domingo, 25 de junio de 2017

UN LIBRO DE ENORME TRASCENDENCIA PARA LOS DIBUJANTES URUGUAYOS

LA HISTORIETA EN EL URUGUAY 2
AUTORES 
Por Gabriel Mainero

Gustavo Cortazzo, Gabriel Mainero y Carlos M. Federici en la Biblioteca Nacional, el 23 de junio en el lanzamiento del libro  (2º Tomo), ya que el primero fue hecho en el Museo del Humor y la Historieta  en la ciudad de Minas.


La INTRODUCCIÓN del libro es pertinente ponerla aquí ya que aclara muchas cosas donde el autor se hace cargo y expone con franqueza errores gramaticales, ausencias de autores y alguna anomalía en el diseño, dejando en claro para los que solo ven la paja en el ojo ajeno, pero que no han recordado a la grey de dibujantes que existen casi invisibles doblados sobre sus tableros buscando realizar un sueño que cada día cuesta más .Gabriel Mainero no es un escritor, él mismo lo reconoce, pero sí es una generosa persona que ha invertido tiempo, rabietas y dinero para que los dibujantes uruguayos seamos recordados en el futuro.
INTRODUCCIÓN DEL LIBRO 
Apreciados lectores:
En este segundo volumen sobre la Historieta en el Uruguay, en lo que atañe  a quien suscribe, necesita el pretexto de un diálogo previo con ustedes. En primer lugar, para presentarme, y otros asuntos que me importan.
Soy un escribidor pasional, una suerte de lobo solitario (una simple figura retórica, ya que, como tal, es más una alusión ficcionada que verismo social entre esos mamíferos). En consecuencia, en esa solicitada atención hacia mi persona, en oportunidad de la lectura del texto que tienen en sus manos, el  lector me  va a encontrar en muchas situaciones como coprotagonista, no solo redactor.
Como el que avisa no traiciona, este libro es muy personal.
Quienes hayan adquirido este segundo volumen, van a encontrar mi pensamiento. Es la respuesta de mi “yo” comprometido con esta historia muy particular que elegí investigar y cuyo derrotero estuvo jalonado de satisfacciones y sinsabores, nada distinto con lo que cada uno de Uds. conoce de sí mismos. La Historieta en el Uruguay  es algo más que dibujitos bien logrados, algo de aventuras, una pizca de humor, en blanco y negro, en color, en diarios, revistas, fanzines, con formatos diversos, antojadizos, criteriosos.  Por amor a la historieta, por décadas de lecturas, por coleccionismo, me encontré investigando (la primera vez para ayudar a un periodista,  Luis Conde,  de la RTV española, a su vez amante y estudioso de los tebeos) aportándole lo que modestamente Uruguay ofrecía dentro de un mayor y amplio contexto mundial,  para una exposición itinerante que estaba organizando.
Eso fue en 1986.
Pero ya, en 1970, a partir de un grupo de coleccionistas que nos reuníamos  en casa, y teniendo una relación con España colaborando literariamente,  comencé a traer para mí la nueva historieta francobelga (traducida y/o en francés) y, a partir de ello, cumpliendo peticiones,  también para esos amigos. Así, nació el concepto de Rincón del Coleccionista, lo que generó el desarrollo de otra iniciativa:
Crear una librería especializada.
Fue lo que me posibilitó conocer, tratar y apreciar a una gran cantidad de dibujantes  nacionales. Con algunos establecí amistades estrechas, sólidas.  Compartí sus sueños, viví sus angustias, y  estimulé y amparé sus trabajos ofreciéndoles espacios físicos para exponerlos.
Al dibujante Ardito le encargué un letrero: Comic Nacional.  Aún encabeza en forma decorativa el sitio privilegiado que creé para todos ellos.
Por algún tiempo, mientras crecían e independizaban, el Rincón del Coleccionista fue – una vez instalados en el Centro de la ciudad-, en algún grado y para algunos, extensión de sus casas; para otros, una suerte  de hogar sucedáneo. El compromiso de El Rincón con cuanto evento, concursos  surgían, no era una simple exposición de género para comercializar, sino campo vital en el que se manifestaba ese  entusiasmo generacional.  Igualmente fue lugar de tertulias, alguna que otra conferencia (la palabra me abochorna por su pretensión) con profesores y alumnos liceales.
