon) pero al poco tiempo me dí cuenta que había hecho un mal negocio: los chistes no eran tan fáciles de hacer: el tema era muy restringido y al estar dibujando para el suplemento El Día de los Niños, casi no tenía tiempo y siempre llegaba tarde con mi cuadrito, pero yo me lo había buscado y tenía que seguir el consejo de Umpiérrez: “tenés que dibujar algo original, mudo, así se puede publicar en cualquier país y lo cobrás después, cuando se publique en otros diarios”. 


Pasado un año, tenía una caja hasta el tope de clichés de metal que pesaban una tonelada y no había colocado nada en otros diarios, solo en el semanario “El Eco de Palmira” de mi ciudad, que por supuesto, no les cobré nada. No podía gastar tanto en paquetes con muestras para enviarlas por correo a los diarios.Aunque envié a los más importantes. Clarín me contestó protocolarmente diciéndome que tenían el staff completo (era cierto ¡y qué dibujantes!), y que por el momento no iban a publicar nada nuevo. Y así llegué al tercer año cuando el secretario de redacción de El Día me informó que ya no tenían interés en ese dibujo (debo confesar que yo ya no tenía ni ideas )y todo terminó en buenos términos, porque seguí en El Día de los Niños y en el propio diario con mucho trabajo.
Ya había concretado mi sueño de publicar en una página de historietas…






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