Algunos trabajos académicos encontraron acogida y sostén en su universo múltiple.
Todo ello luego pasó. En mi filosofía de vida, siempre tuve claro que nada era para siempre.
La vida golpea donde más duele. Pero en memoria de quienes se apearon en el camino, nos sobrepusimos a sus ausencias, a los ramalazos de los dolores y las crisis que llegaron,  como si aguardaran en  fila su turno para someternos a pruebas.
Persistió mi amor hacia lo que llenaba mis horas, mi vida. Así lo señalé en una entrevista a un matutino. Investigar, saber quiénes eran toda aquella legión de soñadores, saber por qué hacían lo que hacían y, en eso, continúo aún, y ahora  escribiendo sobre ellos. 
Valga, apreciados lectores, este apartado como mi presentación.
Terminada mi colaboración con el primer volumen “Un viaje por el Tiempo 1896-1955”, comencé a visualizar mi siguiente proyecto. Conocía a muchos actores. A los que no, me presenté.  Procuré involucrarlos.  Necesitaba acceder a sus historias más profundas.   
Me encontré con seres de carne y huesos  que habían crecido, madurado. Con triunfos y con fracasos. Unos con grandes bagajes; otros, apenas una mochila.
La mayoría, continuaban apasionados  con lo suyo.  Un arte que se cultiva en soledad, frente a una hoja en blanco, con ideas propias, o aportadas por otros. No hay dos que se parezcan. Y no me refiero a estilos o grafismos. Sino a aquello que los distingue, a la fuerza que los impulsa, a los demonios que ellos mismos convocan. Y también a descubrir la luz que emiten, porque  en esencia son ángeles en estado de gracia.
Crear es propio de aquello que los diferencia del resto de los mortales.  Y ello rige para todos los que, a partir de un pensamiento, dan forma a múltiples universos y los ponen al alcance del resto de los humanos para su solaz,  el aplauso, el rechazo o  la indiferencia.
Aquella mayoría -reconocidos como artistas profesionales hoy-, aceptaron acompañarme en este nuevo emprendimiento.  Otro resto, a la distancia, lejos de las fronteras, aceptaron la invitación de este  cuasi desconocido  a participar de  un trabajo del que no hay antecedentes en nuestro país.

Un desafío del cual pretendo salir lo más airoso posible.
Fue difícil  - y parte del intento -,  lograr un equilibrio en la mirada y, si alguno de los aquí presentes detecta  lo contrario,  sabrá  disculparme.  Lo único que puedo garantizar, es el apego a mi sentido de la honestidad.  La mayoría me ayudó mucho; otros,  es cierto, menos y, los menos, nada.
Estos últimos son los que desatendieron mi convocatoria.   No arriesgo razones  por aquello de “razones tiene la Santa Madre Iglesia.” O sea… silencios incomprensibles, actitudes que no comprendemos.  De la sumatoria, el resultado son estas crónicas  que tienen  en sus manos.
DEL  TEXTO.
En poco se reconocerá  el modus operandi  utilizado en el primer volumen.  Una cosa consistió – en la medida de nuestras posibilidades y esfuerzos- ordenar todo lo que pudimos investigar sobre actores ya desaparecidos entre 1890-1931. Mi compañero, que no se contentó con el arco temporal pactado, comenzó donde creyó necesario y llegó hasta 1955, fecha de fallecimiento del estimado
Emilio Cortinas.                                                                                                
Este trabajo comienza con una ventaja ya que se alternan muchos artistas felizmente aún entre nosotros, con quienes pudimos conversar, o invitar a participar en algo así como “cuéntanos tu vida”. El interés del suscripto es mostrar quién está detrás de un dibujo, cuál es -o fue -su itinerario vivencial, qué originó el primer trazo de su lápiz,  por qué se embarcó en el área del  lenguaje gráfico secuencial  que no es pródigo  en lo económico – al menos en nuestro país-.Cada uno de los artistas aquí presentes  tienen algo de Sísifo.  Su camino ha estado (o está) erizado de dificultades, de bajo reconocimiento. Los aplausos, cuando los hay, son medidos, casi mezquinos. 
Su exposición es tan efímera como el trazo dejado por una estrella fugaz.
Unos muy pocos escapan a esta definición y relevamiento.
EL ARTISTA COMO OBJETIVO
Con respecto al modelo diseñado, este libro procuró hacer hablar a sus actores,  a que nos cuenten historias.  La tarjeta que identifica al artista  es su biografía, recreada a partir de sus relatos  u,  ofreciéndole las páginas en blanco, el beneficio de desplegar  su memoria y anecdotario sin restricciones, salvo  - condición sine qua non - cuando pudieran suscitar polémicas o situaciones enojosas con terceros.
En un caso muy concreto -  Eduardo Barreto, amigo íntimo-, mi involucramiento fue inevitable. Tuve la necesidad de recrear escenarios y recuerdos, pues se nos fue sin dejarnos la entrevista que hubiésemos  ambicionado hacerle.
En el resto, he puesto mi mejor voluntad  en respetar al pie de la letra los relatos  que me brindaron
(salvo – como advertí -,  que violentaran la imparcialidad de este libro),  agregándoles el marco que se merecen  con  la menor intervención posible. De ese enfoque, creo que encontré la fórmula de registrar en la diversidad, aquello que hace del estilo, el hombre. Cada uno de ellos, sus vidas y circunstancias (Ortega y Gasset).
En este incompleto catálogo espero que el lector llegue a estos artistas  con la particularidad  y  brillo frutos de sus  desvelos, esfuerzos, como  incuestionables méritos. 
Por ello, están aquí. Éste es un texto para aplaudirles, y que la  posteridad los recuerde y tenga en cuenta. Mi agradecimiento, en consecuencia,  a tantos  interlocutores, y el convencimiento que esta labor no para en los reducidos límites del  adjetivado pomposamente Volumen II. 
Aún restan creadores con los cuales intenté infructuosamente  reiterados contactos,  convencerles de colaborar con esta obra. Respeto su imposibilidad  temporal  para participar en la misma.  Ausentes están también muchos dibujantes que privilegiaron el dibujo humorístico y terminaron dando un vuelco a sus destinos, abandonaron su pulsión por el cartoon o en aras de la plástica u otras disciplinas.  Les he seguido como sabueso en tanto transitan por la amplia geografía planetaria,sin dar con sus paraderos  ni acceder quizá a un pasado historietístico.
Debo señalar, para que no quepan dudas, que este trabajo está orientado exclusivamente a la historieta y sus cultores. En el caso que el artista incursionara en la misma y además el humor, aunque prevaleciera esto último, he hecho el  máximo esfuerzo para convencerle de estar igualmente en este volumen.
Otra cosa que percibirán, en la lectura, es mi obsesión por el dato fidedigno. 
Lo que sigue es fruto de incontables entrevistas, a veces reiteradas hasta el cansancio a una misma persona por necesidad de esclarecer las dudas que  despiertan sus relatos.  El afán por lo veraz proviene de constatar en experiencias pasadas contradicciones en los recuerdos al comprobar que  el propio autor incurre en trampas  de la memoria.  Ello obliga a confrontar  documentos, publicaciones, una agotadora forma de via crucis en pos del dato cierto.A pesar de este esfuerzo desgastante, me constan  anteriores errores cometidos,  propios como ajenos y, por ello la obsesión comentada. Pongo un ejemplo en este tema tan urticante de hasta dónde debemos extremar el celo: en el correr del 2015 uno de nuestros artistas mayores recibió una honorífica distinción por parte de una organización extranjera de gran peso institucional: el currículo impreso en lujoso catálogo, está errado. Estas cosas no deben pasar. Quienes hacen gala de conocimiento, aún con la mejor de las intenciones, deberían brindarse a sí mismos un  mínimo beneficio de la duda. Sé que es chocar contra sus egos, pero pueden consultar previamente a los propios candidatos a ser homenajeados, y no arriesgar un antecedente penoso.
Otro ejemplo: recientemente me vi obligado a presentar  una protesta ante una publicación  internacional de mucho renombre en la web especializada,  quejándome de una información de pluma ajena y extranjera, titulada La Historieta en el Uruguay, que se armó con parte de mi texto aparecido en el primer volumen  de igual título y un libro que redacté sobre Emilio Cortinas años ha.
Las excusas del caso no alcanzan para rebatir en la conciencia de los lectores el adefesio pergeñado. Subyace también el peligro que induzca – en los que mañana busquen información para posibles proyectos propios  -, el  perpetuar en cadena  los errores y horrores  de tal  naturaleza que denunciamos.
A  tres años de haberse editado el Volumen I, ante la natural ansiedad  de quienes nos han transmitido su confianza en la espera del siguiente,  ofrecemos públicas excusas  porque  tampoco en el mismo hay un punto  final.  Es claro por lo que hemos destacado. Iniciamos un viaje  con optimismo.  El tema es que  el horizonte siempre se nos escurre.
 Cuando creemos llegar,  aquél queda más lejos. El símil que se me ocurre, es un gran colador. Un instrumento lleno de perforaciones. Solamente el estudio de todas las publicaciones periódicas (revistas) aparecidas en el periodo 1955-2005, con gran cantidad de dibujantes humorísticos  (Cibils,  Abín,  Osuna,  Ferreira,  Da Rosa,  Tata y Alvaro Alcuri, Casalás, Hornes,  y muchos, muchos  etcéteras) me impone un punto y aparte.
El aparte, será lo posterior a la concreción de este tomo.
Soy plenamente consciente que seré injusto con alguien.
Ello hará  necesario  un tercer libro para los omisos, los remisos y los demás.
De hecho, agrego un comentario post cierre del volumen: he quedado sorprendido de las decenas y decenas de dibujantes que he ido encontrando en el camino. Es posible que  como estrellas fugaces, sólo ocuparon un espacio temporal reducido en ese universo de crear muñequitos y moverlos. Luego se dedicaron a otra cosa, y el tiempo da vuelta las páginas en su aventura. De hecho, la irrupción  de gobiernos con vocación  de apoyo a  las artes,  establece la aparición de nuevas generaciones que encontraron un ambiente fértil  para  darse a conocer  y consolidar  sus estrategias vocacionales.   Si la edad y salud nos lo permiten allí nos encontrará esta aventura, compartida en su momento con el paciente amigo José Costa,  cuando emprendimos este camino amparándonos en  el sentido  del título de la conocida  obra de Guillermo Hudson “ Allá lejos y hace tiempo”,  cuando hace tiempo y allá lejos  visualizamos la necesidad de contar esta historia sobre nuestros  historietistas.
Obra ambiciosa,  y con límites: los que nos imponen los propios.
GRAMATICA.
También quiero prevenir al lector, sobre todo a aquel que  pueda estar sensiblemente atento a la conjugación de los verbos. Sí. Uso a conciencia la primera persona del singular para ciertas cuestiones, y la primera del plural, para otras. En esta segunda opción, lo que pretendo  - como explicación -, es diluír el excesivo protagonismo de mi yo.  Algo  que  me incomoda frecuentemente. Salvado este detalle, prosigo con el resto de los temas.
NOTICIA:
Ya escrita esta introducción, ha sucedido un hecho,  y no menor. Las circunstancias me imponen una corrección. ¿Por qué hacerla pública?
Los lectores se harían la pregunta al observar una ausencia, y me interesa que haya una respuesta.
En esta oportunidad, el autor de este texto terminará haciendo su  camino en solitario.  Sí. No habrá un segundo libro, como sucedió con el primer volumen, que era la suma de dos autores, independientes.  Caminar por la misma calle, aunque por diferentes veredas.
Mi compañero de ruta  anterior termina de comunicarme que ha elegido dar un paso al costado. Aquejado por problemas de salud y otras razones esgrimidas es la argumentación  para este impedimento,  aunque  vislumbro un reclamo  de protagonismo en un proyecto más personal, el suyo. Lamento sinceramente que sea así. El sentimiento final que me queda  es de un vacío como quien no se acostumbra a que le  hayan cortado un brazo o una pierna.  Confieso que estaba acostumbrado a pelear con él  -expresado con todo cariño -, y ahora no tengo con quién.
Un lado malo mío: no acostumbro a regresar a la página anterior.
Fuese lo que fuere, sé que continuará  deslumbrándonos con su conocimiento preciso, enciclopédico, y un sentimiento común con el de este autor, que es el amor por el  9° Arte.
LA DEFENSA DE UN TEXTO ANTERIOR.
Abuso de su paciencia, apreciado lector; esta introducción lleva  varias páginas,  pero  me importa en este largo diálogo  ejercer  ahora  un derecho de defensa;  el propio.
Cuando esté terminado este libro, procuraré distribuír ejemplares en la mayor cantidad posible  de medios que se interesan  en publicaciones de esta naturaleza. De todos espero una crítica constructiva y leal. Pero permítanme  algunas observaciones sobre mi participación en el primer volumen, y destacar  algunos infortunios no frutos de mi labor y esfuerzo. La suma de dos factores  de diferentes naturalezas,  logró modificar  la aparición  de un trabajo de varios años.  Durante todo el tiempo que me demandó dicho emprendimiento,  sufrí  el vandalismo varias veces (hasta cuatro, denunciados en la 3° Sección Policial, con ingresos mediante escalamiento y roturas de vidrios en  mi local) en los  que los amigos de lo ajeno se llevaron – entre otras cosas denunciadas- dos microondas, una impresora, un scanner,  una torre, cajas con valioso material (Mundo Uruguayo, desde el N° 1,muchos tomos, encuadernados, en los que yo comencé la investigación).
Por esto último, pedí auxilio  a la institución que pertenecía; al negarse a pasar al resto de los socios una solicitud de alerta por si alguien ofrecía vender lo robado, debí tomar la decisión de desafiliarme. Muchas cosas más me robaron (la última vez,la policía cerró el paso a los peatones, pues los vidrios continuaban cayendo a la vereda  y, por primera vez, aprecié a la policía técnica tomando huellas, ya que había manchas de sangre,  y un regalo – no publicable – en el pretil,  que de tan ancho que es, se puede bailar arriba), etc. etc.
Como consecuencia de ello, varios amigos (de los buenos) me obsequiaron una vieja computadora, una HP Vectra  (aquellas planas), con programas ídem,  valiéndome del Word para salir del paso.  Me llevó lo mío lograr una estética afín a mi sentido del orden y la belleza, adjuntar los gráficos, etc., y… cierto (como razonó  una amiga, crítica ella), no acudí a un editor que no podía pagar, pero conté con el apoyo inestimable de alguien que hizo las veces de tal, el amigo Cortazzo.
La otra dificultad, ya registrado el libro a los efectos de los derechos de autor,  es que ambos escribas nos encontramos que la “investigación” ya  no estaba contemplada en los Fondos Concursables. Algo había pasado y el hecho consumado  era ése: no había posibilidad de obtener fondos para editar. Tiempo después, la verdad salió a luz.
Todo comenzó (al menos para mí) con el discurso de un Director en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas que, so pretexto  “que los libros de poemas sólo los leen sus autores y familiares”, y “con el disgusto de  mis amigos editores” como  reconoció,  decidió eliminar el rubro Letras, donde figuraba, entre otros ítems, la Investigación.
Este reconocimiento sucedió al término del primer  periodo de Fondos Concursables, y luego de dos días dedicados a  la evaluación, muchos referentes convocados para ello –me incluyo-,  recuerdo que peleé denodadamente  porque se reviera  tan antojadiza decisión. En las actas o resúmenes levantados, debería figurar mi persistente, razonable y apasionada demanda.
Y sí, lectores, les comento que mi intervención fue escuchada y tenida en cuenta.  Con el tiempo me informé que el tema se había considerado y revertido. El rubro Letras volvió a  ser incluído…..sin Investigación.
En otra oportunidad, en el lanzamiento de un nuevo periodo de Fondos Concursables efectuado en la Torre de Antel, ambos autores, gentilmente invitados por el MEC, escuchamos un encendido discurso por la misma autoridad,  en el que con acento enfático y apasionado  cerró su oratoria,  ensalzando nada menos que… la Investigación.
 Incrédulos ante  lo escuchado,  nos miramos con mi amigo. Recuerdo haberme dirigido a una alta funcionaria presente a la que conocía y preguntado:
¿entró investigación… o fue un lapsus?
Se me contestó: “Fue un lapsus”.
Touché. Allí  terminó mi  duelo con  florete metafórico, contra  el absurdo, el Estado, sus contradicciones  y sus representantes. Agur.
Los dos autores rompimos las “chanchitas”y la Fundación Lolita Rubial sufragó un par de cientos más de ejemplares para su uso particular.
Tras asumir una representación hidalga arrastrando nuestra audacia y aventurándonos en otra polvorienta planicie manchega, emulando a los personajes cervantinos, finalmente  vimos el libro publicado.  Lamentablemente nuestro anhelo de ver en cada biblioteca pública nuestra obra no pasó de ser un sueño ingenuo. Nos quedamos con la ilusión, impropia en dos adultos mayores.
Pero ¡ay! nuestras vicisitudes no terminaron allí. O, al menos, las mías.
Un  técnico, profesional y docente, de mirada muy afinada, notó diferencia entre la tipografía  Arial de mi compañero de ruta, y mi Times New Roman. Esta última, es la que acostumbro usar  cuando envío  a convocatorias en sitios españoles el tipo de  obras que me gusta escribir.
Es la  tipografía que solicitan. Por algo será. Como considero que es elegante, la  adopté, la hice mía.
No tiene la culpa mi compañero de ruta, ni quien eligió Arial cuando le digitalizó su trabajo. Ambos textos, es decir los dos libros, fueron unificados por el amigo común Gustavo Cortazzo, quien trabajó en ello. La fusión fue correcta. Nada quedó librado a su suerte.
Ambos libros conservaban su estética. Sin embargo,  la voz insistente – persiguiendo  la perfección -, me aseguró que mi libro quedaría igual,  si cambiaba el formato de letra. Debí haberme negado. Eran dos libros juntos, pero  no iguales.  Pero tanto insistió e insistió, que concedí. El profesional se encargó de resolver la diferencia.
Se hizo la modificación,  y por el apremio  de imprimirlo porque se aproximaba el fin del año,  teníamos fecha y otorgada sala solicitada en la Biblioteca Nacional, se llevó el libro (pendrive) a la imprenta dándolo por bueno, sin ver en detalle cómo había quedado.  
Cuando  se nos entregó la cantidad  pactada  con la imprenta, caí en la cuenta del desastre que sufrió mi texto.   Muchos encabezamientos  habían quedado corridos de lugar.  Lo que tenía que comenzar como cabecera en el lugar seleccionado, estaba más abajo del espacio asignado. 
Algunos signos de  corte de palabra  - guiones - y su continuidad en el renglón  siguiente, aparecieron a mitad del posterior.
Todo mi esfuerzo había descansado en un simple Word. 
El sistema operativo era un Windows añoso. El texto estaba condenado.  De haberlo convertido en un pdf, no hubiera admitido modificación alguna.  Nadie- ni yo-  había previsto la vulnerabilidad  a que me condenaba la ingeniería  de ese programa de texto  que jugó en contra, y mis acotados conocimientos informáticos.
La consecuencia  significó  esa desprolijidad que, obviamente,  para quien observara  el desbarajuste, validaría  infinitos calificativos achacables  al autor.
¿Cómo había sido posible ello?  Más tarde, cuando todo estaba consumado,  hice una prueba.  Confrontar varias carillas con Times New Roman y el mismo texto con Arial.  El resultado era que, al término de múltiples  páginas,  se contabilizaban más renglones con uno que con el otro,  y frases que  no terminaban  aparecían incorrectamente  en los renglones siguientes. 
He apreciado este mismo problema en un semanario que aparece los viernes: un título cortado y continuado abajo.  Debe ser algo más común y no tan   particular. Pienso que allí  radicaba  mi “mal diseño de libro”, amarga y laboriosamente trabajado por  cierto con mi tozudez de hacerlo solo, sin ayuda y con un concepto adquirido en años de estudios, de pretendida belleza estética que afanosamente busqué y, en principio, creí lograr.
Mis disculpas a quienes leyeron ese primer libro, y se llevaron tan mala impresión. 
Necesitaba decir esto y sacarme el empacho.  Gracias.
Mi copia original está a disposición en el lugar de siempre para quienes quieran constatar lo que refiero.Y también los tres ejemplares cuando inscribimos el producto en la Biblioteca Nacional por los derechos.  Los cuatro siguientes,  que supongo  entregó la imprenta a la misma,  fueron con su “desencanto particular”.
A veces,  puede suceder que la intervención de la  “profesionalidad” haga que  la enmienda resulte peor que el soneto,  como en este caso.
Enseñanza incorporada: nunca confíes en buenas intenciones. Ni siquiera la de los amigos.
PENULTIMO APARTADO
Hay una pléyade de dibujantes que, en algún momento, hicieron historietas en la prensa  y/o en revistas. Me es materialmente imposible identificarlos a todos ellos.  
Un “debe” muy grande tengo con  aquellos que están radicados en el Interior. La ayuda de dibujantes entrevistados, me  permitió a último momento informarme de media docena de ellos y, aunque no logré reunir los datos suficientes para que los nombres de otros  tantos enriquecieran este texto,  haré lo posible para que sean tenidos en cuenta en algún trabajo futuro. 
Valga la advertencia: los pocos reunidos   figurarán en algunas  páginas específicas  en éste,  con la escueta información  que pude lograr.
Y  FINAL
En el área “ Fondos Concursables” – al no tener compromiso con nadie- quiero recordar a quien, creo, diera el puntapié inicial; el gestor de todo este apoyo, en el caso que me ocupa,  a los nuevos dibujantes, y aún  mirando más atrás, también actor en el INJU  en varios periodos: Manuel Esmoris. Recuerdo que vino personalmente a participarme para ser jurado en el primer año de lanzamiento de los Fondos Concursables.  Y en el segundo. Pero luego de esos periodos ya no volvió a aparecer. Lo sé padre (o padrino)  de esta criatura, que hoy se acepta como  política normal, ya impuesta  durante los  más de dos  quinquenios pasados. Pero él procede de mucho más lejos: desde que apareció el INJU en escena.
Con la permanencia de él al frente de Relatos Gráficos, creo que el resultado pudo haber sido sabiamente enriquecido.
Su amor, devoción, por el 9° Arte, posibilitó mucho lo que hoy es una realidad,  y que se asume con absoluta normalidad, como si hubiese sido así siempre. Es inevitable la ingratitud. 
Los que tenemos años, sabemos de qué escribimos.
La piel se curte por los sinsabores, no por los halagos y no siempre sinceros.
Manuel era, es, un hombre de personalidad fuerte. 
El ostracismo parece ser una constante condena nacional.
Desde estas páginas, extiendo mi saludo a ese gran gigante. No debe haber sido el único al que se le agradecieran los  servicios prestados (expresado  con ironía).
Quizá algún día alguien – entre los que están  o estén llamados a sobresalir en escenarios con  cargos políticos  o técnicos - se haga eco de aquella frase tan brillante de Kennedy cuando le preguntaron qué entendía por “persona inteligente”. Recordemos su respuesta; “una persona inteligente es aquella que se rodea de gente más inteligente que él”.  Es una pena, y mi  opinión vivencial,  que casi siempre cae en saco roto.  El costo por repetirla, cae por nuestra cuenta.
Mi gratitud a todos los lectores que me han acompañado en esta necesidad de expresar y compartir mi discurso.
g.m.
…y al principio fue la imagen.  

Antes de ella la historia del hombre es conjetura, especulación; luego, es certeza. *

*Reflexión creada por el firmante para el Museo Julio E.Suárez  Peloduro.

1 comentario:

Charles from the South dijo...

¡Muy bien puesta la acotación! Como dice la moraleja de la fábula: "Criticar, cualquiera sabe, pintar [o dibujar, o hacer un libro], ya es cosa distinta..." Y no menciono a Sancho ni a los ladridos, porque se deducen de lo escrito. ¡Sigamos en la brecha!¡No importan ni la indiferencia ni el desprecio!